13/11/12

Cine en Colombia: crece en la impopularidad

La lucha de la industria cinematográfica en Colombia no es sólo una cuestión de producción y de acceso, sino de goce y popularidad

Imagen de La Sirga, una de las 12 películas nacionales estrenadas este año en Colombia. /elespectador.com

Una nueva ley de cine, un furor en la producción de largometrajes, el despegue de una industria que promete convertir al país en la meca suramericana del celuloide. El problema: nunca una película colombiana ha superado dos millones de boletas vendidas y el cine tiene hoy menos de la mitad de la audiencia que tenía en 1998.
A los colombianos no nos gusta ir al cine. O por lo menos así lo evidencia la escasa venta de boletería y la última encuesta de consumo de medios, en la que el cine ocupa el último lugar en las preferencias de los ciudadanos, por debajo de la televisión, la radio, las revistas, internet y la prensa. En 1998 gozaba de 10,2 puntos de audiencia y hoy sólo tiene 3,2. ¿Qué pasará con una industria que crece sin que la audiencia goce de ella?
La lucha de la industria cinematográfica en Colombia no es sólo una cuestión de producción y de acceso, sino de goce y popularidad. Hoy se producen el doble de películas que hace cinco años, es continua la apertura de salas de proyección y el precio de la boletería es comparativamente más económico que hace 10 años (desde $3.000). Con 68 largometrajes listados por el Ministerio de Cultura para 2012, y al menos 30 con fecha de estreno, somos testigos de la mejor época de la industria nacional. Aun así, los colombianos no gustamos del séptimo arte y mucho menos si se trata de películas colombianas.
Desde el año 1993, cuando asistimos al estreno de dos de las más grandes cintas nacionales: La gente de la Universal, de Felipe Aljure, y La estrategia del caracol, de Sergio Cabrera, la industria nacional empezó a crecer rápidamente: en 2010 se estrenaron en el país 12 películas, 18 en 2011 y hay más de 30 previstas para 2012. Sin embargo, su audiencia no ha crecido en la misma proporción. Según el último informe del sector, en 2011 se vendieron en Colombia 38 millones de boletas, 0,8 por cada habitante. En México, por ejemplo se vendieron 205 millones de boletas, casi dos por mexicano, y en España, que tiene una población similar a la colombiana, con 47 millones de habitantes, se reportaron 98 millones de boletas.
Una de las hipótesis sobre la poca popularidad del cine colombiano tiene que ver con que pareciera estar encasillado en la comedia y la violencia como las dos únicas maneras de hablar sobre la cultura colombiana. Es larga la lista de cintas sobre drogas, capos y muerte: María, llena eres de gracia (2004), El Rey (2004), El Colombian Dream (2006), Perro como perro (2008), Los actores del conflicto (2008), El arriero (2009), La pasión de Gabriel (2009), Sin tetas no hay paraíso (2010), Los colores de la montaña (2011), y muchas más. Como también es extensa la de películas cómicas: Te busco (2002), El carro (2002), Mi abuelo, mi papá y yo (2005), Ni te cases, ni te embarques (2008), In fraganti (2009), El paseo (2010), Mamá, tomate la sopa (2011), y muchas otras, la mayoría dirigidas por Dago García y estrenadas en las salas el 25 de diciembre.
Esto coincide con los temas de las dos películas más taquilleras en toda la historia de la cinematografía nacional: El paseo (2010), con 1’208.000 boletas vendidas, y Soñar no cuesta nada (2006), con 1’198.000. La primera es una historia familiar, que exagera el gusto popular y se basa en el chiste del lenguaje, y la segunda, una cinta de narcodólares, ambición, Farc, militares y ganas de salir de pobres.
Teóricos como Jesús Martín Barbero y Daniel Pécaut han dicho que en Colombia nos contamos desde una retórica de la violencia y aprendimos sobre la nación colombiana a partir de dos grandes libros: Cien años de soledad y La vorágine. El primero arranca en un pelotón de fusilamiento y el segundo dice: “Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia”. Esto explica, en parte, que la televisión y el cine utilicen este mismo relato en nosotros, la audiencia educada con esta literatura. También explica que géneros como la ciencia ficción o el terror, cuyas expresiones literarias son muy escasas, sean a su vez inexploradas en el cine.
Desde el año 2011, con el boom de las producciones nacionales, se nota un intento por innovar el relato y empezar a hablar de conflictos menos narco y más universales, que hasta ahora eran objeto de documentales o cortometrajes. Cintas como Sofía y el terco, Sin palabras o Gordo, calvo y bajito (todas de 2012) son una apuesta por poner en escena la colombianidad en situaciones convencionales como el amor entre un nativo y una emigrante, la rutina del matrimonio y los problemas laborales. El estreno entre 2012 y 2013 de tres películas sobre indígenas denota un interés por llevar a la pantalla el patrimonio intangible: Arijuna, una historia de un grupo de militares nazis que desembarcan en la Costa Caribe y conocen a los wayúu en los años cuarenta; Putchipuu, la historia de un palabrero del clan epieyú de la etnia wayúu, y El Féretro, que cuenta los ritos de la muerte y la penetración del conflicto entre los uitotos del Amazonas. Así mismo, con el estreno de tres películas de drama y terror entre 2011 y 2012: El páramo, La cara oculta y El resquicio, se percibe un intento por ahondar en la narrativa del terror y el suspenso, poco usual en el cine nacional.
En la categoría de conflicto, que seguirá siendo nuestro relato cinematográfico por excelencia, son interesantes las nuevas miradas que se pretenden con cintas como La Sirga, La Playa D.C., Chocó y La captura (todas del 2012), en las que no priman la acción y la aventura, sino los efectos perversos, duraderos e invisibles de la guerra en niños, afrodescendientes, mujeres, indígenas...
También cabe resaltar el uso de unos modelos de crimen más universales y menos narcocolombianos, como en el caso de la última película de Ricardo Gabrielli, La lectora (2012), en la que los policías son hombres apuestos y fornidos, con uniformes que dejan ver sus fuertes bíceps; los criminales visten de traje negro y buscan un maletín misterioso (como el de Pulp Fiction), y los protagonistas saltan de un puente peatonal para caer suspendidos en la carga de arena de un camión.
Esto no quiere decir que el relato narco haya desaparecido. Tal vez no lo vaya a hacer por lo menos en los próximos 20 o 30 años, mientras sigamos intentando comprender las huellas culturales de un fenómeno tan complejo. Y por eso tampoco es de extrañarse que la película que representará al país el próximo febrero en la 85ª edición de la entrega de los Premios de la Academia sea El cartel de los sapos, y que para 2013 ya estén listas cintas como La Reina, sobre el cartel de Cali; El sargento Matacho, sobre la época de la violencia bipartidista; El azul del cielo, sobre secuestros, y Pescador, sobre cargamentos de cocaína.
El cine en Colombia es una industria de 115 años que no termina de comprenderse. A diferencia de la televisión, que llegó al país con 20 años de retraso, el cine fue un invento que aterrizó en Colombia dos años después de ser presentado por los hermanos Lumiére en París en 1895. Le tomó consolidarse más de 40 años debido a las guerras de principio del siglo y al cierre de los únicos laboratorios de películas en la década de los treinta.
En los años sesenta y setenta creció como industria gracias al trabajo de personajes como Carlos Mayolo, Hernando Guerrero, Luis Ospina y Andrés Caicedo que, con la ayuda del primer fondo del cine Focine (1979-1993), iniciaron la exploración de relatos colombianos. Desde ese momento se hablaba del cine de la “pornomiseria”, y del cine de comedia con las cintas de Gustavo Nieto Roa, como Esposos en vacaciones (1978) y El taxista millonario (1979).
El cierre de Focine en 1993 estancó el desarrollo cinematográfico en Colombia por 10 años, en los que no hubo incentivos para la producción nacional. En 2003 se aprobó la Ley de Cine (Ley 814 de 2003, y su nueva versión, Ley 1556 de 2012), con el fin de despertar una industria que había sorprendido con películas como Golpe de estadio (1998), La vendedora de rosas (1998) y Soplo de vida (2000). Desde entonces, nuevos productores son apoyados por el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico que coordina el Ministerio de Cultura y que en su catálogo de 2012 tiene listados 68 largometrajes.
Hoy, cuando se puede hablar del momento dorado del cine nacional, todavía son muy parcas las respuestas del público. En Colombia hay dos categorías de cine que no existen en otro país: el cine arte y el cine colombiano. Como si se tratara de géneros cinematográficos como el drama, la comedia, el suspenso o el thriller, las salas de cine y las tiendas de distribución categorizan el cine que no es de Hollywood bajo la etiqueta de cine arte (con un aire de incomprensión y complejidad) y al cine colombiano como... cine colombiano.
Nunca una película colombiana ha logrado superar los dos millones de boletas vendidas. Este año, cuando se estrenaron al menos dos cintas nacionales por mes, cabe preguntarse si hay audiencia para tantas producciones. Y pensar si, antes de elevar la producción nacional a punta de la distribución de recursos, falta hacer una reflexión colectiva sobre el sentido del séptimo arte en el país y la necesidad de descubrir que la cultura y el entretenimiento no son exclusivos de Hollywood. Es eso o seguir haciendo películas que sólo sean aplaudidas en festivales fuera del país.

