4/8/10

La escritura en fílmico

Escritor y cineasta Alexander Kluge, amigo de Adorno y Habermas, artífice del manifiesto de Oberhausen como base para el Nuevo Cine Alemán, acaba de publicarse en español su último libro de relatos: una lectura íntima sobre la historia del cine

ALEXANDER KLUGE. Un maestro del concepto, según algunas miradas.foto.fuente Revista Ñ.

Un abogado que escribe libros, trabaja en la televisión y cambió el cine alemán para siempre. Esa fórmula –hermética, que dice todo al tiempo que lo niega; boutade perfecta para una vida inclasificable– podría coronar una faja hecha a las apuradas para un libro de Alexander Kluge.

No estaría mal: es cierto que cuando sus compañeros de generación ya filmaban, él todavía pensaba que se iba a dedicar al derecho, como también es cierto que un día su amigo Theodor Adorno hizo las gestiones para que se infiltre como meritorio en un rodaje de Fritz Lang –La tumba hindú, penúltima película del realizador– y su vida cambie estrepitosamente. Dicen que ese rodaje fue tortuoso, casi insoportable. A Fritz Lang lo apuntalaban con demandas mercantiles y daba la impresión de que la película le pertenecía completamente al que disponía de la chequera. Según el escritor Alan Pauls, "la experiencia habría disuadido a cualquiera que pretendiera acercarse al cine con vagas intenciones 'artísticas'. No a Kluge. Para Kluge, que seguía siendo abogado, fue una suerte de leading case patético, pero altamente instructivo: allí descifró las reglas de juego que imperaban en el cine industrial en la Alemania de fines de los cincuenta, y allí acuñó las consignas que regirían todo su trabajo posterior: autonomía, control, reapropiación de la experiencia".

Es curioso que mientras muchos ven en Kluge a un maestro del concepto, el tipo que supo conjugar la teoría del distanciamiento brechtiano, por ejemplo, con la maquinaria de la televisión abierta, él insista una y otra vez en repetir la palabra "historia". Su primera película, de 1966, llevaba por título Una mujer sin historia, y esa preocupación por la posibilidad de una narración no lo abandonó jamás. Se podría decir que en ese título iniciático y profético se cifraba una de sus grandes obsesiones, una especie de mantra o letanía que termina de destilarse en su 120 historias de cine (Caja Negra). Agrupadas en capítulos más o menos caprichosos, que guardan una coherencia fracturada pero palpable, estas narraciones podrían empezar con "había una vez". Esa contraseña, fórmula mágica para conjurar los designios de un cuento, entra en perfecta sintonía con un proyecto de libro que se resiste a la vulgaridad de bajar línea, que no se sube a un púlpito y que confía ciegamente en la fuerza interpretativa de una historia del cine contada desde la subjetividad y el agrupamiento anárquico, alocado, de relatos y significaciones. Así, como no intenta postular un absoluto, este libro podría ser infinito y jamás agotarse. Las historias podrían ser otras, el orden también podría variar o, como dice Kluge, "la historia del cine vuelve una y otra vez. La forma que adopte el Ave Fenix, sin embargo, puede ser muy diversa".

Quizás la historia más conmovedora del libro sea la del relato subterráneo y que viene desde siempre, que es el de la relación de Kluge con Godard. Como en un espejo deformante, invertido, ya el título del libro proyecta un juego de ecos con Historia(s) del cine (también editado por Caja Negra) del realizador francés. Kluge y Godard son estrictamente contemporáneos. Para Kluge, autor intelectual y material del manifiesto de Oberhausen, de donde nació el Nuevo Cine Alemán, la política de los autores que se venía agitando desde las páginas amarillas de los Cahiers de cinema fue decisiva. En algún punto, lo de Godard y sus secuaces fue como un virus que fue haciendo metástasis en distintos cines nacionales y que siempre tenía que ver con releer la propia tradición buscando las huellas de un director, las de un autor. A la manera circular del "Kafka y sus precursores" de Jorge Luis Borges, fue posible empezar a ver en Truffaut el espectro de Hitchcock, la rémora de esa autorialidad, pero también a la inversa poder leer a Hitchcock en clave truffautiana. La tradición se reescribe hacia atrás y opera, modificada, en el futuro. Para Kluge la idea fue explosiva, y le permitió pensar la historia del cine en términos de filmografías y proyectos culturales. Fue el momento también en el que la categoría de autor, heredera del romantiscismo y peligrosamente devota de la mistifación de "genio", se instaló definitivamente como marca de fábrica de la producción cinematográfica. El concepto es tramposo, desde luego, porque el cine es el más colectivo de los productos artísticos, y la impronta del "director-autor" en el corte final es muchas veces difusa, engañosa. Sin embargo, la política de lo autoral se puede leer como un gesto tremendamente liberador, un deshielo profundo, un golpe al imperio del cine como entretenimiento y al star system y la marquesina como propuesta central de la industria cultural. Sobre esas y otras cuestiones discutieron los 26 directores jóvenes que se juntaron un febrero helado de 1962 en la ciudad obrera de Oberhausen, en el festival de cine más fervoroso de la década alemana. Esos chicos viajaron hasta ahí con algunas certezas y con muchas incertidumbres, como se va a las veladas que realmente importan. (Kluge escribe: "Los oberhausianos hablábamos con desenfado. Apenas si conocíamos la historia del cine. Cada uno seguía el consejo del otro. Nos tratábamos de usted"). Lo que se habló ahí, y toda esa impronta cahierista que se metabolizó con fuerza, pegó en Kluge de un modo particular, como si ese manifiesto que rasgó la epidermis del cine europeo le hubiera hecho un tajo en el centro de su sistema nervioso. Y como sucede muchas veces, los que fueron jóvenes y contestatarios terminaron en algunos casos pasteurizando su discurso; Kluge, en cambio, se radicalizó. A sus setenta y pico de años, acometió una empresa titánica: filmar un documental sobre cómo Eisenstein quiso y no pudo filmar El capital de Marx. El resultado es una cinta de diez horas, Noticias de antigüedad ideológica: Marx-Eisenstein-El Capital, que conjuga narración, investigación, la relectura de un texto emblemático y varios otros formatos.

Por lo demás, un relato de la vida y la obra mestiza de Kluge podría hacer suponer que su estilo es altivo y grandilocuente (¡9 horas y media de El capital!, nada mas cercano a la utopía de la Obra Total). Todo lo contrario. Las 120 historias de cine parecen escritas bajo el ideal deleuziano de "lo menor", esa categoría con la que se pueden leer poéticas como la de Kafka o la de Borges, deudoras del ascetismo y la disolución del ego. La frase corta, la prosa transparente y una voluntaria erosión del estilo hacen de este libro una contracara del de Godard. ¿Cómo erigiría cada director contemporáneo su propia historia escrita del cine? La respuesta es imposible de aventurar, porque son contados los cineastas con esa vocación de historiador que, por ejemplo, ha mostrado siempre Martin Scorsese. Lo cierto es que en cada historia del cine está cifrado el lugar que le ha tocado ocupar al director que la construye. En última instancia, y para ponernos un poco sentenciosos, se podría decir que un director revisa la tradición para entender cuál es su lugar en ella. Si la crítica es la forma moderna de la autobiografía, en 120 historias de cine (que no es crítica, pero se podría leer como tal, y esa lectura desviada le haría honor al conjunto) está la vida de Kluge, volcada en breves esquirlas de sentido, en historias desperdigadas que puestas una al lado de la otra arman el mapa de su subjetividad. Un director es todo el cine que vio, afirmación obvia pero necesaria. Pero un director como Kluge es también todos los libros que escribió, que no son pocos y que dibujan una constelación aparte. Se podría decir, finalmente, que un director es también las películas que no vio. Para citar de nuevo a Godard, "los de la nouvelle vague amaron el cine incluso antes de conocerlo".

"El cine crea imágenes invisibles"
-¿Qué se puede alcanzar por medio de la literatura que no se puede alcanzar a través de una película?

-En la literatura las palabras son muy precisas y en media página se puede narrar algo para lo que se necesitarían siete horas de película. A la inversa, hay instantáneas en el cine que resulta imposible describir con palabras. Tales instantes cristalizados son la gran virtud del cine. No es que haya que filmar 90 minutos de instantes cristalizados, pero si una película incluye doce de esos instantes en los que la cámara realmente logra cristalizar algo nuevo, algo que nos sorprenda, ésa será una buena película. Ahora bien, el cine es en general más complicado que la literatura porque se requiere mucho despliegue para lograr describir algo visualmente... Le doy un ejemplo: usted conoce la palabra "laconismo"; pues bien, Tácito es lacónico, habla con pocas oraciones, sin siquiera atender mucho a la gramática, y eso es literatura, lo contrario del discurso de Cicerón. A veces el laconismo puede incluso quebrar el lenguaje, maltratarlo. Pero esto se puede hacer porque el lenguaje es robusto, diverso y preciso. Por otro lado, una película tiene la habilidad de encontrar cosas que ninguna palabra puede expresar, y de crear imágenes invisibles, terceras imágenes [...]. Esa es una habilidad del cine. Eventualmente esto también se puede hacer en la literatura pero se requiere de muy buenos lectores. Yo podría mostrarle algún fragmento de ese tipo, pero de ahí a que alguien lo descifre...

-¿Como cineasta puede prever esos momentos invisibles?

-No, no. Pero puedo percibirlos y hacerles lugar... De cualquier forma, hoy además existe Internet que ofrece otros recursos. Se pueden transformar en imágenes contextos de música, lenguaje, relatos. Claro que la impresión que esto causa, la huella no es tan profunda como en el cine ni tan intensa como cuando se lee un libro. Pero sí se pueden crear constelaciones, contextos, redes. En este sentido el modelo es Aracné, como lo cuenta Ovidio en sus Metamorfosis... Esa araña con su red es un indicio de que debemos tomar Internet en forma literal: está hecha para crear redes, redes que son más ricas que la literatura por sí sola. Ya lo dice Balzac en el prólogo de La comedia humana cuando sostiene que Walter Scott no había pensado en unir sus composiciones una con otra de modo de coordinar una historia completa de la cual cada capítulo habría sido una novela y cada novela una época. La red puede hacerlo, puede lidiar con el exceso de información y contexto.

-¿Qué influencias conserva de la tradición crítica de Horkheimer y Adorno?

-Digámoslo así: llegué al Instituto de Investigación Social de Frankfurt en calidad de jurista. Cursé algunos seminarios con Adorno pero no estudié allí. Soy abogado. Entré como síndico y trabé amistad con Adorno y Horkheimer. Desde luego que soy seguidor de la teoría crítica, y todo lo que hago, mis películas, mis libros, están marcados por ella. Pero no vaya a pensar que ellos en Frankfurt apostaban demasiado por la literatura. Para ellos la literatura era más bien un portero, el ama de llaves o el jardinero [...]. Le cuento algo, en mi último libro El laberinto de la fuerza amorosa dedico ocho relatos a Niklas Luhmann. El último narra lo siguiente: en el semestre de invierno de 1968/69, en medio de la revuelta estudiantil en Frankfurt, Luhmann da en la cátedra de Adorno un seminario sobre el amor como pasión. Afuera, la protesta estudiantil; a su lado Adorno, la única vez que ve en persona Luhmann; pero Adorno no está muy atento porque está preocupado: teme que su amante lo vaya a dejar justo ahora, en medio del conflicto con los estudiantes. Los estudiantes toman el Instituto de Investigación Social, Adorno hace llamar a la policía. En él, un laberinto de fuerzas afectivas que lo tironean de todos lados. Y esta historia, por ejemplo, yo me puedo permitir contarla porque no tengo un alto estatus en la teoría crítica, pero sí una gran perseverancia. [...]

