8/5/11

Pérez-Reverte vuelve a toparse con el fantasma del plagio

El escritor, condenado a pagar 80.000 euros tras tres sentencias exculpatorias

Arturo Pérez-Reverte, en 2008.foto:Gorga Lejarcegi.fuente:elpais.com

El guión de la película Gitano, estrenada en 2000 con Joaquín Cortés y Laetitia Casta al frente del reparto, les podría costar al escritor Arturo Pérez-Reverte y a su coautor, Manuel Palacios, 80.000 euros tras la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid por una acusación de plagio. El cineasta Antonio González-Vigil demandó en 2003 a los guionistas por las supuestas coincidencias con su película Corazones púrpura. El demandante exigía el doble de dinero, 160.890 euros. La sentencia ha sido recurrida ante la sala 1ª del Tribunal Supremo. El escritor confía en ganar este último round.
"Está clarísimo que alguien me ha hecho una emboscada en la Audiencia Provincial de Madrid. Lo que me sorprende es que una evidente maniobra de chantaje para sacarme dinero intentada hace casi 10 años tenga ahora, de pronto, de un día para otro, el extraño respaldo de una juez que de ese modo prescinde de las anteriores sentencias de sus colegas", señaló ayer en un comunicado el creador del capitán Alatriste.

En la misma nota, el escritor murciano apunta que las coincidencias entre ambas historias se deben a los lugares comunes del género: "Decir que hay plagio porque en un guión aparecen gitanos, droga, música flamenca y venganzas es como decir que en una del Oeste hay plagio porque salen un sheriff, bandidos, indios y una chica del saloon". "A nadie de buena fe le cabe en la cabeza que con mi vida y mi carrera profesional yo necesitara copiar una historia de alguien a quien no conocía y sigo sin conocer", añade.

Según el tribunal, el demandante, González-Vigil, entregó en los años 1995-1996 su guion a Origen PC, a la postre la productora de Gitano, lo que supone que "cuando menos la parte demandada tuvo la posibilidad de acceder entonces a la obra del demandante", informa la agencia Efe. De esta forma, la Audiencia descarta que las similitudes sean derivadas de "clichés" e insiste en que hay "significativos indicios de que ha existido cierta transmisión conceptual, argumental, estructural, relacional y de atmósfera".

Tras la lectura de ambos guiones y el análisis de "siete informes comparativos", el texto asegura que "existe un alto de grado de coincidencia". Además, recoge las conclusiones de un curioso segundo perito: un experto en juegos de azar. Para este especialista, "desde el punto de vista cuantitativo existen setenta y siete coincidencias, aunque unas tengan mayor relevancia que otras".

Sobre este aspecto, Pérez-Reverte ha señalado que el tribunal ha tomado como perito a un "jugador profesional de ruleta". Según el escritor, ambos informes "aparte de la escasa seriedad que suponen", fueron encargados y pagados por el demandante y desestimados por anteriores jueces. "Es una extraña sentencia, que ignora tres anteriores que afirman que no hubo plagio. Ignora por completo, de modo sorprendente, la existencia de dos sentencias penales firmes y una tercera del juzgado mercantil de Madrid afirmando que no hay plagio, así como tres informes del fiscal en el mismo sentido", continúa en su nota el acusado. Según Reverte, la juez tampoco ha tomado en cuenta los testimonios de profesionales, entre ellos un perito de la SGAE. "Sin embargo, la autora de esta nueva sentencia da más crédito al informe de una perito argentina, hecho en Argentina, y al informe basado en un supuesto cálculo de probabilidades".

Entre las coincidencias, argumentales y conceptuales, que señala el fallo están que el protagonista de Corazones púrpura y el de Gitano salen de la cárcel tras cumplir una condena de dos años por drogas. Ambos mantienen una relación sexual con una prostituta. En las dos hay policías corruptos cocainómanos y sus protagonistas se enamoran de "una gitanilla, familia de un antiguo amor y que se dedica al mundo del espectáculo". "En sendos guiones aparece como figura preponderante en el desenlace el patriarca del clan gitano, el Tío Paco, en Corazones púrpura, y Manuel Junco, en Gitano".