8/11/12

El espía refinado

Se   estrena Skyfall, nuevo capítulo de la saga de James Bond, la más larga y redituable de la historia del cine. Aquí, un repaso por los actores que interpretaron al héroe creado por Ian Fleming y una charla con Javier Bardem, El malo de la película
TRAYECTORIA. A veces cuestionado por los fans, Daniel Craig ya lleva rodados tres filmes y va por dos más./Revista Ñ

Con salomónica determinación, el espía más famoso de la Guerra Fría no habría de pertenecer a la CIA ni a la KGB, sino a uno de los servicios de inteligencia de segunda línea. ¿Cuántas personas conocerían el nombre del MI-6, la agencia británica, de no ser por James Bond, agente 007 al servicio secreto de su Majestad? Esto debió complacer a su creador, el periodista Ian Fleming, quien al decir del biógrafo John Pearson “transfirió a su álter ego sus propios prejuicios, gustos y aficiones, entre los que se contaban sus ideas decididamente anticuadas respecto de la política y las mujeres y… la imperturbable convicción de que Gran Bretaña siempre habría de ser el país más importante del mundo”.
No fue lo único que legó al personaje. Durante la Segunda Guerra, Fleming se desempeñó como mano derecha del director de Inteligencia Naval británica, bajo el nombre clave 17F. Por su seguridad, llevaba una lapicera con una carga de gas lacrimógeno que se accionaba apretando un botón. En territorio enemigo, tuvo ocasión de utilizarla con algo más letal: cianuro. Aunque el de 17F fue, sobre todo, trabajo de escritorio, como autor supo combinar ese conocimiento de primera mano con las intensas fantasías que pudo haberle provocado la idea de “convertirse en un hombre de acción”, fantasías que compartía buena parte del público masculino de Occidente.
Lamentablemente, no llegó a ver el fenómeno en todo su esplendor. Falleció poco antes del estreno de Dedos de oro , tercera entrega de la más extensa y redituable saga cinematográfica de la historia. Hoy, tras 50 años con altas y bajas, parece difícil creer que a Bond le haya sido difícil llegar a la pantalla grande, pero casi una década separa la publicación de la primera novela, Casino Royale (1953), del lanzamiento del filme El Satánico Doctor No (1962). Tras varios intentos fallidos que involucraron, entre otros, a Alexander Korda (el productor más importante de la historia del cine inglés), Alfred Hitchcock y Richard Burton, el que vio el filón fue Albert Broccoli, fundador junto a Harry Saltzman de EON Producers, la gran responsable de la imagen del espía.
Dada la popularidad de las novelas, la elección del actor fue complicada. Se barajaron varios nombres (Cary Grant, James Mason, David Niven y, otra vez, Richard Burton), pero finalmente pareció mejor buscar un desconocido. El Daily Express lanzó una campaña para encontrar al Bond ideal, a la que contestaron 1.100 interesados. “Saltzman cree haber encontrado una verdadera bomba, un actor shakespeareano de 30 años, campeón de boxeo, veterano de la marina, etcétera, etcétera, incluso, dice él, inteligente”, escribe Fleming en una carta de la época. El candidato no era otro que Sean Connery, y si bien estaba lejos de la idea que el autor tenía del personaje, terminó adueñándose de Bond. Ciertamente, le aportó al espía un toque menos refinado, más atorrante, humorístico y decididamente menos político. A tal punto terminó de definirlo, que en una de las últimas novelas, ya amigado con la idea, Fleming le da al personaje antepasados escoceses, en un claro guiño a los orígenes del actor.
Entre 1962 y 1967 Connery habría de protagonizar cinco películas. Las dos primeras, El satánico Dr. No y De Rusia con amor , resultan mucho más acotadas al género tradicional de suspenso y menos dadas a la exageración y lo inverosímil que sus sucesoras, pero ya se distinguen en ella varios componentes fundamentales: la sonrisa afable de Connery, los villanos, el rol fundamental de las chicas Bond, la canción emblema y sobre todo la construcción de las escenas de acción, en las que indefectiblemente corre peligro la vida del protagonista.
Dedos de oro , sin embargo, llevó las cosas un poco más allá, con muchas más escenas de “superproducción”, la consiguiente multiplicación de los artilugios e inventos, más humor y doble sentido, un ritmo acelerado y sobre todo situaciones al límite de lo verosímil. La buena racha siguió con Operación trueno , pero decayó con el quinto largo, Sólo se vive dos veces (1967), tras el cual Connery, cansado del personaje, decidió abandonar la serie.
No era el único en sentir el desgaste. En 1955, Fleming había vendido los derechos de la primera novela a dos productores, que a su vez los negociaron con Charles Feldman. Esto habilitaba a Feldman a realizar una Bond por fuera de EON, pero en vez de retomar el estilo de las anteriores, su decisión fue convertir Casino Royale (1967) en una comedia satírica con Peter Sellers, David Niven, Orson Welles en el papel del villano y un elenco que incluía, entre otros, a Woody Allen, Deborah Kerr, William Holden, Charles Boyer, John Huston, George Raft y Jean-Paul Belmondo. Lamentablemente, la película, en la que metieron mano 6 directores distintos y 9 guionistas, es tan mala como las sátiras apresuradas que se producen hoy.
Por su parte, el relevo que la EON encontró para la Bond “seria”, el australiano George Lazenby, resultó intrascendente. Hizo una única película, Al servicio secreto de su Majestad , tras la cual los productores habrían de pagar a Connery una de las cifras más altas de su época con tal de que regresara a hacer “su última película 007”, Los diamantes son eternos .
Fue en la pantalla chica donde los productores habrían de encontrar al siguiente actor digno del espía: Roger Moore, protagonista de la serie El santo . De 1973 a 1985, este inglés flemático encabezó siete películas que llevaron a 007 más allá del límite del verosímil, entre las cuales tal vez las más memorables, por distintos motivos, sean La espía que me amó (1977; no sólo una de las mejores sino la que tiene la mejor canción original, “Nobody Does It Better”, de Carly Simon) y la extravagante Moonraker (1979, que impulsada por el éxito de Viaje a las estrellas mandó a Bond al espacio).
Una situación curiosa habría de producirse en 1983, en el que se estrenan no una sino dos películas de 007: Octopussy , de la EON, con Moore, y Nunca digas nunca jamás , de otro productor, con Connery. Previsiblemente, el asunto se vendió como el gran duelo que habría de definir cuál de los dos era “el mejor Bond”, pero a decir verdad las dos fueron parejamente irregulares. En 1985, ya con 57 años de edad, Moore protagoniza Panorama para matar , y es obvio que hace falta un relevo. Otra vez, las miradas recaen sobre un actor de la tele, Pierce Brosnan, la estrella de Remington Steele , que justo, justo está a punto de ser cancelada. Por desgracia para Brosnan, los rumores acerca de su posible contratación como 007 hacen que suba el rating , y la cadena lo obliga a seguir, por lo que llegar al papel le llevaría diez años más. Fue el turno entonces de un actor mucho más serio que sus predecesores, Timothy Dalton, apadrinado ni más ni menos que por Peter O’Toole. En efecto, su Bond fue mucho más cercano al de Fleming y distinto de todos los que hasta entonces se habían visto en la pantalla: más oscuro, más sofisticado y, en la medida de lo posible, más realista. A fin de cuentas, los 70 no se habían terminado en vano, y para cuando se realizaron Alta tensión (1987) y Con licencia para matar (1989) también comenzaba a caerse a pedazos la fiesta de los 80.
Aunque Dalton firmó contrato para una tercera entrega, disputas legales entre la EON y su distribuidora impidió la continuación de la serie durante los próximos seis años. El espía volvería al ruedo en 1995, ya en la piel de Brosnan. Aunque muchos suponían que el viejo 007 no lograría adaptarse al nuevo mundo tras la caída del Muro, GoldenEye , El mañana nunca muere , El mundo no es suficiente y Otro día para morir lograron revitalizar la serie con éxito, pero llevándola al final de sus posibilidades, con particular atención a lo políticamente correcto.
En tal sentido, el actual Bond, Daniel Craig, supone un regreso al proyecto de Dalton: construir un 007 serio, sofisticado y duro. La decisión tal vez se haya visto empujada por el éxito de otros productos de superacción que supieron registrar la violencia del cine asiático. No es casual que de la mano de esta nueva cara rígida, angulosa, desprovista de la picardía de Connery e incluso del estoico “todo me resbala” de Moore, los productores hayan decidido reiniciar la serie con Casino Royale. Tampoco lo es que la última entrega, Skyfall , tenga por primera vez un director de prestigio, ganador del Oscar (Sam Mendes), y que los avances, al igual que la película, hayan puesto tanto el énfasis (si no más) en las actuaciones que en las escenas de despliegue visual o que se baraje el nombre de Christopher Nolan para una futura entrega. Al parecer, 007 logrará sobrevivir no sólo al final de la Guerra Fría sino a la globalización. El mundo todavía necesita creer que los estados más poderosos tienen forma de saberlo todo, descubrirlo todo, y que esa forma no adopta los medios de acciones frías, impersonales, estratégicas y militares, sino el rostro de sofisticados y sensuales caballeros y señoritas ardientes, que prefieren su Martini batido, no revuelto.
Javier Bardem: “Esta es mi primera experiencia en una película grande”

24/9/12

¿Vuelve el cine a ser una experiencia solitaria?