-¿Usted intenta reconstruir la historia del cine a través de sus relatos?

-Sí, o mejor dicho: yo creo que la historia del cine es algo que aconteció todo el tiempo y nunca dejó de acontecer. Más aún, sostengo que ahora viene a nosotros desde el futuro... La historia del cine es algo que los hombres hacen en sus mentes desde la Edad de Piedra. Lo que sucedió es que de repente se la pudo proyectar con ayuda de la cámara y los proyectores.[...]

Fragmento de la entrevista que Carla Imbrogno le realizo y que se incluye en "120 historias del cine" (caja negra, pag. 291).

Kluge Básico
Alemania, 1932.
Cineasta, escritor.

Se doctoró en derecho en 1956. Como consultor jurídico del mítico Instituto Social de Frankfurt conoció a Theodor Adorno y a Habermas, que serían fundamentales en su carrera y su pensamiento crítico. Trabó rapidamente vinculos con el mundo del cine, y en 1962 redactó el manifiesto de Oberhausen, donde rezaba que "el cine de papá está muerto" y proponía una renovación para la filmoteca alemana. A partir de entonces lanzó sin descanso películas, libros y construyó una prolífica actividad en la televisión abierta de su país. Recibió premios por todos los campos de intervención.

Certifica.com Certifica.com

29/7/10

Las librerías se ponen al día

Los últimos estrenos cinematográficos o la muerte de grandes figuras como Delibes o Saramago alimentan la producción editorial.Nuevos lanzamientos y reediciones aprovechan el tirón de la actualidad

26/7/10

Agujero Noir

¿Enciclopedia biográfica? ¿Testimonio de una obsesión? ¿Ficción de fan? ¿Cuentos encapsulados? ¿Capítulos de una novela que atraviesa la historia del cine noir entre los '40 y los '80? Todo eso y algo más es Sospechosos, el libro del venerado crítico David Thomson incluido con justicia en la colección Roja y Negra de Mondadori

Bajo los anteojos oscuros, Barbara Stanwyck, una de las grandes damas fatales del cine clasico, junto a Fred Mcmurray en pacto de sangre, de Billy Wlder.Foto;fuente:pagina12.com.ar

A continuación, el prólogo con que Rodrigo Fresán presenta este volumen difícil de clasificar pero infinitamente fácil de disfrutar: un paseo por lo mejor del cine noir en busca de la resolución de un crimen.

Por Rodrigo Fresán

Todo el mundo es un soñador y todo el mundo es una estrella
Y todo el mundo está en las películas,
no importa quién eres.

Desearía que mi vida fuera un show de película de Hollywood sin fin
Un mundo de fantasía de villanos y héroes de celuloide
Porque los héroes de celuloide nunca sienten dolor
Y los héroes de celuloide nunca mueren de verdad.

Ray Davies
"Celluloid Heroes"


UNO

El crítico y ensayista cinematográfico David Thomson (Londres, 1941, actual colaborador en The New York Times o en Salon.com entre muchos otros medios) es, por lo menos, autor de tres libros imprescindibles.

El primero de los libros indispensables que firmó Thomson es The New Biographical Dictionary of Film, publicado por primera vez en 1975 y revisado y aumentado varias veces desde entonces.

Un clásico indiscutible.

El tomo de casi 1000 páginas que le hizo decir a J. G. Ballard que Thomson era "el más grande de los escritores sobre cine", a Guillermo Cabrera Infante que se trataba del "mejor trabajo jamás escrito en inglés sobre el cine", a Hanif Kureishi que era algo "maravillosamente personal", a John Updike que le parecía "inteligente y obstinado" y a Peter Bogdanovich, "un texto invalorable para estudiosos, fans y entusiastas serios. Los comentarios de Thomson son fuertes y duros pero siempre informados y nunca triviales y, haciendo excepción de lo que dice acerca de John Ford, de mí y de uno o dos directores más, se me hace muy difícil rebatir sus opiniones".

Y ahí está la clave del asunto: porque el diccionario armado por Thomson no es un diccionario al uso. Los diccionarios deben ser, se supone, objetivos, aspirar a una universalidad libre de posibles polémicas, y no teñir sus definiciones con cuestiones personales. El diccionario de Thomson, en cambio, es todo lo contrario. The New Biographical Dictionary of Film es lo que, en inglés, se conoce como opinionated 1. Así que en él –porque es suyo– Thomson no deja de opinar, desmenuzar, desmitificar y, a menudo, aniquilar a varios hasta entonces intocables monstruos sagrados. Actores, directores, guionistas, productores, compositores de soundtracks pasan por el filtro de Thomson y son aniquilados o reivindicados en entradas de variable longitud que se leen como perfectas miniaturas, como esclarecedores cortometrajes, como capítulos sueltos de un gran script.

El segundo de los libros indispensables de Thomson es Have You Seen...?, fue publicado en 2008, lleva como subtítulo A Personal Introduction to 1000 Films (y más abajo se advierte que "incluye obras maestras, rarezas, placeres culposos y clásicos con apenas unos pocos desastres"), podría llamarse Thomson ataca de nuevo y funciona a la perfección como companion, como gemelo distinto pero complementario, de The New Biographical Dictionary of Film. Greil Marcus dijo de él que "hay un escepticismo en Have You Seen...? que produce en el lector una gran confianza, la sensación de ver a un escritor contemplando todas las películas al mismo tiempo, lo que permite a Thomson referirse a un simple gesto o emitir un juicio acerca de todo un país. No es sólo un nuevo tipo de libro de cine; es una nueva forma de conversación". Y en él –a film por página– Thomson (en riguroso orden alfabético, desde Abbott and Costello Meet Frankenstein hasta Zabriskie Point 2) recorre, rescata, destruye y canoniza su cinemateca privada. Al igual que su Dictionary, se lo puede consultar haciendo uso del índice pero todavía mejor es leerlo como la autobiografía compartida de una vida sentada y en la oscuridad donde este hombre se da el lujo de despreciar a 2001: A Space Odyssey ("Creo ahora, como creí entonces, que no es más que una suntuosa farsa y una elaborada defensa del vacío y del desgano por usar la auténtica imaginación") o a Butch Cassidy and the Sundance Kid ("la película que les dio a Newman y a Redford el apoyo suficente para dejar de pensar y comenzar a posar") y de ascender a la categoría de clásico a The Moderns de Alan Rudolph 3.

El primero de los libros lleva en la portada un fotograma de To Have and Have Not; el segundo, uno de The Godfather.

Uno y otro son dos espectáculos –el deseo realizado de ese "show de película de Hollywood sin fin" al que le cantan The Kinks– que no se acaban nunca y que está bien que así sea.

Uno y otro empiezan justo en el momento en que uno entra en ellos.

Siempre.

DOS

El tercer libro imprescindible de David Thomson no sé muy bien lo que es, pero sí sé, con absoluta seguridad, que es una obra maestra y que se titula Sospechosos.

Rubia y noir: Gloria grahame rendida a los pies de glenn Ford en la oscurisima los sobornados (the big heat), de fritz lang.

TRES

Y cuando digo que no sé muy bien lo que es Sospechosos, en realidad quiero decir que Sospechosos es muchas cosas y todas y cada uno de ellas son cosas formidables.

A saber:

a) Sospechosos es una suerte de enciclopedia sobre el cine noir a la vez que un sentido huracán fanfiction y amoroso valentine al género al que homenajea pero también –como en los mejores homenajes– reinventa desmontándolo para volverlo a montar.

b) Sospechosos es un director's cut.

c) Sospechosos es un writer's cut.

d) Sospechosos es un writer's cut y un director's cut que acaba transformándose en, sí, un critic's cut.

e) Sospechosos es un artefacto metaficcional y posmodernista con guiños cómplices tanto a Vidas paralelas de Plutarco, Vidas imaginarias de Marcel Schwob y a Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges, como a los procedimientos de collage mashup en las obras de John Barth, Robert Coover, Stanley Elkin, Thomas Pynchon & Co. Con todo esto quiero decir que Sospechosos está muy bien escrito.

f) Sospechosos es algo así como una versión del IChing que se puede leer y disfrutar abriéndolo por cualquier página. Y entonces, sí, ser inspirados y esclarecidos.

g) Sospechosos es una versión ácida y lisérgica del juego Trivia Pursuit.

h) Sospechosos es –según el escritor Leonard Michaels– algo "comparable en brillantez a lo que hicieron mitólogos modernos como Borges, Calvino y García Márquez, donde el conocimiento profundo y la pura fabulación se nos ofrecen como un juego exuberante e infinito".

i) Sospechosos es una máquina de hacer y de deshacer memoria.

j) Sospechosos –según el escritor y también cinéfilo Philip Lopate– es "una fértil meditación sobre las trayectorias de los personajes".

k) Sospechosos es el sueño húmedo y en llamas de un cinéfilo 4.

l) Sospechosos es el paraíso de los maníacos referenciales del celuloide o el infernal plano para el parque temático privado que Howard Hughes o William Randolph Hearst o, mejor, Charles Foster Kane jamás llegaron a construirse para, después, encerrarse allí adentro y arrojar la llave por la ventana más alta de sus salas privadas de cine.

m) Sospechosos es una larguísima canción/álbum de Bob Dylan a estrenar en el mismo cine donde nunca ha bajado de cartel su "Brownsville Girl" (y a no olvidar nunca que Dylan es un fan confeso del cine criminal de la edad de oro y hasta propietario de un cine en su ciudad natal).

robert mitchum y jane greer a punta de pistola en traidora y mortal (Out of the past), la pelicula de jacques tourneur considerada como paradigma del cine negro norteamericano.

n) Sospechosos –según la escritora Diane Johnson– es "un maravilloso y perspicaz análisis del carácter norteamericano y su cultura" y descubro que el programa automático/ordenador/alfabético de mi Mac no admite la existencia de la letra ñ.

o) Sospechosos es la respuesta perfecta a la pregunta ¿Qué película te llevarías a una isla desierta?

p) Sospechosos es la respuesta perfecta a la pregunta ¿Qué libro te gustaría que se llevara al cine? (Sospecho que la tecnología para hacerlo ya existe, pero no creo que exista bufete de abogados capaz de desenredar la madeja legal a la hora de redactar y firmar contratos 5. Una vez solucionadas estas cuestiones, por favor, dirigida por Quentin Tarantino con adaptación de James Ellroy & Denis Johnson.

q) Sospechosos es una gran guía de dvd a revisar o a ver por primera vez.

r) Sospechosos –según el director de cine Philip Kaufman– es algo que "en principio parece inocente y muy entretenido. Pero, como solía afirmar Nelson Algren, cualquier tipo debe ser inocente de algo. Y para cuando comprendes de lo que es inocente David Thomson ya es demasiado tarde".

s) Sospechosos es un despacho/mensaje en una botella (o en una lata de película) enviado desde un dimensión alternativa a la que se fueron a vivir Vladimir Nabokov y Philip K. Dick y Stanley Kubrick y Roberto Bolaño y Guillermo Cabrera Infante. Sospechosos es uno de los libros más graciosos y divertidos jamás escritos.

t) Sospechosos es un riquísimo banco de datos del que podrían salir muchísimas películas tanto más inteligentes que aquellas con las que nos castiga Hollywood por estos días.

u) Sospechosos es un catálogo de prequels y de sequels.

v) Sospechosos es un libro de relatos.

w) Sospechosos es una novela.

x) Sospechosos (lo comprendemos recién al llegar a las últimas páginas, a las escenas finales, cuando se nos revela el primer plano de un narrador que, como la enloquecida Norman Desmond al final de Sunset Boulevard, finalmente parece decirnos "Muy bien, Mr. DeMille, estoy lista para mi primer plano") es una de las historias más tristes y desoladoras jamás narradas y filmadas...

...y volver a empezar porque no nos alcanzan las letras. Así que, mejor, conformarnos con lo del principio con la convicción de no poder definirlo del todo pero con la certeza de que

z) Sospechosos es una obra maestra 6.

Y vayamos entrando, que la función va a comenzar.

CUATRO

Pero todavía quedan unos minutos, así que aprovechemos para hablar un poco más antes de que haya que guardar silencio mientras se ve y se lee.

Supongamos que en la butaca de al lado está sentado David Thomson y que nosotros le preguntamos cómo fue que se le ocurrió la idea para Sospechosos. Entonces –como lo hizo en una entrevista– Thomson nos respondería: "Alguien me pidió que hiciera un diccionario de personajes de películas. Lo que me pareció una tarea imposible de asumir y abarcar. También pensé que muchos géneros no se relacionan bien entre sí. Así que decidí limitarme al noir. Hice una lista y me puse a pensar en ellos y se me ocurrió que muchos podrían haberse conocido más allá de lo que habíamos visto en sus respectivas películas. En otras palabras, una gran red –una novela– comenzó a atraparlos y a contenerlos y a relacionarlos unos con otros7. Esto fue sucediendo de a poco y llevó un largo tiempo. Pero me interesaba combinar ambas especies: la enciclopedia y la novela. Y yo tenía esta imagen de una biblioteca donde cada uno de los personajes se iba poniendo de pie y resumía su existencia para el lector. Pienso que una de las facetas más interesantes de Sospechosos es la manera en la que el mismo formato de una enciclopedia se presta a la intertextualidad. Pensé entonces que la estética del noir se apreciaba mejor como una suma de todas sus partes y que, además, representaba una apreciación nueva de la historia moderna porque todo podía llegar a ser noir: una cierta forma de ficción, sí, pero también la cuna de la paranoia absoluta y de la sospecha constante que definen a nuestro tiempo. El noir era una opción de leerlo y de comprenderlo todo 8. Y el título de mi libro era un sujeto a la vez que un adjetivo: de un modo u otro, todos somos sospechosos de algo o para alguien, y es más que probable que hayamos cometido algún 'crimen' que preferimos no recordar... Así que me puse a ver todas esas películas para descubrir pequeños detalles aparentemente casuales o poco importantes y a llenar los vacíos de las tramas sin que eso significara traicionar las esencias de los personajes".

CINCO

Así, contrariamente a lo que pueda pensarse en principio, Sospechosos es mucho más que la versión serie negra de la portada de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. De acuerdo, se explora el género desde 1940 a 1980, están todos los que tienen que estar 9; pero lo que aquí acaba imponiéndose más allá del ingenio de la ecuación es el genio del resultado. El logro indiscutible de Sospechosos es que –luego de tanto entretenimiento y alcanzado el monólogo/confesión del último sospechoso– nos regala una rara emoción: la exaltación de quien ama a las películas pero, también, el inesperado sentimiento de haber sido irradiados y abducidos por el agujero negro y noir de tantas horas en la oscuridad y de, por fin, luminosos e iluminados, sentirnos parte de ella.

En Sospechosos, David Thomson reúne muchísimos más "usual suspects" que el capitán Louis Renault en Casablanca, pero lo verdaderamente admirable e inesperado es que, de algún modo, entre todos ellos, también, como en alguna de esas ficciones en las que la pantalla absorbe a los espectadores –como extras, como cameos, como sorpresivos y sorprendidos figurantes en una película merecedora de todos los Oscar de aquí a la eternidad– también estamos todos nosotros.

la tantas veces diabolica gene tierney hipnotizando desde el cuadro al detective mcpherson (dana andrews) en laura, de otto preminger

SEIS

Y, claro, inevitable, alguna vez le preguntaron a David Thomson sobre una posible segunda parte o actualización de Sospechosos. A quiénes pondría y todo eso.

Thomson respondió: "De hacerlo –aunque no creo que lo haga– invitaría a las películas y a los directores que más me hacen pensar acerca de las vidas de sus personajes más allá de lo que enseñan en un par de horas. David Lynch o Paul Thomas Anderson, por ejemplo. El modo en que sus criaturas llevan existencias aparentemente normales que no son más que las fachadas de vidas secretas. Magnolia me parece un riquísimo yacimiento en este sentido y los personajes de Anderson siempre sufren pasados misteriosos de los que intentan huir a toda costa. De ahí que el noir sea algo tan eternamente moderno, porque de lo que habla una y otra vez, finalmente, es de la fantasía universal de querer ser otro, de volver a empezar, de desaparecer aquí y aparecer en otra parte".

Y, a continuación, Thomson agregó: "Cuando acepté hacer Have You Seen...? lo cierto es que no me gustaba la idea de encarar algo que se parecería tanto a un sumario de mi carrera, a un resumen de lo visto y pensado y escrito. Así que lo fui postergando, porque me incomodaba la sensación de estar acercándome a ese punto. Pero me regocijó descubrir, cuando me puse a ello, lo mucho que me divertía escribirlo y lo bien que me la estaba pasando. Se sabe que nadie quiere escribir su último libro. Pero se llega a una edad –yo no la he alcanzado pero ya puedo verla más o menos cerca– cuando comienzas a preguntarte si el que estás escribiendo será tu libro de despedida. Lo cierto es que estoy cada vez más convencido de que los libros que me quedan no serán sobre cine, porque he tenido la oportunidad de decir casi todo lo que me interesaba decir sobre el tema. Sería tonto afirmar que me queda algo importante por revelar luego de haber producido dos volúmenes de más de medio millón de palabras cada uno. Así que me parece que me voy aproximando al The End en lo que al tema se refiere".

Por suerte para nosotros, antes de llegar a ese lugar final y a este principio de convencimiento, Thomson escribió y dirigió Sospechosos.

Ahora, otra vez –en blanco y negro y en rojo y noir y en colores– la luz se apaga para que las luces se enciendan.

Música.

Títulos.

Sombras.

Aquí –el cuello alzado de la gabardina y el vestido ajustado, la cabellera fatal y el rostro velado, las sonrisas torcidas y las cejas enarcadas, los nobles deseos y las malas acciones, los cuerpos ardientes y los cerebros fríos, las frases inolvidables y las escenas perfectas, los corazones destrozados y las traiciones indestructibles, los puñales por la espalda y los revólveres a quemarropa, los cigarrillos siempre encendidos y la lluvia que los apaga, los primeros planos cerrados y los encuadres abiertos– vienen y vuelven ellos y ellas.

Todos juntos ahora.


1 Actitud que, por supuesto, le ganó a Thomson numerosos lectores indignados, enemigos eternos y rivales en el oficio que cuestionan y desprecian todos y cada uno de sus veinte libros hasta la fecha. Está claro que no es mi caso (hasta le perdono a Thomson lo que afirma de 2001 un poco más abajo) y me permito recomendar, entre los que leí, su exhaustiva biografía de David O. Selznick (Showman), su aproximación muy personal al mundo de Orson Welles (Rosebud), su poco ortodoxo pero muy interesante intento de contarlo todo (The Whole Equation: The History of Hollywood), su exploración geográfica de un territorio de mapa cambiante (In Nevada: The Land, The People, God, and Chance), su periplo extraterrestre para atrapar a un monstruo (The Alien Quartet) y su obsesión casi patológica con la ex Mrs. Cruise (Nicole Kidman). No he leído aún su reciente memoir juvenil (Try To Tell The Story) o su reciente libro sobre la Psycho de Alfred Hitchcock, pero, seguro, ya entraré a algún cine donde las pasen, y me sentaré a leerlos.

2 Advertencia: por razones de universalidad y respeto, referiré los títulos originales de películas mencionadas a lo largo de este prólogo.

3 Y, por si a alguien le interesa, en el año 2002, la revista especializada inglesa Sight and Sound le solicitó a Thomson la lista de sus 10 películas favoritas de todas las nacionalidades y todos los tiempos y aquí están en orden de preferencia: Blue Velvet de David Lynch (1986), Céline and Julie vont en bateau de Jacques Rivette (Céline y Julie en barco, 1974), Citizen Kane de Orson Welles (1941), Il Conformista de Bernardo Bertolucci (1970), His Girl Friday de Howard Hawks (Ayuno de amor, 1940), Un condamné à mort s'est échappé de Robert Bresson (Un condenado a muerte se escapa, 1956), Pierrot Le Fou de Jean-Luc Godard (Pierrot el loco, 1965), La règle du jeu de Jean Renoir (La regla del juego, 1939), Ese oscuro objeto del deseo de Luis Buñuel (1977) y Ugetsu Monogatari de Kenji Mizoguchi (1953).

4 Y me da mucha felicidad imaginarme las alegrías que este libro deparará a un elenco que incluye nombres como los de Juan Marsé, José Pablo Feinmann, Paco Camarasa, Julio Crespo, Javier Marías, Juan Ignacio Boido, Alberto Fuguet, Alan Pauls, Jordi Costa, Diego Curubeto, Maruja Torres, Guillermo Saccomanno, Enrique Vila Matas, Marcelo Figueras, Carlos Boyero y Guillermo Piro, por citar tan solo apenas un puñado entre sus muchos posibles espectadores ideales. (Nota: Sospechosos es uno de esos libros para regalar a los amigos para así poder hablar sobre Sospechosos con ellos.)

5 Lo más parecido a Suspects que se ha intentado en la gran pantalla es, supongo, la encomiable comedia Dead Men Don't Wear Plaid (Cliente muerto no paga, 1982) de Carl Reiner y coescrita y protagonizada por Steve Martin con la ayuda de gente como Humphrey Bogart, Bette Davis, James Cagney y siguen las firmas sobre el cemento por siempre fresco de Hollywood Boulevard.