¿Ver una película, por ejemplo en un teléfono inteligente, es cine? La historia de este medio da algunas pistas para una respuesta
Antes que la pantalla grande hiciera del cine un evento social, las películas se veían por mirillas de kinetoscopios. /Revista Ñ
A principios de la historia de la pantallagrande, allá por la década de 1890, no encontrará pantalla alguna.  La observación más temprana de imágenes en movimiento era una experiencia solitaria. Uno veía a través de una mirilla en un kinetoscopio, una caja que llegaba hasta la cintura en la que una luz iluminaba los cuadros de un rollo continuo de película. Una lupa estaba fija a la mirilla, pero las imágenes seguían siendo diminutas.

Cuando arribó la proyección, las imágenes de película pudieron hacerse más grandes que en la vida real, en una pantalla grande acompañada de un gran sonido. Ver una película se convirtió no sólo en una experiencia de inmersión, sino también una experiencia social, con los miembros del público sentados juntos en la oscuridad, riendo y llorando.

Hoy, ver una película es, nuevamente, una actividad solitaria, que involucra pequeñas imágenes en una laptop, una tableta y, aún más minúsculo, un teléfono celular. La conveniencia tiene un precio: la experiencia de inmersión cinematográfica se ha perdido.

Los títulos más recientes están disponibles a través de Apple o Google por una renta económica en la pantalla chica. (Apple puso a disposición la renta de películas para teléfonos en 2008, y Net-flix, líder en la descarga en torrente de títulos cinematográficos más antiguos, introdujo una aplicación para smartphone, en 2010).

Los propietarios de teléfonos celulares pueden rentar "Hugo", ganador del Óscar a la Mejor Cinematografía en 2012, por 3,99 dólares y verla en una pantalla cuyo tamaño no es mucho más grande que la imagen vista a través de la mirilla del kinetoscopio.

Cuando una película online es vista en casa en una pantalla plana gigante y se escucha a través de un costoso sistema de sonido, la experiencia sensorial sin duda rebasa lo que podría obtenerse en un ruinoso complejo de cines.

Sin embargo, las películas vistas en dispositivos móviles no le van a brindar mucha estimulación al centro sensorial del cerebro.

"Si hay una proyección nítida y sonido de seis pistas, ir al cine es una experiencia sensual", externa John Belton, catedrático de inglés y cine en la Universidad Rutgers, en Nueva Jersey. "Ésa es una experiencia muy diferente que verla en un iPad".

En un viejo teatro cinematográfico que podría dar cabida a 5 mil personas, una pantalla podría haber sido de sólo 4,50 metros de ancho.

Pero las imágenes se volvieron más grandes más o menos en la época en que arribó el sonido, en los 30.

Posteriormente, en los 50, cuando Hollywood se encontró en competencia con la televisión, utilizó lentes especiales para crear películas para pantallas de anchura aumentada, de hasta 19,50 metros. Esto fue, dice Belton, parte de la campaña de Hollywood "para mostrar las limitaciones de la televisión". Más tarde, Hollywood revirtió el curso y comenzó a venderle a la televisión, aunque eso significó recortar sus cintas para que pudieran caber en una pantalla pequeña.

El intento más glorioso de involucrar completamente los sentidos del espectador de cine fue Cinerama, introducido en 1952. Filmado con tres cámaras equipadas con objetivos gran angular, utilizaba tres pantallas anchas, integradas en un suntuoso casi semicírculo de 146 grados.

Cinerama fue el punto culminante en la inmersión sensorial. Los kinetoscopios de ayer y las pantallas de smartphone de hoy, son los puntos bajos.

"Si ves los grandes clásicos de Hollywood en los 30 y 40, verás muchas tomas maestras anchas y un uso moderado de los acercamientos", externa el cinematógrafo John Bailey. "Sin embargo, con la llegada de la televisión y ahora también con las pantallas más pequeñas, vemos más acercamientos".

El problema, agrega, es que "si utilizas los acercamientos excesivamente, entonces cuando necesitas hacer un punto más dramático, no tienes otra opción sino utilizar acercamientos extremos".

Los productores cinematográficos probablemente seguirán haciendo adecuaciones, alterando las películas ellos mismos para que se vean mejor en una pantalla diminuta. "Puedes decir que es ’ver una película’", dice Belton. "Sin embargo, no es cine".

31/8/12

La Lectora

No sé cuántos muertos hay en la hora y cincuenta minutos que dura este desafortunado filme, de todas formas salí de la sala de proyección con la sensación de haber perdido mi tiempo y mi dinero, en un proyecto cinematográfico que no pudo madurar; como si el director sólo buscase fama y dinero de la noche a la mañana
La lectora está basada en la novela homónima de Sergio Álvarez. foto.fuente:elespectador.com/blogs
La Lectora, cuyo título está inspirado en un hermoso cuadro de Fragonard, pintor francés del siglo XVIII, es la película de Riccardo Gabrielli, protagonizada por Diego Cadavid, Carolina Gómez y Carolina Guerra, es sólo un intento más de hacer buen cine, en un país que le rinde culto a las telenovelas baratas y más recientemente a todo lo que tenga que ver con la violencia, sobre todo si esta tiene origen en el narcotráfico. La Lectora tiene errores tan elementales, como lo es el grito de “Diego” por parte de uno de los hijos del “Patrón” al comienzo de la película; para ser más exacta cuando están siendo perseguidos en el taxi, el cual es conducido por el personaje que Diego Cadavid representa, o la sonrisa de las prostitutas al final de la película, cuando una de ellas no puede evitar mirar de frente a la cámara. Pero también está la sobreactuación de Luis Eduardo Arango en el momento en que su personaje, llamado El Patrón, sabe que sus hijos han sido asesinados. Otro error, al menos para mí, es el personaje llamado El Alemán, interpretado por un actor francés, cuyo problema es precisamente su acento, que en nada se parece al acento de un alemán cuando habla español.
Es una lástima que en un país asolado por una violencia endémica, los directores de cine y televisión no sean capaces de encontrar temas diferentes que podrían ayudar a cambiar a una parte de la sociedad colombiana, por no llamarla más directamente una sociedad enferma, donde los valores y el trabajo honesto se están convirtiendo en algo obsoleto y ridículo. La película, imagino que Gabrielli quiso que fuese de acción, se sumerge en el asesinato, en la mentira, en el engaño, de principio a fin. No sé cuántos muertos hay en la hora y cincuenta minutos que dura este desafortunado filme, de todas formas salí de la sala de proyección con la sensación de haber perdido mi tiempo y mi dinero, en un proyecto cinematográfico que no pudo madurar; como si el director sólo buscase fama y dinero de la noche a la mañana. Tampoco sé si lo que buscaba era hacer El Padrino colombiano, pero si esa era su meta, se quedó sólo en un deseo abortado.

28/8/12

El Festival de San Sebastián premiará a Oliver Stone por su carrera

El cineasta presentará Salvajes en Zabaltegi-Perlas, acompañado de John Travolta y Benicio Del Toro

Oliver Stone recibirá un reconocimiento a su filmografia en el Festival de San Sebastían. foto.fuente:elpais.com