6 Y escribo esto y recuerdo y voy hasta mi biblioteca y ahí está otro libro de David Thomson en el que –en 1990, cinco años después de Sospechosos– repitió metodología pero cambió de género y paisaje. En Silver Light, Thomson hace por el western lo que aquí hizo con el noir; por lo que me veo felizmente obligado a corregir lo del principio:

"UNO El crítico y ensayista cinematográfico David Thomson (Londres, 1941; actual colaborador en The New York Times o en Salon.com entre muchos otros medios) es, por lo menos, autor de cuatro libros imprescindibles".

7 Un mínimo ejemplo del Método Thomson: en Sospechosos se nos informa de que Julian Kay (Richard Gere en American Gigolo, de 1980) es hijo de Joe Gillis y Norma Desmond (William Holden y Gloria Swanson en Sunset Boulevard, de 1950) quien supo ser, durante los años '20, amante de Noah Cross (John Huston en Chinatown, 1974). Y todo encaja –Thomson consigue que encaje– para que así sea. Una y otra y otra vez.

8 De ahí que Thomson –con inteligencia– considere a El gran Gatsby, al James Dean de Rebel Without a Cause, a Lolita y al Jack Nicholson de The Shining como inequívocos especímenes noir.

9 Consultar la filmografía/bibliografía al final del libro si no se puede aguantar la ansiedad, pero lo mejor es ir encontrando a los personajes/actores de a poco, sorprendiéndose con cada capítulo hasta alcanzar la revelación final.

6/7/10

Cómo el cine nos cambió la vida

El modo en que las películas clásicas influyeron en las costumbres y tendencias, los ritos y valores de las personas a lo largo del siglo XX

Iconos del cine del siglo XX.foto.fuente:adnCultura

Después del fusilamiento de la madre, el cochecito con el bebe baja sin control, escalón por escalón, cada vez más rápido, por la escalinata de Odessa, en la línea de tiro de los soldados del zar que disparan desde lo alto contra la multitud. Esa escena pertenece a El acorazado Potemkim , de Eisenstein, la primera película que vi no como un espectador inocente, sino como un chico (¿tendría 14 años?) que se interesaba por la historia del cine y que trataba de averiguar lo que había sucedido antes de que él hubiera nacido. Antes había asistido a centenares de proyecciones en los cines de barrio, donde se ofrecían tres films en una sola tarde. En esas salas jamás se pasaba cine mudo: el sonoro lo había desterrado a los cineclubes. A la manera del turista novato que llega a París y avanza por las galerías del Louvre hasta enfrentarse a la Venus de Milo o a La Gioconda , comencé a explorar el pasado desde aquellas escaleras de Odessa. Chaplin me sedujo en La quimera del oro (1925), Tiempos modernos (1936) y sobre todo en Monsieur Verdoux (1947) porque los asesinos seriales me atrajeron mucho antes de Hannibal Lecter en El silencio de los inocentes .

Un título clásico como El ciudadano (1941), de Orson Welles, sólo podía verse en funciones especiales. Y se proyectaba con escasa frecuencia. No voy a hablar de las innovaciones de esa película, considerada por muchos la obra máxima de la cinematografía, porque eso le correspondería a un crítico y esta nota está hecha con el criterio arbitrario de un espectador común, alguien que pertenece a la misma raza del lector común de Virginia Woolf, es decir que se deja guiar por su gusto, por afinidades electivas y simples asociaciones. En cambio, voy a mencionar la acumulación infinita de objetos del final de la película, que sintetiza la vida y el poder del Charles Foster Kane, y la palabra "Rosebud", que designa el trineo de la niñez de Kane, perdido en esa colección de memorabilia , a pesar de ser la llave que permite comprender las ambiciones y el fracaso de un hombre monumental. Siempre me pareció injusto que muchos espectadores prefirieran Casablanca (1942), de Michael Curtiz, una buena película romántica, a El ciudadano , a pesar (debo reconocerlo) de que generaciones de hombres y mujeres hemos aprendido en Casablanca a despedirnos de nuestros amores de toda la vida, y también de los de unas vacaciones, en aeropuertos y estaciones de ferrocarril. El cine, entre tantas otras cosas, nos enseñó a besar.

Un ciclo de cine mudo expresionista en el Instituto Di Tella a mediados de la década de 1960 permitió que una generación de jóvenes de 15 a 30 años pudiera ver films inolvidables como Nosferatu (1922), de F. W. Murnau, y Metrópolis , de Fritz Lang (curiosamente, el único western que, de verdad, me gusta es El regreso de Jesse James , con Henry Fonda, dirigida en 1940 por Fritz Lang). Lo que veía en las salas de barrio, en las de estreno y en los ciclos especiales me fue moldeando -como a todos, presumo- y me enseñó a distinguir las caras de las rubias peligrosas de las que eran inocentes.

Inquietud social y estética

Casi siempre, una obra cinematográfica puede resumirse, o al menos quedar preservada por la memoria, en una escena o en una cara. Cuando vi las obras de Eisenstein - El acorazado... (1925), Octubre (1928), Alejandro Nevski (1935), Iván el Terrible (1943-45), La conspiración de los boyardos (1948-1958)-, me llamó la atención no sólo el manejo de los grandes grupos y los primeros planos, sino también el hecho de que el director ruso no pudiera evitar la utilización de ciertos elementos que terminaban por exaltar la riqueza estética del mundo contra el que combatía. Por ejemplo, en Octubre , reparé de inmediato en las enormes estatuas neoclásicas de San Petersburgo y la arquitectura de los palacios. A veces aparecen con fines sarcásticos; en otras ocasiones, surgen aisladas e imperturbables en su sueño de piedra. Es imposible no darse cuenta de que la cámara de Eisenstein registra con fascinación la noble grandeza de esas formas. El tamaño de las columnas, las escaleras, los muebles, resalta la pequeñez de los trabajadores que asaltan el Palacio de Invierno y confronta la eternidad con el tiempo.

Unos años después de que hubiera visto las retrospectivas de Eisenstein, se empezaron a estrenar en Buenos Aires las películas de Luchino Visconti. Curiosamente en Livia (1954), El Gatopardo (1963) y, sobre todo, en La caída de los dioses (1969), observé en el italiano lo mismo que me había llamado la atención en el ruso: ese contraste entre lo que el "argumento" y las declaraciones del director desarrollaban y la mirada admirativa del mundo aristocrático que la cámara delataba. La crítica que Visconti, como marxista, hacía de su propia clase social (la aristocracia y la alta burguesía) se traducía en imágenes que tenían más bien el valor de un canto elegíaco y una glorificación decadentista. En la vida real, Visconti jamás protestaba cuando un asistente le daba el trato de "señor conde". Más bien lo aceptaba con complacencia. Todo a su alrededor era lujo y voluptuosidad. Hasta los extras de sus películas eran seres de una hermosura que cortaba la respiración. La tensión que anima las obras de Visconti no hacía sino revelar en imágenes, de un modo lateral, involuntario como un exabrupto o un acto fallido, las mismas contradicciones ideológicas y estéticas de muchos de los artistas e intelectuales revolucionarios o comprometidos que produjeron sus obras después de la Segunda Guerra Mundial y que debieron atravesar las décadas de plomo de 1960 a 1980.

El suspenso

Sentir miedo y, en el fondo, saberse a salvo; matar y tener la coartada perfecta, porque desde la butaca uno es inocente, son placeres y pecados que permite la entrada de cine. De las películas de suspenso, debería citar la filmografía completa de Hitchcock: me conformo con La dama desaparece , 39 escalones , Mi secreto me condena y, sobre todo, Intriga internacional y La ventana indiscreta .

Hay un film francés que me inspiró mucha zozobra, Las diábólicas de Henri-Georges Clouzot, pero no sólo por la trama, sino porque en un momento temí que el misterio se resolviera del modo más pedestre: con una mujer fantasma o una resucitada. ¡Qué alivio cuando comprobé que no había espectros de por medio! Fue una de las pocas veces que estuve sometido, al mismo tiempo, al suspenso argumental y al estilístico. Siempre detesté las películas de fantasmas, de terror y de aparecidos, con la única excepción de La danza de los vampiros , la desopilante parodia de Polanski.

El cine policial, el de suspenso y el "negro" sumaban un atractivo a la intriga: la iluminación y los ambientes, ya fueran de casas pobres, de tugurios o de mansiones. Uno pasaba de una clase social a otra en dos o tres secuencias y descubría objetos que no abundaban en los departamentos porteños de clase media: las piezas valiosas que se robaban, por ejemplo.

Del arte a la decoración

Los grandes directores nos han enseñado desde muy temprano a apreciar las artes plásticas y no sólo en películas biográficas acerca de pintores y escultores (Miguel Ángel; Van Gogh; Caravaggio; Pollock), sino sobre todo en aquellos films que recrean una época o buscan mostrar las tendencias actuales. La kermesse heroica (1935), de Jacques Feyder, es una deliciosa comedia que transcurre en Flandes en el siglo XVII. Hay que verla por lo menos dos veces. Una, para seguir la acción y los diálogos. La otra para identificar los cuadros de los maestros de los Países Bajos en los que se inspiran las escenas de esa obra admirable. Allí están representados Rembrandt, Vermeer, Jan Steen. Tres décadas después, Mauro Bolognini en La Viaccia utilizó el blanco y negro puntillista del pintor Seurat para filmar, envueltas en la niebla, las calles de la Toscana en el siglo XIX, y recurrió a Toulouse-Lautrec para las escenas de prostíbulo (mucho más logradas que las de Vincente Minnelli en Moulin Rouge ).

El cine ha sido un activo difusor del consumo y del triunfo de los estilos en la decoración de interiores. Millones de hogares en todo el mundo se adornaron de acuerdo con lo que los espectadores habían notado en la pantalla. Un ejemplo es Laura (1944), una excelente película de misterio de Otto Preminger con la bellísima Gene Tierney en su mejor momento. El film, que se desarrollaba en cuartos y salones elegantes, formaba parte de las producciones que los estudios hacían para atraer al público que no sólo deseaba desentrañar la intriga de un crimen, sino que además buscaba ideas para decorar sus casas. En esos años, había familias adineradas de raza negra que no tenían acceso a ciertas tiendas donde se las discriminaba, pero además estaban las familias negras y blancas que no podían comprarse nada de lo que Hollywood exhibía. Ese público iba a ver películas al estilo de Laura para estar al tanto de lo que se usaba.

El lujo y el bienestar son un remanso para una buena parte de los espectadores, sobre todo cuando van acompañados por la adaptación de una novela prestigiosa. ¿Qué habría sido de las películas del estadounidense James Ivory sin tener a su disposición las auténticas mansiones de campo inglesas, los anticuarios de Londres y de París y las buenas casas burguesas de Estados Unidos? Habría tenido que apoyarse "tan sólo" en los libros de Edgard Morgan Forster, Henry James y Kazuo Ishiguro para alcanzar el éxito. Maurice (1987), Lo que queda del día (1993), Un amor en Florencia (1985), Las bostonianas , La copa dorada (2001) nos permitieron ver muchas de las residencias y los departamentos en los que jamás podremos entrar, casi como si hojeáramos números de la revista Hola . En una función privada de Cuarteto (Ivory, 1981) en Buenos Aires, apenas empezada la proyección, cuando todavía estaban pasando los títulos y tan sólo se habían visto dos o tres calles de París y algún interior con un hermoso florero, se oyó en medio del silencio y la oscuridad, la voz inconfundible de José Bianco que exclamaba: "¡Qué buena película!", rendido desde el comienzo al encanto retro. Es bueno aclarar que, en 1949, William Wyler logró la hazaña de adaptar de manera brillante Washington Square , de Henry James ( La heredera fue el título en la Argentina), a pesar de que debió administrar recursos modestos. Pero contaba con la interpretación imbatible de Olivia de Havilland y la cara de Montgomery Clift.

Caras de mujer

¡Caras! ¡Caras! La pantalla las ha ofrecido con prodigalidad y ha fijado cánones de belleza relacionadas con la moral. El bien y la belleza han estado unidos desde los tiempos de Platón, Aristóteles y santo Tomás. En una época, las rubias de ojos claros y expresión ingenua representaban a las mujeres con las que se podía construir una familia. Pero el color de pelo no era una garantía. Había rubias platinadas como Jean Harlow que despertaban el deseo, pero jamás el respeto. Marlene Dietrich en manos de Joseph von Sternberg, ese genial y falso aristócrata vienés, podía ser letal, como en El ángel azul (1929), El Expreso de Shanghai (1930) y La Venus rubia (1930). Nada podía señalar mejor el peligro de todo lo que viniera de Oriente, la atracción de lo exótico, el misterio del sexo, que el tocado de plumas negras de Shanghai Lili (la heroína de Shanghai Express ). La elección de esas plumas fue tan ardua y acarreó tantas consecuencias como la discusión del Tratado de Versailles. Travis Banton, el vestuarista, pensó primero en plumas de pájaros del paraíso (las desechó porque no daban el matiz que quería), de cisnes negros (eran demasiado livianas y opacas), de cuervo (muy rígidas), de águila (excesivamente grandes), hasta que pensó en los gallos de riña mexicanos: ese plumaje sabiamente bañado en querosén se irisaba y, bajo los focos, se volvía de una negrura irresistible y siniestra. Ese arreglo ornitológico era una advertencia geopolítica: del Extremo Oriente sólo cabía esperar complicaciones.

¿Cuáles fueron los rostros que marcaron épocas? De Greta Garbo, se adoptó el pelo lacio y corto, las cejas finas y curvas, los labios delgados en forma de puñales que se enfrentan, el pecho andrógino. En Reina Cristina , deslumbra en la escena final, erguida en la proa del barco que la lleva hacia la libertad y el exilio.

Bette Davis no era hermosa, pero podía llegar a serlo si se lo proponía. Uno la detestaba, la adoraba o la compadecía de acuerdo con el guión. En Jezabel (1938), de William Wyler, un film sobre la Guerra de Secesión, era arrebatadora de candor, de una bondad romántica, suave y aguerrida; su abnegación hacía saltar lágrimas; en La loba (1941), también de Wyler, se convertía en una arpía. Hay una escena en que el marido de Davis en la ficción sube agonizante una escalera y le pide ayuda a su mujer (ella anhela la muerte del esposo, que ignora ese detalle). Bette, de espaldas a él y a la escalera, sin moverse, sólo con la expresión de la cara, a la manera de una actriz de teatro kabuki, muestra la encrucijada en la que se encuentra. Sus cejas enarcadas, los ojos desorbitados y la mueca de la boca expresan terror, ansiedad, culpa, crueldad, sadismo y ambición desenfrenada.

Katharine Hepburn, en su juventud, no era considerada hermosa porque no respondía al canon de las mujeres sumisas, de las mujeres objeto o frívolas de los años 30 a 50. No había en ella enigma, como en Dietrich y Garbo, ni signo de fatalidad. Se había adelantado a su época: tenía la belleza de una mujer de hoy, suelta, deportiva, alegre, quizá masculina en sus movimientos, pero de una frescura que la convertía al mismo tiempo en una camarada y en un ser eminentemente deseable.

A partir de Rita Hayworth, sobre todo en Gilda (1946), las mujeres comprendieron que la cabellera larga, brillante, y las piernas interminables eran imprescindibles. En uno de sus Testimonios , Victoria Ocampo cuenta que se encontró de casualidad con Rita en una tienda de Nueva York y lo primero que le llamó la atención fue el pelo que resplandecía de salud moral, si se puede aplicar ese adjetivo a ese sustantivo. Mucho más que en Gilda , Rita se lucía en Salomé (1953), de William Dieterle, cuando bailaba la danza de los siete velos frente a la mirada extasiada y los labios obscenos de Charles Laughton/Herodes. Excitante introducción a la Biblia.

Con la aparición casi simultánea de Marilyn Monroe, Gina Lollobrigida, Brigitte Bardot, Martine Carol y Jayne Mansfield, las jóvenes entendieron que no tenían por qué ser lánguidas como Garbo, y redescubrieron el valor de los pechos y las caderas. Había terminado la guerra. Era la época del Plan Marshall y en Europa se había vuelto a comer bien, mientras que en Estados Unidos, los ejercicios físicos desarrollaban los cuerpos de las mujeres y de los hombres. Y si de salud y crianza se trata, siempre observé que en las películas estadounidenses, los actores nos dan lecciones inmejorables de cepillado de dientes. El cepillo siempre tiene la inclinación justa: 45º sobre la encía.

Quizás el rostro más hermoso del cine italiano (superpoblado de belleza) haya sido el de Lucia Bosé en Crónica de un amor (1950, de Michelangelo Antonioni). Como dijo Piero Tosi: "Tenía la ventaja sobre las otras actrices de que era tísica. Eso le daba un ardor afiebrado a sus ojos y transparencia a la piel".

Así como Marilyn Monroe encabezó la tendencia de las mujeres sexies , Audrey Hepburn, a partir de La princesa que quería vivir (William Wyler, 1953) y, sobre todo, de Sabrina (Billy Wilder, 1954), donde la vistió Hubert de Givenchy, impuso un estilo sofisticado. Con sus ojos y su boca enormes, hizo triunfar otro tipo de belleza, basado en un canon que no era el clásico. A pesar de su elegancia muy femenina y de un chic insuperable, Audrey introdujo con mucha discreción la androginia que aparecería aún con mayor nitidez varios años más tarde, en 1960, con Jean Seberg en Sin aliento (Jean-Luc Godard).

La cola de caballo y la boca pulposa de Brigitte Bardot cundieron en Occidente, asociadas con la imagen de la chica veleidosa y promiscua que enloquecía a los hombres. Las muchachas querían ser como Brigitte en Y Dios creó a la mujer (Roger Vadim, 1956), broncearse desnudas y tener decenas de amantes. Al escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (ver Cine o sardina ) lo cautivaba una mujer del policial negro de Hollywood, que siempre me hechizó, Gloria Grahame ( Cautivos del mal , Vincente Minnelli, 1952; Los sobornados , Fritz Lang, 1953). Era hermosa y muy buena actriz, pero había otras actrices más lindas. Tenía labios carnosos, sobre todo el superior, una voz que podía ser ronca o aterciopelada, siempre envolvente, muy sensual y vulnerable, y una nariz respingada que expresaba la soberbia y el cinismo de quien se defiende del sufrimiento con una máscara. Desde chico, no le podía sacar los ojos de encima, quizá porque, apenas aparecía, estaba seguro de que Gloria iba a traer problemas. Ella era de lo peor. Muchos años después me enteré de que, en la vida real, Gloria se divorció de Nicholas Ray porque él la encontró en la cama con el hijo que el director había tenido en su primer matrimonio. Ocho años más tarde, Gloria se casó con ese muchacho. Quizá lo que yo intuía en ella era ese aspecto oscuro y, aun cuando en la adolescencia todavía no me había enamorado de nadie, me daba cuenta de que siempre se empieza o se termina sufriendo por una mujer o por un hombre que, como decía Proust, no es del todo nuestro tipo. Uno no se enamora del placer, sino de quienes, sin saberlo, son los guardianes de nuestros secretos, es decir, de la desdicha y los enigmas que desconocemos y hacia los que avanzamos, impacientes por desenterrar la clave de nuestras vidas e inmolarnos.

Una mención aparte merece la Norma Desmond de Gloria Swanson en El ocaso de una vida (Billy Wilder, 1950), que tenía como apéndice, pero qué apéndice, la cabeza de hierro de Erich von Stroheim, su sacrificado hombre para todo servicio. Hoy, esa ex estrella del cine mudo, que no puede resignarse a envejecer, pasó de ser un ícono gay a verse imitada hasta el hartazgo por todas las mujeres que aparecen en las "vidrieras" de las revistas del corazón o de sociedad, inflamadas por el Botox e injuriadas por el bisturí.

Si tuviera que elegir una cara de mujer implacable y fascinante como el destino, sería la de Jeanne Moreau en Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1957), Los amantes (Louis Malle, 1958), Moderato cantabile (Peter Brook, 1960), Jules y Jim (François Truffaut, 1962) y Eva (Joseph Losey, 1962). De esa filmografía, rescato sobre todo una escena de claro de luna en Los amantes , que tiene como fondo musical el segundo movimiento del Sexteto n° 2 de Brahms.

Último rostro de la serie: Silvana Mangano en El proceso de Verona (Carlo Lizzani, 1963), donde interpreta a Edda Ciano, la hija de Mussolini; en Edipo Rey (1967) y Teorema (1968), las dos de Pasolini, y sobre todo en las películas de Visconti, Muerte en Venecia (1971) y Grupo de familia (1974). Esa mujer, que fue una bomba sexual en Arroz amargo (Giuseppe De Santis, 1949), había empezado su carrera como una de las muchas actrices italianas hermosas del período para convertirse en una figura trágica a veces; otras, de un lirismo arrebatador, que exaltaba y, a la vez, devoraba con su presencia todo lo que aparecía en la pantalla. Y cuando Visconti se lo ordenaba, como en Grupo de familia , podía con un gesto y el tono chirriante de su personaje sintetizar la vulgaridad de la burguesía consumista y sin escrúpulos de hoy.

Caras de hombres

Hay cuatro actores que recuerdo de inmediato, sin consultar ningún libro. El primero, Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo (Elia Kazan, 1951), contenido apenas en una musculosa y en un vaquero, que deslumbraba por su actuación y por la carga de sexualidad de todo su cuerpo. Era el más hermoso bruto que se haya visto nunca en la pantalla. En un artículo de Sur , Victoria Ocampo describió la espalda de Marlon como "una antorcha de carne dorada" (la película era en blanco y negro). La fuerza erótica de Brando todavía se apreciaba, y cómo, en Último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972); sin embargo, Marlon era un actor tan formidable que podía desentenderse de su aura sexual ese mismo año para interpretar la inolvidable El padrino (Francis Ford Coppola, 1972). La segunda cara notable en mi lista es la de Montgomery Clift en La heredera (William Wyler, 1951) y en Ambiciones que matan (George Stevens, 1951) junto con su íntima amiga Elizabeth Taylor (los dos tenían el mismo glorioso sex appeal ; él era mucho más refinado y ella, más velluda: no paraba de depilarse los brazos). El tercer rostro memorable es James Dean en Al este del Paraíso (Elia Kazan, 1955) y Rebeldes sin causa (Nicholas Ray, 1955). ...ste fue un film profético porque anticipó mucho de lo que pasaría con los jóvenes e impuso el uniforme de todo hombre de hoy: jeans y t-shirt . Algo decisivo ocurrió en el mundo masculino con la aparición de Brando y James Dean: las nuevas generaciones adoptaron un tipo de gesticulación por completo distinta, como si hubieran estudiado en masa en el Actor´s Studio. Todos querían ser como Marlon y James y, en algunos casos, se resignaban a lucir como Sal Mineo, el ambiguo amigo de Dean en Rebeldes .