Tan idolatrado como denostado, Oliver Stone es, sin embargo, una de las grandes figuras del cine estadounidense actual. E imprescindibles. Si en el 50º aniversario del festival, el Zinemaldia premió con un Donostia especial a Francis Ford Coppola, y Luis Buñuel y Carlos Saura han recibido sendas Conchas honoríficas, en la próxima edición, la que empieza el viernes 21 de septiembre y significa el 60ª cumpleaños, será Stone quien obtenga un Donostia especial como tributo a su trayectoria. El cineasta además presentará su último trabajo, Salvajes (Savages).
Oliver Stone (Nueva York, 1946) se inició en el cine como guionista y ganó su primer oscar por el guion de El expreso de medianoche (1978) de Alan Parker, además de ser autor también de los guiones de títulos populares como Conan el bárbaro, de John Milius, o Scarface. El precio del poder, (1983), de Brian de Palma. Ahí empezó a demostrar su interés por los temas políticos estadounidenses, una constante en su carrera que engarza con su rotundidad con la cámara y su olfato construyendo tramas.
Debutó como director en 1981 con el thriller fantástico La mano, pero no sería hasta cinco años más tarde cuando definiría su estilo y sus intereses como director con el drama político Salvador (1986).
Justo después estrenó Platoon, un retrato de la guerra de Vietnam (el primer capítulo de su trilogía sobre este conflicto bélico) con el que obtuvo los oscar al Mejor Director y a la Mejor Película. En esa década enlazaría éxito tras exito: primero, con su visión del mundo de los grandes negocios en Wall Street (1987), regresó al trauma de Vietnam en Nacido el 4 de julio (1989), que le valió un segundo oscar al Mejor Director.
En sus siguientes películas Stone trazó un impactante retrato de la América moderna, tratando, entre otros, temas como la música en The Doors (1991), el asesinato de Kennedy en JFK: caso abierto (1991), la presidencia de Richard Nixon en Nixon (1995), la violencia en Asesinos natos (1994), la corrupción del deporte en Un domingo cualquiera, (1999), el atentado del 11-S en World Trade Center (2006) o la figura de George W. Bush en W. (2008). Además cerró su trilogía vietnamita con El cielo y la tierra (1993) y se marcó un estupendo thriller en Giro al infierno (1997). A su pasión por los documentales políticos pertenecen Comandante (2003), South of the border (2009) y Castro in winter (2012). Su penúltimo trabajo en ficción ha sido Wall Street 2: el dinero nunca duerme (2010).
Stone ha visitado el Festival de San Sebastián en cuatro ocasiones, con motivo de la presentación de Salvador, Natural Born Killers y World Trade Center en el Velódromo y de su documental Looking for Fidel (2004) en Zabaltegi Especiales.
La nueva película de Stone, Salvajes (Savages), es un thriller basado en el bestseller del mismo título de Don Winslow, y lo protagonizan John Travolta, Benicio Del Toro, Taylor Kitsch, Blake Lively, Aaron Taylor Johnson, Salma Hayek, Emile Hirsch y Demian Bichir. Salvajes se estrenará el 28 de septiembre en toda España. La proyección donostiarra tendrá lugar el 23 de septiembre en el Teatro Victoria Eugenia, con la presencia de Oliver Stone y los actores John Travolta y Benicio Del Toro.
La película cuenta la historia de dos emprendedores de Laguna Beach, Ben (Aaron Taylor Johnson), un budista pacífico y caritativo, y su mejor amigo Chon (Taylor Kitsch), ex miembro de las fuerzas especiales de la Marina estadounidense y ex mercenario. Han montado un lucrativo negocio casero: plantar y vender una de las mejores marías que jamás se ha obtenido. También comparten un amor único con Ophelia (Blake Lively). Llevan una vida idílica en este pueblecito del sur de California hasta que se instala un cartel mexicano de Baja California y exige que el trío se asocie con ellos. Pero la despiadada jefa del cartel (Salma Hayek) y su brutal matón Lado (Benicio Del Toro) no toman en cuenta la fuerza del vínculo que une a los tres amigos. Ben y Chon, con la ayuda que les proporciona a regañadientes un escurridizo y nada limpio agente de la DEA (John Travolta), deciden librar una guerra imposible contra el cartel. Así, empieza una serie de maniobras y estratagemas cada vez más salvajes en un enfrentamiento donde ambas partes se juegan mucho.

27/8/12

Los protagonistas del cine de Tim Burton reflejan su personalidad inadaptada

Tim Burton convierte a los personajes frikis de sus películas en los grandes protagonistas de su carrera cinematográfica. Muchos de ellos son un reflejo de la atípica personalidad del director

El director estadounidense ha encontrado en Johnny Depp el actor perfecto para encarnar a sus `outsiders´. La estrella de Hollywood ha trabajado en ocho ocasiones con el famoso cineasta. La última en `Sombras tenebrosas´. Foto: Warner.
Vincent. 1982. El protagonista, un niño extraño con una imaginación desbordante, es un reflejo de la solitaria infancia de Burton. Además, muestra su absoluta devoción por el actor Vincent Price. Foto: Disney.
Eduardomanosdetijera.1990. El protagonista, una particular versión del monstruo de Frankenstein, es un peculiar alter ego del director. Al igual que esta creación con manos afiladas, Burton también recibió el rechazo de sus vecinos. Foto: Fox.
Pesadilla antes de navidad. 1993. Basado en uno de sus poemas, Burton dio rienda suelta a su pasión por Dr. Seuss, su autor favorito de la infancia. Foto: Disney.
Ed Wood. 1994. La relación de amistad entre el peor director de la historia del cine y Bela Lugosi, que muestra el filme, guarda evidentes parecidos con la que mantuvo Burton con su adorado Vincent Price. Foto: Disney.
Big fish. 2004. La relación de amistad entre el peor director de la historia del cine y Bela Lugosi, que muestra el filme, guarda evidentes parecidos con la que mantuvo Burton con su adorado Vincent Price. Foto: Disney. fuente:aviondepapel.tv

El cineasta fue un niño y adolescente que encontraba en los dibujos de seres monstruosos y los filmes de terror un buen refugio frente a un mundo que no le comprendía. Ahora, un libro equipara la personalidad de Burton con los extraños héroes de su cine.
El libro Los inadaptados de Tim Burton, escrito por el periodista y guionista Javier Figuero, analiza a los protagonistas de las películas del director como una muestra del carácter extraño y retraído de su creador.
Así, este ensayo estudia la gran cantidad de personajes outsiders que existen en la carrera Burton, vinculándolos con las propias vivencias del cineasta.
El responsable de Sleepy Hollow considera a sus extraños protagonistas como “seres indefensos y manipulados cruelmente por la gente ‘normal’, según nos relata Figuero en su libro.
A la vez, muchos de aquellos que se han adaptado a las normas sociales son descritos como personas llenas de paranoias, trastornos ocultos y demencias disimuladas.
Figuero también se lanza a describirnos algunas peculiaridades del personaje típicamente burtoniano.
Normalmente, acostumbra a ser un hombre melancólico, depresivo, extravagante, soñador y atormentado, al que la sociedad no comprende. Suele vivir aislado de la realidad y, en la mayoría de los casos, es bastante pacífico.
Los protagonistas de las películas del director norteamericano, además, raramente experimentan una evolución que afecte a su carácter y muchos de ellos tienen una doble personalidad.
Los atípicos héroes de Burton son un reflejo de su carácter y vivencias. De esta manera, el extraño niño de Vincent mostraría en cierta manera el aislamiento de su infancia, mientras que Eduardo Manostijeras representaría sus años de adolescencia y la incomprensión que recibió de sus vecinos de Burbank.
En Ed Wood, la amistad y admiración entre el peor director de la historia del cine y el actor Bela Lugosi tendría muchas similitudes con la relación que Burton mantuvo con su adorado Vincent Price.
Por su parte, Big Fish, donde se abordaba la compleja relación entre el protagonista y su hijo, le permitió al cineasta superar la reciente muerte de su padre.
También en Pesadilla antes de Navidad, dirigida por Henry Selick y producida por Burton, el cineasta habría cumplido su deseo de abordar una película al estilo de las historias del Dr. Seuss, su autor infantil favorito.