La cuarta cara notable es la de Burt Lancaster, pero no en la época en que era un joven y apuesto galán, sino cuando Visconti lo eligió para El Gatopardo y Grupo de familia . Quizá no haya en la historia del cine una mirada más noble, imperiosa y melancólica que la de Lancaster en esos films. Esa mirada representa el fin de una cultura basada en la aristocracia que no nace de la sangre sino del espíritu. La tristeza de esos ojos no es sólo la de quien se despide de la vida porque va a morir, sino la de quien presencia el derrumbe de todo aquello en lo que creyó y asiste al triunfo de los bárbaros, que llegan con su carga de valores distintos, esperanzas y crueldad.

Las llaves del reino

En la posguerra, el neorrealismo italiano fue la puerta de entrada de un nuevo cine europeo que cambió el gusto del público en la Argentina. Hoy, parece imposible que Obsesión (Visconti, 1942), basada en la novela El cartero siempre llama dos veces , de James M. Cain, se hubiera filmado durante el fascismo. En la adaptación de Visconti, la pobreza y la sordidez de los ambientes en que el film se desarrolla, la apostura ruda de Massimo Girotti tenían la contundencia de una declaración de principios y eran una denuncia temeraria en contra del régimen de Mussolini. Cuatro años después, Tay Garnett filmó una versión hollywoodense con Lana Turner. Basta comparar esas dos películas para darse cuenta de la diferencia entre los "productos" hechos a medida, sobre la base de fórmulas, y las propuestas que los europeos, en medio de la guerra, concebían. Con todo, en Obsesión , no había una imagen que sirviera como símbolo de la nueva estética. Fue el rostro de Anna Magnani en Roma, ciudad abierta (Rossellini, 1945) el que se convirtió en emblema del neorrealismo, de un tipo de películas que se atrevían a mostrar lo que ocurría: escenas de miseria, tortura, lesbianismo y drogas en medio de la opresión nazi. Pero más allá del valor histórico de las obras de Rossellini, las más conmovedoras del movimiento fueron Ladrones de bicicletas (1948) y Umberto D (1952), las dos de Vittorio De Sica. La historia de Umberto, el jubilado acosado por la miseria que piensa en el suicidio, denunció con crudeza un problema que habría de convertirse en una situación habitual en todo el mundo.

Había una diferencia fundamental entre los films que llegaban de Hollywood durante las décadas de 1950 a 1970 y los que provenían de Europa y Asia. Era evidente que los nuevos directores europeos buscaban en sus obras un sentido a sus propias vidas y a la sociedad. No se trataba tan sólo de películas o "productos" destinados a entretener; en esas imágenes de espíritu joven y diferente había un deseo de riesgo, de desafío al orden establecido, a las convenciones, y también gritos de denuncia y dolor.

En esos años, se produjeron muchas innovaciones en el lenguaje cinematográfico, pero si tuviera que elegir el film que más me conmovió en toda mi vida, ése sería La Strada , de Federico Fellini (1954), despojado de todo rebuscamiento y alarde formal. Fellini cuenta la historia de Gelsomina (Giulietta Masina), una mujer inocente, desamparada, quizá medio loca, quizá tonta, de una ternura y una gracia irresistibles, que fue vendida por su familia a Zampanó (Anthony Quinn), un hombre tosco y brutal. Los dos recorren los caminos más desolados de Italia en una especie de carro armado sobre una motocicleta, donde viven. Se ganan la vida exhibiéndose en las plazas como humildísimos artistas de variedades que apenas si saben tocar la trompeta, hacer chistes y demostraciones de fuerza (a cargo de Zampanó). En una escena clave del film, el personaje de "Il Matto" (el Loco), un equilibrista, interpretado por Richard Basehart, consuela a Gelsomina. Ella se pregunta con angustia qué hace al lado de un hombre cruel, grosero, hosco como Zampanó, al que sin embargo quiere. Su congoja la lleva más allá: ¿por qué ha nacido? Il Matto toma una piedrita del suelo, se la muestra y le dice que él no sabe, quizá nadie sepa para qué sirve esa pequeña piedra; sin embargo, si existe, si la sostiene entre sus manos, para algo debe de servir. Del mismo modo el sentido de la vida de Gelsomina, le explica con una sonrisa, debe de tener una razón y esa razón quizá sea acompañar a ese hombre en apariencia insensible, que no le demuestra afecto y que más bien parece despreciarla. Ella está bajo el cielo para que Zampanó no sufra la soledad.

Después de La Strada , llegaron los otros films admirables, tan distintos y tan parecidos entre sí, de Fellini: La dolce vita y sobre todo Ocho y medio (1963), donde el director se enfrenta a un hecho al que todo gran artista se ha enfrentado alguna vez cuando va a realizar su obra maestra, pero no lo sabe: no tiene nada que decir, pero de todos modos quiere decir esa nada. Proust en A la recherche... , confiesa que desea escribir un libro, pero no sabe sobre qué. El curso de los años le revela que el tema nunca hallado de su obra, ese tema que buscó sin jamás poder encontrar, estuvo siempre con él: es la vida que ha vivido, el tiempo pasado y perdido que debe recuperar en el libro que va a empezar. Es el mismo tema que aborda Fellini, de un modo circular como la ronda final de Ocho y medio , una ronda donde aparecen los mismos seres que nos han mostrado sus historias en el film que acabamos de ver.

Había otros directores italianos, como Renato Castellani, que filmaba producciones de tono muy distinto, al estilo de El brigante (1961), sobre una rebelión campesina en Calabria. En su momento, me pareció una de las películas sociales más bellas que se hayan filmado jamás. En la Argentina, apenas si llegó a estar una semana en cartelera. No tenía nada de libelo y reflejaba la decepción de los oprimidos después del fin de la guerra. Había caído el fascismo, habían triunfado los aliados, pero los poderosos seguían siendo los mismos e imponían la miseria a quienes cultivaban sus tierras. La escena del levantamiento de los trabajadores tenía una formidable fuerza épica y cada figura parecía una estatua clásica en la que los pliegues de la ropa recordaban los de las esculturas griegas. Como prueba de su versatilidad, el mismo Castellani, en 1954, había dirigido una película exquisita, Romeo y Julieta , con Laurence Harvey y Susan Shentall. Sólo recuerdo otro film basado en una obra de Shakespeare de la misma calidad, si no superior, El Rey Lear , del ucraniano Grigori Kozintsev (1971), en particular la escena de la tormenta en la que Lear lucha, despojado del poder, contra la lluvia, el viento y el infortunio. La música pertenece a Shostakovich y la traducción del inglés al ruso (lamentable no poder apreciarla) es de Boris Pasternak, Premio Nobel de Literatura de 1958. Por cierto, el cine soviético sabía adaptar obras literarias y piezas teatrales como ninguna otra cinematografía. La dama del perrito (Iosif Kheifis, 1960), inspirada en un cuento de Chejov, era la historia de un amor imposible, en una estación balnearia a fines del siglo XIX. Tampoco había alardes de lenguaje en esa película, sólo miradas y una melodía conmovedora que, recuerdo, Victoria Ocampo reproducía de oído, con una sola mano, en el piano de Villa Victoria en Mar del Plata. Esa misma destreza para las recreaciones de época y las adaptaciones se pudo apreciar mucho después en las películas de Nijita Mijalkov: La esclava del amor (1976), Pieza inconclusa para piano mecánico (1977), la espléndida Oblomov (1980), basada en una novela de Goncharov, que es el más delicioso, tierno y angustioso relato sobre la pereza, la melancolía y sus consecuencias.

En 1960 se estrenó Hiroshima, mon amour , de Alain Resnais. Tuvo el efecto de una verdadera bomba cultural. Los jóvenes que seguían de cerca la actualidad cinematográfica se sabían de memoria los diálogos de la película, escritos por Marguerite Duras. La memoria del amor, la guerra, la ocupación nazi, la explosión atómica, la traición y la carne, la humillación y el orgullo, todo eso se sucedía con la música de Georges Delarue y Giovanni Fosco. Y, además estaban los textos de Duras, de una línea melódica y de un ritmo envolvente, obsesivo, del que uno no podía desprenderse.

Casi al mismo tiempo se sucedieron o "estallaron" Sin aliento (Jean-Luc Godard, 1959), Los cuatrocientos golpes , Disparen sobre el pianista (una avalancha de carcajadas) y Jules y Jim (las tres de François Truffaut) y, para simplificar la lista, la filmografía completa de Eric Rohmer, desde Mi noche con Maud ( 1969) y El rayo verde (1986) hasta La inglesa y el duque (2000). De Jules y Jim , todo me cautivó: la amistad entre los hombres, Jeanne Moreau cuando canta y cuando corre por un puente disfrazada de muchachito. De las imágenes emanaba la frescura y, al mismo tiempo, la gravedad que uno anhela cuando se es joven.

Aún no mencioné a Ingmar Bergman. Sus películas eran exigentes; algunos de sus títulos, cargados de símbolos, se volvían incomprensibles y se prestaban a infinitas interpretaciones. De todos modos, uno encontraba en esas atmósferas, en los personajes, la densidad que había faltado durante años en el cine internacional. Si tuviera que mencionar uno solo de sus films, eligiría Cuando huye el día (1957), la historia de un anciano que se despide de la vida en el rincón de las fresas salvajes.

Los directores que surgieron en Europa después de la Segunda Guerra pretendían con su mundo abrazar el mundo, para decirlo de un modo simple y casi brutal. Buscaban dotar a la vida o a sus vidas de un sentido, aun cuando muchos mostraban el absurdo, el caos y la desesperanza, pero incluso en esos cineastas, el desengaño revelaba la nostalgia de la unidad perdida. De esos autores, sólo encuentro hoy un heredero que me entusiasma: Pedro Almodóvar. En cualquiera de sus películas ( Entre tinieblas , La ley del deseo , Mujeres al borde de un ataque de nervios , Hable con ella , Volver ), hasta en las que menos me gustan, hay algo que siempre me interesa. Citará películas de otros directores, habrá adquirido tics, hará alusiones para entendidos: no importa. Por sobre todo eso, está su humor inimitable que no requiere erudición cinéfila, el desparpajo, la mezcla de géneros, el melodrama que osa decir su nombre, los colores chillones a los que uno se termina acostumbrando, y la glorificación del bolero, un género que reinventó para felicidad de todos. El hecho de que Almodóvar exista, como existe Woody Allen y tantos que no he podido nombrar por una cuestión de espacio, hace que lea semana a semana la lista de los estrenos en busca de un nuevo nombre, de un nuevo título, de alguien que permita darle otro sentido, quizás el definitivo, a la piedrita con la que juego en el bolsillo.