24/8/12

Philip K. Dick: el hombre que soñaba dioses eléctricos

Murió sin un dólar hace treinta años antes del estreno millonario de Blade Runner. Hoy es el escritor que más nutre el imaginario de Hollywood. "El poder del mal es hacer que la realidad deje de existir", decía. Una crisis nerviosa en 1974 le hizo creer que habitaba en dos mundos paralelos
DE CULTO. Un paisaje de Blade Runner (1982), la película basada en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? un libro de Dick. foto.fuente: Revista Ñ.
Es uno de los grandes escritores del siglo XX y sin embargo es de los menos leídos por los grandes escritores. Philip K(indred) Dick (1928-1982) es un autor popular que escribió más de 120 relatos y 30 novelas y cuya influencia sigue creciendo de la mano de filmes basados en sus obras, como Blade Runner (Ridley Scott) o Minority report (Spielberg), Lin Wiseman estrena el 14 de septiembre el remake de Desafío total, Ridley Scott prepara una adaptación de El hombre del castillo y están en marcha las versiones de Ubik, Fluyan mis lágrimas, dijo el policía y El rey de los elfos. Beben de sus obras El show de Truman (inspirado claramente en Tiempo desarticulado), The Matrix, Abre los ojos, eXistenZ, El sexto día o El origen y escritores como Stanislaw Lem, Roberto Bolaño ("Dick era una especie de Kafka pasado por el ácido lisérgico y la rabia"), Rodrigo Fresán, Jonathan Lethem o Murakami se declararon fans de sus libros, mientras otros le imitan (Martin Amis con La flecha del tiempo tan similar a El mundo contra reloj).
La biografía del autor podría resumirse en que fue un pobre diablo, al que su fracaso como escritor que quería escribir como Kurt Vonnegut le llevó a ganarse la vida con relatos pulp de ciencia ficción y al que las drogas y una crisis de esquizofrenia paranoide (el 2 del 2 de 1974) le hizo creer que hablaba con Dios y que llevaba una doble vida en mundos paralelos, una como escritor de novelas fantasiosas en el siglo XX, asediado por la CIA, el FBI y Nixon, y otra como cristiano del siglo I en Judea. Pero, como decía Nabokov, lo importante en una novela o en una biografía, son los detalles.
La escritura acelerada, ansiosa y desordenada de Philip K. Dick trasciende su encasillamiento en la ciencia ficción, del mismo modo que Hammet o Chandler desbordaron la novela negra. La vida de Philip K. Dick, trazada por Emanuel Carrère en Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, reúne los elementos propicios para congregar el fervor de mitómanos. Murió sin un dólar en 1982 con sólo 53 años, apenas unos meses antes del estreno millonario de Blade Runner, basada en¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?. La construcción de la leyenda del autor se inicia con un nacimiento trágico. Su hermana melliza murió a los pocos días y sobre la lápida de la tumba se grabó su nombre junto al de su gemela fantasma, con la fecha de caducidad en blanco (1928-....) Culpó a su madre por haber dejado morir a su hermana por malnutrición y nunca le abandonó la mala conciencia de haber sobrevivido a su célula melliza.
Trasladado de Chicago a la California beat, el malditismo de Philip K. Dick se fue nutriendo después con su adicción a los alucinógenos y a las anfetaminas y a sus cada vez más frecuentes episodios esquizoides. En sus indigeribles diarios –The Exegesis– sostiene que un día de 1974, descansando en su casa, después de haber ido al dentista, y atormentado por el dolor, reclamó por teléfono analgésicos a la farmacia. Cuando abrió la puerta de la calle, la mensajera, que lucía un collar con el símbolo cristiano del pez, le disparó un rayo láser rosa que la transmitió conocimientos arcanos. Descubrió la anamnesis, la pérdida del olvido, y jura que en un parpadeo recordó que en realidad era un griego que vivía en el año 50 después de Cristo. El propio Philip K. Dick bromeaba con que sostener con demasiada obstinación la veracidad de sus visiones le hubiera conducido directamente al manicomio. Sus escritos se hicieron más ininteligibles; fracasado de nuevo en su enésimo matrimonio, su casa se vio poblada de yonquis, camellos de tres al cuarto y prostitutas baratas, y su mente fue invadida por visiones mesiánicas y religiosas. Atiborrado de sedantes y barbitúricos, e inútiles las curas de desintoxicación, soñaba que el universo le hablaba y que la radio le insultaba. Quedó atrapado en el mundo que había imaginado.
La escritura de Philip K. Dick no hubiera pasado ningún examen académico. Es obsesiva, deshilvanada, absorbente. Quiso ser un escritor mainstream (Confesiones de un artista de mierda), pero enamoró a lectores underground, como John Lennon, Timothy Leary o Robert Crumb, y al final fortaleció la creencia de que sólo la literatura popular merecía la pena. La divinidad -decía– se revela en lo humilde y sus mensajes son enviados por medio de anuncios televisivos, novelas baratas o acertijos en la prensa.
"Me gusta construir universos que se deshacen. Me gusta verlos desbaratarse y ver cómo los personajes en las novelas se adaptan a este problema". escribió Dick. No sólo creía que el mundo era teatro.También el tiempo era para él una ficción. En su misticismo delirante creía que Dios enviaba información codificada al mundo y que los seres humanos tenían que desvelarla. O en lenguaje más actual: "parece que somos bucles de memoria (portadores de ADN capaces de experiencia) en una sistema computacional pensante en el que, aunque hemos correctamente grabado y almacenado miles de años de información experiencial, y cada uno de nosotros posee depósitos un tanto diferentes de todas las otras formas de vida, hay un mal funcionamiento -una falla- en la recuperación de la memoria". Como los gnósticos, creía que un demiurgo malévolo había construido un contramundo falso y que sólo el amor o la empatía podía deshacer el engaño de las apariencias y recuperar el mundo original. Si Mary Shelley daba un final trágico a Frankenstein, cuya existencia artificial retaba el monopolio creador de Dios, Philip K. Dick actualiza la sátira de Swift y los yahoos sabios, convirtiendo a los humanos deshumanizados, idólatras de la razón, en seres más mecánicos que los robots e indiferentes y pasivos ante el poder que determina sus vidas.
"El poder del mal es hacer que la realidad cese de existir. Es el lento diluirse de todo lo existente hasta que la vida se difumine como un fantasma", escribió en La divina invasión. En sus libros los humanos programan estados de ánimo a conveniencia para huir de sus realidades o pasan a vivir realmente en el mundo de los muñecos Barbie y Kent.
"La herramienta básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a la gente que debe usar las palabras. ¿Cuál es la verdadera base del poder político? No las armas ni las tropas, sino la habilidad de hacer que los demás hagan lo que uno desea que hagan". No estaba alienado cuando decía odiar los Estados que se interfieren en las vidas privadas de los ciudadanos: "La idea que se aferró a mi hace 27 años es ésta: toda sociedad en la que la gente interfiere en la vida privada de los demás no es una buena sociedad; todo Estado en que el gobierno 'sabe de usted más que usted', es un Estado que debe ser derribado".

22/8/12

El cine que la censura de Hollywood no quiso que viéramos

El fantasma de la censura vuelve a cernirse sobre Hollywood. Recientemente, los responsables de Gangster Squad, un largometraje de mafiosos ambientado en los años 40 y 50, decidieron retrasar el estreno de la película y retirar uno de sus tráileres porque se incluían imágenes de un tiroteo en un cine
Fotograma de la película de cine Ana Karenina.foto.fuente:aviondepapel.tv
El libro 'Hollywood censurado', de Gregory D. Black, recoge los primeros tiempos del denominado Código de Producción que supervisó los contenidos del periodo del cine clásico. Will Hays fue el principal impulsor de unas medidas que eliminaron de las películas escenas que algunos sectores consideraban perniciosas.
El fantasma de la censura vuelve a cernirse sobre Hollywood. Recientemente, los responsables de Gangster Squad, un largometraje de mafiosos ambientado en los años 40 y 50, decidieron retrasar el estreno de la película y retirar uno de sus tráileres porque se incluían imágenes de un tiroteo en un cine.
La sombra de la masacre de Denver era demasiado alargada y los productores prefirieron evitar que la película sea acusada de inspirar algún tipo de violencia.
Lo políticamente correcto parece que ha sustituido a los viejos códigos de producción que se encargaban de mutilar las películas ya filmadas o realizar cambios en los guiones antes de ser rodados.
De todo ello, habla Hollywood censurado, libro escrito por Gregory D. Black. El volumen se centra en los años 30 y primeros 40, décadas de esplendor del cine clásico.
El principal impulsor de la censura en el cine fue Will Hays, presidente de la asociación cinematográfica Motion Picture Producers and Distributors of America (MPPDA), que decidió apoyar medidas censoras para acallar las protestas de grupos sociales y religiosos.
Durante los primeros años, Hays se apoyó en el código elaborado por el sacerdote Daniel Lord, donde se prohibían los desnudos, el exceso de violencia, la trata de blancas, las drogas ilegales, los besos lujuriosos, las posturas provocativas y las blasfemias.
Las grandes afectadas en este primer momento fueron las películas de gánsters, como Hampa dorada, El enemigo público o la primera versión de Scarface, donde, a tenor de los responsables del Código, se mostraba al criminal como un héroe.
Igual ocurrió con las películas carcelarias de la época, como Hell’s Highway o I am a Fugitive from a Chain Gang, que fueron convenientemente suavizadas para que la crítica a los trabajos forzados en las prisiones y el mal funcionamiento del sistema no fueran tan feroces.
No se libraron tampoco las adaptaciones literarias de prestigio. Una de las primeras versiones cinematográficas de Adiós a las armas (Ernest Hemingway) generó polémica por abordar lo que se consideró un amor ilícito entre una enfermera y un soldado durante la Primera Guerra Mundial.
Aconteció lo mismo con The Story of Temple Drake, la adaptación de Santuario, novela de William Faulkner. La acumulación de temas morbosos como la violación, el asesinato y la perversión eran demasiado para los responsables de velar por la moral del pueblo americano.
Ambas versiones cinematográficas fueron convenientemente aligeradas de contenidos escandalosos antes de llegar a las salas de Estados Unidos.
La gran perjudicada de este periodo fue, sin embargo, una actriz: Mae West. Las referencias sexuales y los diálogos con doble sentido de sus primeras películas causaron un verdadero revuelo entre los guardianes de la moral.
Muchos de los elementos más picantes de sus largometrajes fueron eliminados o suavizados. Las consecuencias fueron devastadoras para la estrella.
Con el paso del tiempo, los filmes de la intérprete se hicieron menos provocadores para evitar las medidas censoras. El público, que había convertido en taquillazos algunos de sus primeros filmes, dejó de acudir al cine para ver sus películas.
No obstante, muchas organizaciones religiosas y sociales no quedaron satisfechas con las medidas de los primeros años 30 y presionaron, a través de una campaña de la denominada Legión de la Decencia, para que se endurecieran las acciones en contra de los contenidos inapropiados.
Fue entonces, en 1934, cuando, a instancias de Hays, se creo una nueva oficina de censura, denominada Production Code Administration, que dirigió con mano firme Joseph I. Breen.
A partir de ese momento, un equipo analizó cada guion en busca de inconveniencias políticas o sexuales. Entre las películas que sufrieron más su efecto inquisitorial se encuentra la versión de Anna Karenina, protagonizada por Greta Garbo y Fredric March. 
Los censores hicieron todo lo posible para que el contacto entre los dos personajes enamorados fuera el mínimo posible. Además, se obligó a subrayar una otra vez la falta de moralidad del romance entre los dos protagonistas, una mujer casada y un conde.
Por otra parte, se puso límite a los escotes de las actrices, especialmente al de Jane Russell en El forajido, una polémica película dirigida por Howard Hughes.
Los censores también ejercieron su influencia en temas políticos y sociales. Por ejemplo, difuminaron gran parte de Furia, la primera película americana de Fritz Lang.
El filme abordaba los linchamientos populares, un tema muy actual en aquel momento. La censura hizo todo lo posible limar aristas con un asunto tan peliagudo, especialmente en lo relativo a las referencias a la comunidad afroamericana, la que más había sufrido este tipo de agresiones.
Tampoco se libró de la censura Bloqueo, una cinta ambientada en la Guerra Civil Española que simpatizaba con la causa republicana y a la que muchos tildaron de comunista.
Son solo algunos ejemplos de los efectos de la censura en el Hollywood clásico. Un método que se prolongó hasta 1966, cuando fue sustituido por el actual sistema de calificación.