© LA NACION

11/5/10

NO ES POR AGUAR LA FIESTA...PERO...


Mockus más allá de los mitos: más guerra y privatizaciones





Radio Café Stereo


Es tal la magnitud de la crisis que vive Colombia que muchos se han sumado a la campaña verde cerrando los ojos porque creen que se debe hacer valer el voto útil, elegir al menos malo o al que consideran que, por lo menos, es ético. 
La honestidad es una norma de conducta fundamental. En este punto hay acuerdo general. Pero ella no basta. Todos los candidatos deben demostrar su probidad. Es el punto de partida de cualquier campaña electoral decente.

La corrupción ha crecido tanto en el Gobierno de Álvaro Uribe que la rectitud parece ser ahora la única tabla de medición de los aspirantes a la Presidencia. Sin embargo, además de ella deberían tenerse en cuenta otras aptitudes determinantes.

Entre otras cosas, porque en nombre de la transparencia también se puede actuar en contravía de los intereses colectivos. Por ejemplo, entregar bienes públicos en detrimento del erario bajo la controvertida figura de la "capitalizació n", como hizo Antanas Mockus con una parte de la Empresa de Energía de Bogotá, no es consecuente.

Y precipitarse detrás de una opción sin importar lo que su líder plantea de fondo, más allá de la forma, es una decisión que puede resultar costosa. No se trata de que el candidato o su partido se identifiquen en todos los puntos con el pensamiento de cada elector. Pero sí en los asuntos medulares, irrenunciables.

Los seguidores de Mockus proceden de dos ámbitos: 1.-) uribistas que saben que el ex alcalde de Bogotá no representa ningún riesgo para la continuidad de la "seguridad democrática", y, 2.) no uribistas, que lo ven como la única opción viable frente al poderío del Gobierno.

Los primeros perciben a Mockus como una alternativa ante el cansancio que les causa un mandato corrupto al que, sin embargo, han acompañado durante ocho años perdonándole todo: la parapolítica, la yidispolítica, los "falsos positivos", las chuzadas del DAS, el Agro Ingreso Seguro, los privilegios para los hijos del Presidente y tantos escándalos más.

A este primer grupo Mockus le brinda confianza, pues es conocido que el candidato verde dará continuidad a la estrategia de confrontación prolongada que desarrolla Uribe y, además, es sabido que Mockus, por su carácter neoliberal, seguirá la senda de las privatizaciones y el fortalecimiento de la "confianza inversionista" .

Lo anterior explica la enorme simpatía que en periodistas del establecimiento, uribistas de primera línea, ha despertado Mockus y el inusitado impulso que varios de los grandes medios de comunicación están dándole a su campaña, apoyo que incide de forma determinante en su crecimiento en las encuestas.

Los del segundo grupo, los no uribistas, sienten a Mockus como "la única forma de frenar a Santos y sus falsos positivos", y desestiman a quienes proponen debates más allá de las formas, como si no quisieran que les aguijonearan la burbuja en la que parecen estar.

Figuran en este sector algunos que en la consulta interna del Polo rechazaron la candidatura de Carlos Gaviria y ahora no dudan en abandonar el barco al ver al escogido, Gustavo Petro, sin opciones.

Los interrogantes
Así, es importante auscultar los planeamientos de Mockus en relación con algunos de los asuntos medulares de la realidad colombiana, pues está rodeado de muchos mitos que pintan al candidato como un paradigma de cambio social que parece no ser real.

Algunos de los interrogantes que sobre él surgen son:
*  ¿Gastará, como Uribe en 2009, $19,2 billones anuales del Presupuesto Nacional en la "seguridad democrática" que ha prometido continuar?
*  ¿Privatizará el 15% de Ecopetrol, la principal empresa del Estado, como propuso Sergio Fajardo?
*  ¿Vender las entidades públicas más productivas es una herramienta válida para financiar la educación y otros ámbitos sociales?
*  ¿Continúa siendo partidario del cobro escalonado de matrículas, como cuando fue rector de la Universidad Nacional?
*  ¿Sigue creyendo que los decretos de Uribe sobre salud "son legítimos" y que la crisis del sector se resuelve con más impuestos?
*  ¿Los gravámenes a todos los estratos son la vía para afrontar los problemas del país?
*  ¿Dónde están las grandes estrategias de defensa del medio ambiente que se supone son el fuerte de un partido Verde?
*  ¿Su respaldo a la reforma laboral de 2003, que atenta contra derechos de los trabajadores, sigue en pie?
*  ¿Por qué se fue a la sombra de Opción Centro, el grupo amigo del procesado senador Gil, y no optó por construir partido propio?
* ¿Cree en realidad que "las balas también son un recurso pedagógicas" como dijo hace poco?
*  ¿Por qué se atemoriza ante los regaños de Uribe y ruega que lo siga considerando "un firme timonel de la seguridad"?
*  ¿A eso se debe su rotundo no al acuerdo humanitario?
1.- Mockus y la guerra: "un timonel firme"
En relación con el conflicto existente en Colombia desde hace 62 años Mockus no se diferencia en lo fundamental de la estrategia de Uribe. Como casi todos los candidatos presidenciales, con sus matices, respalda la estrategia de la "seguridad democrática" y brinda confianza al establecimiento.

Leamos la valoración que de su posición sobre este asunto hizo el presidente Uribe el 20 de junio de 2003, cuando lo condecoraba con la Estrella de la Policía: "…he encontrado en el alcalde Mockus un timonel firme, sin vacilaciones y sin titubeos".  [1] 

Uribe caracterizó muy bien a Mockus en cuanto a su pensamiento, así por estos días, cuando desarrolla una campaña sectaria y con abierta participación en política en favor de su preferido, Juan Manuel Santos, el Presidente trate de introducir algunas dudas, más de forma que de fondo sobre el aspirante del Partido Verde.

"El alcalde Mockus ha apoyado a la Fuerza Pública en Bogotá con toda determinación, sin reservas y ha sido una formidable combinación de pedagogía de la convivencia y de ejercicio firme de la autoridad", dijo Uribe hace apenas diez meses en el mismo acto.

A las críticas que recientemente Uribe le ha formulado, Mockus ha respondido mostrándose extrañado, afirmando de manera sumisa: "Usted es mi presidente, usted es mi presidente" y cambiando el nombre a la "seguridad democrática" de Uribe por el de "legalidad democrática". ¿Otra cuestión de forma, nada más?

En entrevista con el noticiero CM&, al responder a críticas de Andrés Felipe Arias, Mockus saltó un argumento absurdo, pero sintomático sobre el conflicto colombiano: "¡Las balas también son una herramienta pedagógica!". [2]

Y en el documento por medio del cual pactó su alianza con Sergio Fajardo, al identificar la violencia como uno de los problemas del país, no incluye ni una palabra de condena a los crímenes de Estado cometidos durante el actual Gobierno.  [3]

Todo indica que a los uribistas que acompañan ahora masivamente a Mockus lo expuesto en este punto les es indiferente, y es muy probable también que los no uribistas se hagan los de la vista gorda y no les importe su rechazo al acuerdo humanitario. Es cuestión de táctica, dirán, y agregarán que "los esencialismos son anacrónicos".

En términos claros y concretos, sin titubeos ni recursos anecdóticos, la pregunta que muchos esperan que Mockus resuelva es qué hará para sacar el país de la guerra, si repetirá el gasto que Uribe hizo de $19,2 billones del Presupuesto Nacional en 2009 para la confrontación. ¿Seguirá esta senda si es elegido?
2.- Mockus y la política: buscando partido
La actitud del aspirante ante la política ha sido idealizada y se le presenta como el adversario de la politiquería tradicional. Para empezar, hay que recordar que en 1998 fue candidato a la Vicepresidencia de Noemí Sanín, la hoy aspirante del Partido Conservador.

Mockus aún añora esa alianza. "Tengo mi ladito muy conservador", dijo en la entrevista con CM& que hemos citado antes, tras reconocer "lo bueno del Partido Conservador".

En 2006, este matemático de origen lituano fue candidato presidencial de la Alianza Social Indígena, ASI, y, sin embargo, no escogió su fórmula vicepresidencial entre las etnias originarias colombianas, como era de esperarse.

La seleccionada en aquella ocasión fue María Isabel Patiño, dirigente de Asocolflores, un gremio de grandes exportadores a quienes les cuestionan el trato que dan a los trabajadores vinculados a esa agroindustria.

Su votación en 2006 fue exigua: 146.583 votos, es decir, el 1,23% del total, mientras Carlos Gaviria, el candidato presidencial de la izquierda, logró 2.613.157 votos, el 22% del total, un porcentaje similar al que Mockus alcanza hoy en las encuestas y por el cual es presentado como un fenómeno político.

De acuerdo con la última encuesta, la de la firma Ipsos-Napoleó n Franco para RCN y Semana, Mockus tiene el 20% del favoritismo, frente al 30 de Juan Manuel Santos, el candidato directo del establecimiento, y el 12% de Noemí Sanín.

Hace cuatro años Carlos Gaviria, con un perfil decididamente de izquierda, despertaba también un gran entusiasmo, el cual se reflejaría en su altísima votación, por encima de la de Horacio Serpa, el aspirante liberal.

Además, es bueno recordar el contexto de la participación de Gaviria: se trataba de confrontar directamente a Uribe, que buscaba su reelección con todo el poder de su maquinaria.

No es tan cierto entonces que la favorabilidad de un candidato visto como alternativo no tenga precedentes, como afirman los medios masivos de comunicación. Y para ir un poco más atrás en la historia contemporánea, Galán, Jaramillo Ossa, Pardo Leal también despertaron expectativas inusitadas en sus momentos.

Mockus ha hecho su recorrido por no pocos escenarios políticos, pues participó en el movimiento Sí Colombia de Noemí Sanín, fundó Visionarios con Antanas, se arrimó a la ASI y recaló en el Partido Opción Centro

Con Enrique Peñalosa (apoyado por Uribe en las elecciones para la Alcaldía de Bogotá de 2007), y Luis Eduardo Garzón derivó en una agrupación que ya poseía representació n en la Cámara y que lo exoneraba de la ardua tarea de recolectar firmas para inscribirse.

Pero Opción Centro tiene sus antecedentes: se trata de un partido en el que algunos de sus líderes tuvieron nexos con Convergencia Ciudadana, colectividad extinguida hoy por efectos de la parapolítica.

Veamos cómo presentó el portal La Silla Vacía, en septiembre de 2009, los contactos de los 'Tres Tenores' con los orientadores del partido centrista.