21/8/12

A la espera de la memoria

Gabriel García Márquez: Homenaje: 85.45.30* 

El director danés Henning Carlsen, que en 1966 adaptó Hambre, de Knut Hamsun, recreó Memoria de mis putas tristes, la última novela de García Márquez

El mexicano Emilio Echevarría, conocido por su papel en Amores perros, es el protagonista de la cinta basada en Memoria de mis putas tristes.  fotos: Pelis MKV. fuente:elespectador.com
La fecha de estreno en el país de la adaptación de Memoria de mis putas tristes es todavía incierta. La novela, publicada en 2004, trajo consigo, además del éxito, varias críticas que la tildaron de invitar a la pedofilia y ser una apología de la prostitución infantil. En 2009, justo cuando empezó a circular la noticia de la filmación de esta novela en Puebla (México), activistas de los derechos de los menores, cineastas y periodistas entonaron sus frases para subrayar que “la novela tiene un público limitado, la película en cambio terminará en televisión y será masiva”, decía Lydia Cacho. La presión y el retiro de algunos productores congelaron el proyecto durante un año.
Para la realización de esta versión de la novela, Henning Carlsen, el director de la película, convocó a su viejo amigo Jean-Claude Carrière, cineasta francés, para que juntos coescribieran el guión y deshojaran, una vez más, un libro para llevarlo al cine. El reto de hacer una adaptación de un premio Nobel ya había sido sorteado por Carlsen en 1966, cuando filmó Hambre, del escritor noruego Knut Hamsun, nominada a la palma de oro en el festival de Cannes.
La historia que traza Gabriel García Márquez en Memoria de mis putas tristes al decir: “El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen”, se ha mantenido en la película. Desde octubre del año pasado empezó la gira por festivales internacionales y el pasado abril ganó el premio especial del jurado joven en el Festival Internacional de Málaga (España). Mientras continúa su recorrido, El Espectador conversó con Henning Carlsen.
¿Cuándo se interesó en la novela?
Como lector devoto de García Márquez me interesó desde el momento que escuché de su publicación. Cuando salió en danés, en junio de 2005, la leí bajo condiciones de estrés por la operación que había sufrido en mi espalda y fue una lectura apropiada porque sólo tenía 105 páginas y era fácil sostenerla en cama. En realidad no me dio una gran impresión con la primera lectura, aprecié más que fuera ligera para mis manos mientras me recuperaba.
Entonces, ¿qué lo hizo pensar en una adaptación?
Fue todo un proceso. Lo único que podía hacer en mi período de reposo era leer. Leí y releí los clásicos rusos: Tolstói, Chéjov, Dostoyevski y demás. Recuerdo que me detuve un momento mientras leía Crimen y castigo para ver la foto de Dostoyevski, esa imagen que yo sabía que Knut Hamsun, el escritor noruego premio Nobel de Literatura, mantuvo colgada encima de su mesa de trabajo la mayor parte de su vida. Eso me hizo pensar en el libro Hambre, de Hamsun, del que hice una adaptación en 1966. Recordé cómo ese libro estaba narrado en primera persona y no develaba al lector el nombre de su narrador. El personaje se suponía que era un periodista o escritor, un poco loco, y tenía una extraña relación con una chica muy lejos de su propia clase. De este modo empecé a pensar: ¿dónde he visto un concepto similar recientemente? Fue en ese momento que Memoria de mis putas tristes volvió a mí. Los paralelos siguieron apareciendo: los dos escritores inventaron nombres para sus amigas; en Hambre le puso el nombre Ylajalí y en Memoria fue nombrada Delgadina. Ambas niñas siguen en secreto a sus admiradores sin ser descubiertas. Los dos héroes caen en desesperación hacia el final de las historias.
¿La negociación de los derechos impuso algunas condiciones para la película y, por supuesto, cuánto costaron?
Se negociaron los derechos para hacer la película con Carmen Balcells, agente de Gabo, que vive en Barcelona. Nos llevó algún tiempo, pero pasó en el mejor ambiente posible. El problema con la pregunta es que no estoy autorizado para decir lo que se pagó por los derechos. La única restricción impuesta por el agente, en nombre del autor, fue que sólo yo tendría el derecho de dirigir una película basada en este libro. Lo que por supuesto significaba que no podía comprar los derechos y luego vendérselos a algún otro.
¿Qué cineastas o películas lo influyeron para la adaptación?
Además de Jean-Claude Carrière, que dio una mano de ayuda con el guión, y de los cineastas creativos en mi equipo, sería difícil nombrar otras personas o películas que influyeron en la realización. Por supuesto, con 64 años de experiencia en la industria he recibido influencias de muchos lados. Amigos y profesionales de diferentes tipos dieron sus consejos y conocimiento especial de los asuntos del Caribe. Cuando se supo que planeaba hacer una película de Hambre la gente me dijo que no sería posible, y lo mismo ocurrió cuando se supo que quería hacer una película de Memoria de mis putas tristes.
¿García Márquez participó en alguna parte de la realización de la película?
Aparte de haber escrito el libro, no.
¿Cómo llegó Geraldine Chaplin al grupo de actores?
Hice una primera versión del guión y me las arreglé para enviárselo y le gustó desde el primer vistazo. Se quedó con el proyecto hasta el final y, hasta donde entiendo, le encantó.
Con la experiencia que tiene en adaptaciones, ¿cuáles fueron los mayores retos esta vez?
Fueron tres. Reducir el número de conversaciones telefónicas que tiene el libro. Abstenerme de utilizar un narrador, ya que el libro es una narración de largo. Y verla como una historia de amor.
¿Por qué la película se filmó en Campeche, México?
Después de una fatal idea de los productores de rodar la película en Puebla —en donde el título se había cambiado por Sueño del Caribe—, se volvió a la idea original: Campeche. Por cierto, teniendo en cuenta todo el alboroto alrededor de este libro cuando salió en 2004 —la acusación contra el libro y García Márquez por la promoción y defensa de la pedofilia—, la elección de Puebla fue una estupidez porque su gobernador fue expuesto públicamente por ser la cabeza de un conocido caso de pedofilia. Yo se lo había advertido a los productores, pero no me escucharon y eso costó un año de retraso.
¿Sabe de alguna reacción de García Márquez con respecto a la película?
Sólo que la familia la ha aprobado y aceptado que diga “basada en el libro de Gabriel García Márquez”.
Finalmente, no he visto una buena adaptación de las obras de García Márquez, ¿por qué cree que esta vez puede ser diferente?
Necesitaríamos otra entrevista para discutirlo, pero para eso espero que pronto se estrene en Colombia.

*85 años de Gloria. 45 años de la publicación de Cien años de soledad. 30 años del otorgamiento del Premio Nobel de Literatura.Café Literario Bibliófilos.  La candida Eréndira. Película. Ruy Guerra. Agosto 25. 3pm. Sala de música.Biblioteca Pública Virgilio Barco.

20/8/12

Muere Tony Scott, el director de ‘Top gun’ y ‘Marea roja’

El inglés Tony Scott, de 68 años, se ha lanzado desde un puente en California. Dirigió Amor a quemarropa y El ansia, entre otras películas. Era hermano del cineasta Ridley Scott