"Peñalosa, Mockus y Garzón no estaban dispuestos a 'adherirse' a este partido, y su objetivo era entrar en condiciones de igualdad (a mandar). También querían aclarar exactamente el alcance de la relación de los directivos del Partido Verde Opción Centro con Convergencia Ciudadana".  [4]

Según el mismo portal, el partido tiene origen en los ex militantes del M-19 Héctor Elías Pineda y Carlos Ramón González, lo mismo que en Daniel García, hijo de Néstor García, también del M-19.
"La estrecha relación de González y otros miembros con el ex senador de Santander Luis Alberto Gil, hoy en la cárcel por parapolítica, y el apoyo del partido a listas de Gil en Santander crearon una sombra sobre el partido", dice La Silla Vacía en su reseña.

De esas sombras nadie se volvió a acordar, y menos ahora, cuando el pequeño partido de centro en el que Mockus y sus amigos se acomodaron hace seis meses se perfila hoy como la segunda fuerza electoral del país. ¿Desaparecieron las sombras al calor de la ola verde?
3.- Mockus y la socioeconomía: ¿más privatizaciones?
Las mayores expectativas, especialmente de los jóvenes, están en el ámbito de las reformas sociales y económicas. El acuerdo Mockus-Fajardo, que podríamos asumir como programa de la fórmula presidencial, no es nada explícito en esta materia.

Su contenido es un cúmulo de generalidades sin estrategias, que cualquier político firmaría sin importar su procedencia partidista o ideológica. Lo que sí es claro es la posición definidamente neoliberal de Mockus, la cual aplicó en sus alcaldías (1995-97 y 2001-03).

Partidario de gravámenes generalizados, sin distingos de clases, así lo deja ver en su compromiso con Fajardo cuando anuncia que se proponen "asegurar el pago de impuestos justos y adecuados".   [5]

Está por verse cuan "justos y adecuados" serán las nuevas cargas que en un gobierno suyo se implementarían, ya que el ex alcalde no es ajeno a aceptar las exigencias que hacen los organismos de la banca internacional.

Y es conocida también su defensa de las privatizaciones de empresas estatales, con todas las secuelas que en materia de dilapidación del capital social acumulado en ellas tienen decisiones de esa naturaleza.

Por eso, la Unión Sindical Obrera, USO, le dirigió una carta en la que lo interroga sobre la propuesta de su compañero de fórmula, Sergio Fajardo, en el sentido de privatizar el 15% de Ecopetrol supuestamente para financiar planes de educación.

"Esta propuesta, además de ser contraria al interés nacional, demuestra la poca creatividad de su campaña, pues continúa con la política de privatización implementada por el gobierno de Uribe, que se inició con la autorización de la venta del 20% de Ecopetrol", dice la USO en su carta.   [6] 

Luego de recordar que las transferencias generadas por Ecopetrol al Presupuesto Nacional en 2009 fueron nada menos que $18,66 billones, la USO le pide a la fórmula Mockus-Fajardo que explique "Lo que representaría para la nación la venta de un 15% adicional de Ecopetrol, puesto que en términos de rentabilidad social las utilidades futuras de ese 15% irían al bolsillo de los nuevos dueños y no para el beneficio del pueblo colombiano".  [7]

Mockus parece no desesperarse por las desigualdades sociales. Haciendo uso de una de las numerosas anécdotas con las que suele responder, hace poco recordó que no le importaría pagar sueldos millonarios a altos ejecutivos con tal de que éstos ayuden a generar empleos.  [8]

El candidato verde desarrolla su campaña, en todo caso, mostrándose como el defensor de la legalidad, discurso desde el cual se pueden validar toda clase de acciones, hasta los atropellos cometidos por las leyes que aprueba la mayoría vocera de la clase dominante, como la nefasta reforma laboral de 2003 (Ley 789), que Mockus no cuestiona ni se propone modificar.

Tampoco incomodaron a Mockus los decretos de emergencia social expedidos por Uribe, que la Corte Constitucional declaró inexequibles (contrarios a la Carta Política) en la noche del viernes 16 de abril. Los consideró necesarios.

"Tocaba declarar la emergencia y tocaba buscar recursos frescos, tocaba ahorrar recursos… En su conjunto la acción es legítima, es necesaria", respondió en una entrevista realizada por La W Radio.   [9]

Luego de conocida la caída de esas normas, Mockus se solidarizó con el Gobierno y dijo que lo apoyaba en su propósito de llevar los decretos de emergencia tan nocivos para la salud de los colombianos al Congreso con el fin de que su bancada los apruebe prontamente. ¿Será esto corresponder al clamor nacional?

De su opción por los impuestos a toda costa no queda duda. En la entrevista referida lo patentó: "Hay que ir pensando de dónde va a salir esa plata [la de la salud] y esa plata sale necesariamente, en última instancia, de impuestos".   [10]

La posición frente a las desigualdades y las iniquidades es la línea que marca la diferencia entre la derecha, que las ve naturales e inevitables, y la izquierda, que las considera creadas por las clases dominantes y extinguibles por la acción de los movimientos sociales.

A Mockus no parecen desvelarlo esas desigualdades, no las cuestiona en sus raíces, para él simplemente existen y hay que hacer algo para contrarrestarlas.

Y para concluir, qué responde el candidato ante denuncias como la formulada por el investigador social Aurelio Suárez Montoya, para quien "generaciones de estudiantes de la Universidad Nacional pagan altas matrículas o soportan exclusión desde cuando Mockus ingenió el cobro escalonado".  [11]

Sería muy importante que Mockus resolviera interrogantes como los formulados en este artículo, y muchos otros, como la ausencia de propuestas ecológicas en una colectividad que se denomina, precisamente, Partido Verde.

No vaya a ser que el verde se quede solo en una presentación simbólica que atrae a muchas personas aferradas a una esperanza, pero que, sin embargo, no formulan preguntas porque quieren creer en alguien, aunque para ello sólo se atengan a sus sentimientos y no a sus razonamientos.

Notas
[1]  Ver el discurso de Álvaro Uribe en: http://www.presiden cia.gov.co/ prensa_new/ discursos/ discursos2003/ junio/ascenso. htm
[2]  Así lo expuso en la entrevista con Yamit Amad, director del noticiero de televisión CM&, el 14 de abril de 2010.
[3]  La Unión Hace la Fuerza, pacto de unión entre el Partido Verde y el movimiento Compromiso Ciudadano.
[4]  Ver el artículo Los 'Tres Mosqueteros' al fin Encontraron Opción en el Centro, en:http://www.lasillav acia.com/ historia/ 4214.
[5]  La Unión Hace la Fuerza…
[6]  Carta Pública de la Unión Sindical Obrera, USO, del 9 de abril de 2010, firmada por Germán Osman Mantilla e Isnardo Lozano Gómez, presidente y secretario general, respectivamente.
[7]  Ibídem.
[8]  Entrevista con Yamit Amad…
[9]  Entrevista en La W Radio realizada el 11 de febrero de 2010.
[10]  Entrevista en La W…
[11]  Ver el artículo La Negra Historia de los 'Verdes', versión virtual, Bogotá, 6 de abril de 2010.
 
http://www.ajpl. nu/radio/ index.php? option=com_ content&view=article&id=756:mockus- mas-alla- de-los-mitos&catid=81:europe&Itemid=458

12/4/10

España, invitado de honor en el Eurocine 2010

Este festival llega a su versión número 16 con lo mejor del cine del viejo continente

El pasado 23 de febrero un jurado escogió la imagen oficial del Festival de Cine Europeo, Eurocine 2010. Con una calificación de 90 puntos ganó el afiche de Jaime Gómez.fOTO jaime Gómez.fUENTES:elespectador.com;vive.in

"Este miércoles a las 8 de la noche se dará inicio a Eurocine 2010 con la proyección de 'Camino', película española dirigida por Javier Fesser que cuenta la aventura de una niña de 11 años que se enfrenta al mismo tiempo a dos acontecimientos que son completamente nuevos para ella: enamorarse y morir.

Como este año España es el país invitado de honor al festival, es por eso que esta película abrirá oficialmente la versión número 16 de Eurocine en el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá.

La participación del país ibérico se divide en dos grandes grupos, uno compuesto por siete filmes realizados recientemente y que hacen parte de la sección oficial de Eurocine: Barcelona un Mapa, Camino, Caótica Ana, En la ciudad de Sylvia, Forasteros, La mujer del Anarquista y Yo.

El otro grupo es 'Retrospectiva de óperas primas', en donde se exhibirán en siete películas producidas en los últimos 20 años. Algunas ya se han presentado en Colombia pero otras son totalmente nuevas: Azul oscuro casi negro, El Bola, El truco del manco, Intacto, Tapas, Tesis y Tres.

Otra de las novedades del festival es que la muestra fílmica se divide en seis secciones: 'Sección oficial' que incluye una retrospectiva del cine español; 'En foco', que tendrá una mirada femenina; 'Arte & cine', selección de películas que están en la frontera entre arte y cine; 'Europa' en cortos un recorrido por destacados cortometrajes europeos; 'Eurocine comunitario', con películas seleccionadas para ser exhibidas en bibliotecas y centros comunitarios de Bogotá, Medellín y Cali; y 'Homenaje', que en 2010 trae filmes del recién fallecido realizador francés Eric Rohmer.

En Eurocine 2010 se proyectarán cerca de una veintena de películas, la gran mayoría producidas recientemente en Suiza, Suecia, Rumania, República Checa, Reino Unido, Polonia, Portugal, Países Bajos, Italia, Francia, España, Bulgaria, Bélgica, Austria, Alemania, y Turquía y Noruega, países que participan por primera vez.

El festival estará hasta el 25 de abril en Bogotá y luego viajará a Cali, Medellín, Pereira y Bucaramanga. Consulte aquí la sinopsis de cada filme y para ver la programación de Bogotá haga clic aquí.

Cortos en In Vitro Visual

En cuanto a los cortos, los organizadores destacan dos grandes grupos de filmes. El primero es Eurochanel, un homenaje a la Europa del futuro que en esta segunda edición reúne trabajos de los países miembros de la Unión Europea, así como los países de la península balcánica y Turquía. De otro lado está Short Matters 09, selección de cortometrajes que han participado en los Premios del Cine Europeo 2009.

Los cortometrajes se podrán ver en Bogotá en In Vitro Visual (calle 59 No 6 - 38) el 15, 20, 22 y 29 de abril. Para ver la programación completa haga clic aquí.

Eurocine social

Con el objeto de llevar el séptimo arte a más personas este año la Fundación Festival de Cine Europeo en Colombia ha organizado exhibiciones en bibliotecas públicas y en centros comunitarios del Distrito de Aguablanca de Cali, la Comuna 13 de Medellín y Ciudad Bolívar de Bogotá.

The age of stupid (La edad de la estupidez) de Reino Unido; Solino, Kebab connection (Conexión a Kebab), Wer führer stirbt ist Langer tot (Decisiones de ultratumba), Die tranen meine mutter (Las lágrimas de mi madre), Punktchen und Anton ((Ana Luisa y Anton) de Alemania, las animaciones Entre perros y lobos de Francia, y Home (Hogar) de Suiza, serán los filmes exhibidos en este ciclo especial comunitario de Eurocine 2010.

Para ver la programación de las proyecciones en las bibliotecas de Bogotá haga clic aquí.

Para ver la programación de las proyecciones en Ciudad Bolívar haga clic aquí.