Tony Scott en 2010 foto: Gus Ruelas. fuente:elpais.com

Fue el hombre que apostó por el cine espectáculo sin complejos. Para unos, uno de los cineastas más importantes de finales de los ochenta y principios de los noventa en el Hollywood más taquillero. Para otros, el hermano con menos talento. Porque la carrera de Tony Scott ha estado ligada siempre a la de su hermano mayor Ridley. Y ayer al mediodía en Los Ángeles, Tony Scott, dejó solo a su hermano. El responsable de títulos como Top gun, Amor a quemarropa y Marea roja, ha muerto este domingo a los 68 años al lanzarse desde el puente Vincent Thomas, en San Pedro, en el puerto de Los Ángeles. De acuerdo con la versión de los testigos, alrededor de las 12.30 del domingo (21.00 hora peninsular) el cineasta aparcó su coche en el puente, escaló y saltó la verja de seguridad y arrojó al vacío.
Según informa Los Angeles Times, la policía ha encontrado una nota de suicidio en el despacho del director, aunque no se ha hecho pública. Tres horas más tarde, las fuerzas de seguridad recuperaron su cuerpo en el puerto, de acuerdo con el teniente Joe Bale, de la Oficina del Forense del Condado de Los Ángeles.
Abrió el género de acción a nuevos registros como la comedia y el cine romántico
Anthony David Scott nació en North Shields (Northumberland, Inglaterra) el 21 de junio de 1944. Hijo pequeño en una familia de clase obrera, con 16 años Tony protagonizó el primer corto que dirigió su hermano Ridley (que entonces tenía 23): Boy and Bicycle. Y tras ese debut, siguió los pasos de Ridley: estudió arte en Grangefield School, en West Hartlepool College of Arts y en Sunderland Art School, porque su intención primigenia era ser pintor. Y decidió filmar documentales para la BBC. Ridley le convenció de que lo hiciera en su productora, Ridley Scott Associates, y así comenzó su brillante carrera como realizador de anuncios, la faceta que hizo ricos y populares a los Scott: entre finales de los setenta y principios de los ochenta, Tony rodó un millar de spots publicitarios. En 1980 -justo el año en que murió víctima de un cáncer Frank, el Scott mayor, marino mercante- comenzaron a llegar los cantos de sirena de Hollywood a oídos de Tony, con Ridley ya lanzado con Los duelistas y Alien. Y él intentó comprar los derechos del libro Entrevista con el vampiro, pero MGM, que ya tenía en desarrollo otra película de chupasangres, le ofreció ese proyecto: El ansia (1982), con David Bowie, Susan Sarandon y Catherine Deneuve. El desastre en taquilla deslució su apuesta formal en el diseño de producción y en la fotografía, pero no todos en Hollywood renegaron de El ansia: los productores Jerry Bruckheimer y Don Simpson le ofrecieron (tras ver El ansia y su anuncio de coches Saab) el guion de Top gun. En 1985, con su estreno, Tom Cruise, el protagonista, y Tony Scott se convirtieron en superestrellas. Este drama romántico-militar tuvo tal éxito que el ejército estadounidense multiplicó sus reclutas gracias a la visión grandilocuente de Top gun.
Dos años más tarde Simpson y Bruckheimer le volvieron a llamar para Superdetective en Hollywood 2 (en la que Tony se lió con la estrella femenina Brigitte Nielsen, en esos momentos esposa de Stallone; el reconocimiento del affaire acabó con el segundo matrimonio del director), y repitió éxitos en taquilla con Revenge (Venganza) y Días de trueno -de la que él mismo reconoció que no era su mejor trabajo-.

Después de la infravalorada El último boy scout (1991) filmó el thriller Amor a quemarropa (1993), una historia de ladrones de medio pelo con Christian Slater y Patricia Arquette, con un soberbio guion de Quentin Tarantino y una brutal actuación de Christopher Walken; Marea roja (1995), acción bélica submarina con retoques en el libreto de Tarantino y protagonizada por Denzel Washington, que se convirtió en su actor fetiche; y Fanático (1996) con Robert de Niro y Wesley Snipes.
Otro de sus grandes éxitos de taquilla fue Enemigo público (1998), una trama de conspiraciones y espionaje con Will Smith, a la que siguieron Spy game (2001), El fuego de la venganza (2004) y Domino (2005) -la vida de la modelo reconvertida en cazarrecompensas-.
En sus últimas tres películas tuvo a Washington como protagonista: Déjà vu (2006), Asalto al tren Pelhalm 1, 2, 3 (2009) e Imparable (2010).
Entre sus nuevos proyectos, Scott preparaba una secuela de Top Gun
Además, a través de la productora Scott Free, montada con su hermano y en la que se involucró en producir a Ridley y a su sobrino Jake, también realizó series de éxito como Numb3rs y The good wife. Como director de anuncios publicitarios, Scott trabajó para marcas como DIM, Barclays Bank, Marlboro y el Ejército de Estados Unidos. También dirigió varios videoclips, entre ellos el del tema George Michael One more try (perteneciente al disco Faith, de 1988)
Entre sus nuevos proyectos, Scott preparaba una secuela de Top gun, que iba a contar con la participación de Cruise y el productor Jerry Bruckheimer, según informa la web Deadline. También preparaba otro thriller sobre el narcotráfico titulado Narco sub, con guión de David Guggenheim, y la película Hells Angels. The movie.

4/5/12

Robert Redford: la voz de la leyenda

El reconocido actor vuelve a la dirección con The Conspirator,  película estrenada en el Festival Internacional de Cine de Toronto, Canadá
El actor Robert Redford, quien ha asumido el rol de director nueve veces a lo largo de su carrera. Cortesía: Lions Gate y Romar Media.fuente:elespectador.com
Como una leyenda viva, el nombre de Robert Redford ya forma parte de la mejor historia del cine. Y el solo hecho de entrevistarlo justifica viajar especialmente hasta Toronto, Canadá, donde exhibió por primera vez la película The Conspirator, aunque para el resto del mundo todavía no tenga fecha de estreno. Él ni siquiera aparece en cámaras porque, al menos por esta vez, sólo prefirió ocuparse del rol como director y productor para contar su propia versión de la supuesta conspiración detrás del asesinato de Abraham Lincoln.
¿Es verdad que alguna vez dijo: “Como director no me apreciaría tanto como actor, y como actor no me apreciaría tanto como director”?
Es genial, pero no lo dije.
¿Pero es cierto?
Lo cierto es que yo no lo dije. No sé de dónde habrá salido. Parece una locura. No sé dónde habré estado en ese momento, pero debe haber alguna prueba que verifique que estaba en otro lado, seguro. No creo que yo lo haya dicho. No tiene sentido.
¿Tampoco es tan solitario como dicen?
Es un rumor que llevo sobre los hombros desde que me mudé a Utah. Como todos seguían viviendo en Hollywood, yo era el solitario. Pero no lo soy, me encanta estar rodeado de personas y amigos. Es cierto que luché por cuidar mi privacidad durante mucho tiempo. Y supongo que trabajé tanto para conservarla que terminé cansándome y las cosas resultaron mucho más fáciles, no hace mucho, cuando acepté que mi profesión supone la atracción por lo personal.
¿Y en cuanto a la atracción física? ¿Al mirarse al espejo entiende a las millones de mujeres que han soñado con usted?
Si algo aprendí de mi familia fue evitar los halagos en primera persona. Me criaron con cierta ética en la que el narcisismo y el egocentrismo nunca fueron bienvenidos.
¿Pero al menos le agradan los elogios en tercera persona cuando vienen de las mujeres?
Hoy, con la edad que tengo, puedo decir que sí me halagan. Si el placer es mutuo, mejor todavía. Pero no era así hace veinte o siquiera diez años atrás. Supongo que el cambio tiene que ver con la madurez y el hecho de poder celebrar lo que significo para la gente, en vez de tratar de negarlo o pedir perdón por caerle bien a alguien.
En las playas de Santa Mónica nació Charles Robert Redford Jr., el 18 de agosto de 1936. El padre solía trabajar como contador de la petrolera Standard Oil y la madre, Martha Hart, ya había fallecido justo cuando Bobby Redford empezó a estudiar actuación en la Academia Americana de Artes Dramáticas en Nueva York.
Robert Redford ni siquiera había tenido sus primeros trabajos profesionales como actor, cuando se casó en 1958 con Lola Van Wagenen, la madre de sus cuatro hijos (el mayor, Scott, falleció de bebé por muerte súbita; la siguiente, Shauna, ya lo convirtió en abuelo; el tercero, Jamie, hoy es guionista, y la menor, Amy, es actriz).
En el perfil profesional, Robert Redford debutó como actor en un programa de juegos de TV, en el que se suponía que tenía que cobrar 75 dólares, aunque prefirió aceptar a cambio una de las cañas de pescar que entregaban como premio.
Los roles fueron mejorando con las series de TV más conocidas de la época, como Maverick, Perry Mason, Los intocables y Route 66. Pero la fama, en realidad, llegó bastante tarde, cuando a los 32 años protagonizó la película Dos hombres y un destino.
Comparable con la popularidad actual de Brad Pitt o George Clooney juntos, Redford generó una lista interminable de éxitos con las películas El golpe, Nuestros años felices, El gran Gatsby, Los tres días del Cóndor, Todos los hombres del presidente, El novato, África mía, Propuesta indecente o Juego de espías, por sólo nombrar algunas. (En la época de la película El novato, también se divorció de Lola Van Wagenen y recién el 11 de julio del 2009 se casó con la pintora Sibylle Szaggars, aunque desde hacía cinco años vivían juntos).
Perseguido por el éxito, la primera vez que decidió dirigir una película, con Gente corriente, Robert Redford terminó ganando el Óscar como mejor director, además de recibir una segunda nominación por dirigir la película El dilema. En 2002 le entregaron un Oscar honorario por haber creado el prestigioso Festival de Cine Sundance. Esta vez eligió otro festival de cine, en Canadá, para estrenar la película The Conspirator.
¿Qué lo llevó a filmar hoy una historia como el asesinato de Abraham Lincoln en la película ‘The Conspirator’?
Lo más importante es que la historia en sí misma es algo que muy pocos conocen. Hablo de lo que realmente pasó dentro de lo que ya se sabe sobre el asesinato de Lincoln. El tema de la supuesta conspiración, poca gente la conoce.
Lo que intenta revivir Robert Redford con la película The Conspirator es la verdad detrás de la única mujer que fue acusada de la conspiración detrás del asesinato de Lincoln. La película también muestra cómo la ‘conspiradora’ acusada, con todo el país en contra, sólo pudo confiar en su abogado, descubriendo que la posible inocencia era sólo una carnada para capturar al único conspirador que escapó de la justicia: su hijo.
El elenco lo componen Justin Long (el novio de Drew Barrymore, para más datos); James McAvoy (el escocés de Se busca) y Kevin Kline (en un rol muy diferente al de La pantera rosa). El papel protagónico es de Robin Wright.
A la hora de elegir el elenco, ¿tuvo que pensar en aquellos que podían tener cierto ‘look’ de aquella época o influyeron otras razones?
Uno de los grandes desafíos era lograr el sonido como una proclamación, con gente hablando con cierta postura, sin que sonara como alguien que lee forzado. Y por otro lado, necesitábamos ser auténticos sobre el estilo que se hablaba en aquel entonces. Yo tuve que encontrar el balance también en el nivel personal, con la libertad del idioma. ¿Cómo podía mostrar los personajes lo más reales posible? Haciéndolos contemporáneos, al mismo tiempo que daba cierta legitimidad a la forma diferente de hablar. Por eso pensé en acentos europeos, porque en aquel entonces todavía no existía una gran separación de nuestra cultura con Europa.
¿Cómo llegó a pensar en Robin Wright para el rol estelar de la conspiradora? ¿Hubo algunas otras opciones que descartó o ella fue siempre su primera elección?
Yo siempre quise a Robin Wright como protagonista. También James McAvoy. Fueron mis primeras opciones y yo mismo los llamé y vinieron. Eran actores a quienes les interesaba el rol, pero también eran los que a mí me interesaban.
¿Y Kevin Kline?
A Kevin Kline le dije que su personaje me parecía maravilloso y que no sería tan bueno si no le dábamos un punto de vista expresado claramente. Quisimos mostrar una historia legítima, pero también queríamos mantener cierta simpleza, sin pasarnos a un lado propagandista. Como en el final cuando decimos: “En tiempos de guerra, la ley sigue al silencio”. Es un tema para debatir, pero yo quise mostrar el problema que surge cuando el interés nacional (de encontrar un culpable) se vuelve un interés especial y la moral termina distorsionándose.
¿Ser el productor de la película facilita o complica su trabajo como director?
El desafío pasa por el trabajo físico, con el presupuesto tan bajo que tuvimos. Significa que los horarios del rodaje también estaban ajustados y por eso necesitaba trabajar con actores lo suficientemente buenos como para responder en los momentos emotivos importantes. Yo siempre prejuzgo las actuaciones. Son ellos los que le van a dar vida a la historia, y como era una película muy personal, queríamos que lo fuera todavía más dándole una resonancia emocional que quedó en manos de los actores. Y pienso que este elenco es muy bueno. No puedo estar más satisfecho con el excelente trabajo que hicieron.
¿Cómo evita que sus propias ideas políticas no choquen con la verdadera historia del asesinato de Lincoln?
En este caso tuve cierta bendición porque no tuve que hacer nada. Todo estaba planteado por los hechos históricos. A lo mejor, en películas anteriores, pude haber forzado algún punto, políticamente hablando. Pero esta vez no fue necesario. La historia tiene una serie de vueltas. Nos vamos repitiendo. Ahora mismo vivimos en una confusa condición, con ansiedades y miedo. Y lo mismo pasó 150 años atrás. Pero la historia siempre se repite. No tuve que buscar ninguna propaganda o ciertos aspectos políticos. Ya estaban ahí. El público se encargará de sacar sus propias conclusiones. A mí sólo me interesó la historia personal. La política, para mí sólo pasaba por esa persona (acusada de la conspiración). Por eso no ocupé mi mente en el otro aspecto, porque ya estaba dado con los hechos históricos.
¿Lo sorprenden los paralelos que existen entre aquella época y la actualidad?
Es otra razón por la cual quería hacer esta película. Los paralelos que existen entre ayer y hoy son obvios. Pero esa no es la historia que queríamos contar. Será cuestión de ver si los críticos o el público los descubren por sí solos. Nosotros no necesitamos contar nada nuevo. La historia ya se ocupó de eso.

13/4/12

Robert Rodríguez y Frank Miller rodarán secuela de "Sin City"

La película se llamará: Sin City: A Dame to Kill For
Sin City. Afiche promocional de la primera película.foto.fuente:elespectador.com

El director Robert Rodríguez y el autor de cómics Frank Miller se aliaron para sacar adelante la secuela de "Sin City", un proyecto que no terminaba de ver la luz pero que finalmente se rodará en verano en EE.UU., informó este jueves The Hollywood Reporter.

La película llevará por nombre "Sin City: A Dame to Kill For", será financiada por AR Films y se distribuirá en EE.UU. con Dimension Films, compañía del grupo The Weinstein Company.

Rodríguez y Miller codirigirán la cinta, tal y como ya ocurrió con "Sin City" (2005), que estará basada en las historias del cómic homónimo que publicó Miller a principios de la década de los noventa.

La trama gira en torno a personajes que se ven envueltos en acontecimientos violentos en Basin City, una ciudad oscuro y corrupta.

En la primera versión "Sin City", protagonizada por Bruce Willis, Jessica Alba, Benicio Del Toro o Clive Owen, entre otros, se recaudó más de 160 millones de dólares.

La selección de actores para la secuela comenzará la próxima semana y está previsto que la filmación arranque en verano en Texas.

"He querido volver a formar equipo con Frank Miller y regresar al mundo que él creó desde el día que terminamos la original pero he sentido el deber con los fans de esperar hasta que tuviéramos algo verdaderamente excepcional que superara lo que se ha convertido en una expectación épica", dijo Rodríguez.

"'A Dame to Kill For' ciertamente valdrá la espera", indicó el director de "Desperado". Miller figurará también como coguionista junto con William Monahan.

12/4/12

Muere el actor mexicano Julio Alemán

El intérprete, de 78 años, padecía cáncer Participó en más de cien películas y decenas de telenovelas
El actor mexicano actor Julio Alemán, en marzo de 2012. foto.fuente:elpais.com

El actor de teatro, cine y televisión Julio Alemán, protagonista de cintas clásicas mexicanas como El derecho de nacer (1966), ha fallecido este miércoles en un hospital de esta ciudad, aquejado de cáncer. Tenía 78 años de edad y una larga carrera de más de cien películas y decenas de telenovelas, así como obras teatrales.

En su carrera cinematográfica, iniciada en 1957 con la película El Zarco, le tocó tanto alternar con actores de la talla de Silvia Pinal, María Félix, Arturo de Córdova y Libertad Lamarque, como también, hasta hace unas semanas, compartir créditos en la que fue su última obra, el musical Perfume de Gardenia, con figuras como María Victoria y Yolanda Montes Tongolele.

Nacido en Morelia, Michoacán, el 29 de noviembre de 1933, Julio Méndez Alemán hizo estudios de ingeniería textil pero abandonó esa profesión para convertirse en actor. Su debut fue a los 21 años en el teatro. Su carrera despegó cuando el productor Gregorio Wallenstein lo vio en una obra en la que hacía la imitación de Elvis Presley y le contrató como su actor. Con él realizaría buena parte de sus papeles estelares, incluido el de Alberto Limonta, el médico de El derecho de nacer.

"La responsabilidad sobre el personaje debe ser del actor, yo eso lo peleé mucho, siempre decía (al director) 'Espérame, estás confiando en mí, déjame sentir el personaje, y déjame hacer lo que yo siento para darle vida al personaje, no voy a ser un títere, tengo que sentir el personaje', eso lo defendí siempre y me dio buen resultado", dijo hace unos meses en el programa Es la hora de opinar, de Leo Zuckermann.

De entre las decenas de películas en las que participó se pueden destacar Las Pirañas aman en Cuaresma (1969), basada en una obra de Hugo Argüelles, El Tunco Maclovio (1970), Peligro...! Mujeres en acción (1969), Corazón salvaje (1968), Los Hermanos del Hierro (1961) y La Cigüeña dijo sí (1960). De igual manera, fue un pilar del género de las telenovelas, participante incluso en la que es considerada la primera de ellas, Senda Prohibida, de 1958.

"En la época grande del cine mexicano también nos ayudó la Segunda Guerra Mundial; es decir los países grandes dejaron de hacer cine porque estaban en guerra, México producía películas, los soldados necesitaban películas para distraerse, así que nos tradujeron a 17 idiomas. Y las telenovelas tienen exactamente el mismo mercado", explicaba Julio Alemán en esa entrevista televisiva.

Alemán fungió además por algún tiempo como líder del sindicato de actores de México y diputado al Congreso de la Unión. Su faceta artística incluyó el canto, donde grabó al menos tres discos. Al ser diagnosticado con cáncer pulmonar a finales de 2011, luchó sobre las tablas, cumpliendo sus compromisos actorales todo el tiempo que su salud se lo permitió.

"Tengo el mérito de haber sido un necio, un terco e insistir en que quería ser actor", dijo al explicar su éxito. La comunidad artística preparaba anoche homenajes para Julio Alemán, que además tuvo fama de galán por su buen porte y elegancia.