La sentencia se detiene en un detalle: en los dos dramas un personaje pronuncia la misma frase bíblica: "Mi reino no es de este mundo".

19/4/11

El filme colombiano 'Porfirio' participará en el Festival de Cannes

La Quincena de Realizadores, sección paralela al festival de cine de Cannes, presentó su selección de filmes, entre los que figuran cuatro producciones con participación de países latinoamericanos y una suizo-portuguesa.

Se trata de "Porfirio", dirigido por Alejandro Landes, una coproducción entre Colombia, España, Uruguay, Argentina y Francia; "Mila Caos", germano-cubana dirigida por Simon Paetau, "Le veilleur de nuit", de Natalia Almada (EEUU-México-Francia) y "O abismo prateado", de Karim Aïnouz (Brasil).

También participará en esta Quincena la película suizo-portuguesa "Nuvem", dirigida por Basil da Cunha.

"Porfirio" y el filme brasileño forman parte de la selección de 21 largometrajes que este año presentará la Quincena de Realizadores y los otros tres son cortometrajes, precisaron los organizadores.

La Quincena de Realizadores es una sección paralela al festival de cine de Cannes que fue creada por la Société des réalisateurs de films (SRF) con el objetivo es "descubrir filmes de jóvenes autores y saludar las obras de directores reconocidos".

En la Quincena de Realizadores han participado directores como Werner Herzog, Rainer Werner Fassbinder, Nagisa Oshima, George Lucas, Martin Scorsese, Ken Loach y Jim Jarmusch.

La lista de realizadores que presentaron sus primeros filmes en esta sección incluye además a Michael Haneke, Spike Lee, Luc y Jean-Pierre Dardenne y Sofia Coppola.

La edición de este año, que coincide con el Festival de Cannes, se celebrará en esa ciudad de la Costa Azul francesa entre el 12 y el 22 de mayo próximos. fuente: EFE

15/4/11

"Carlos": El furor, la sangre y la impostura

Olivier Assayas retrata en cinco horas y media (dos y media para el cine) el paisaje devastado de un época entera. Una obra maestra

Edgar Ramírez como Carlos.Fotograma de la película.fuente:elmundo.es

¿Qué tiene un terrorista que no tenga, por decir algo, un bocadillo de mortadela? En los últimos años, hemos asistido a una especie de glorificación y algo más de aquella extraña receta que hizo del idealismo material inflamable. Hablamos de la década de los 70. Desde la hagiografía del 'Che' firmada por Steven Soderbergh al nervioso retrato de la 'Baader Meinhof' de Uli Edel pasando por el desasosegado 'Buenos días, noche', de Marco Bellocchio, o, ya metidos en faena, la convencional y arrolladora 'Munich', del siempre efectivo Spielberg; todas han hecho de la explosión, con perdón, una bella arte.

Por completar la lista cabría añadir la cinta, presentada en la última Berlinale, del alemán Andres Veiel 'Wer wenn nicht wir', de nuevo a vueltas con los años de plomo, o -y hemos llegado- el retrato del terrorista más buscado de todos los tiempos que Olivier Assayas presentó en Cannes y que, por fin, se estrena en España: 'Carlos'.

Para situarnos, lo que se verá en los cines es apenas un fragmento de una de las películas (llamémosla así) más arriesgadas, febriles y tensas de los últimos tiempos. Suena exagerado, pero no queda más remedio: el entusiasmo no deja rehenes. La cinta, pensada originalmente para esa televisión que ya nada tiene que envidiar al cine, se va por encima de las cinco horas (330 minutos de vellón) y ofrece antes que un retrato al uso, una fría disección de algo más que un sujeto enfermo de furia y ruido.

Lo que el director hace pasar por el escáner de su cámara es una época entera o, si se prefiere, la euforia que se vivió en aquel tiempo; un tiempo marcado por la posibilidad de todo, por la completa ceguera ante la realidad, por la fiebre de futuro. Tan cursi como devastador.

Narcisismo y repulsión

Apenas empieza la película, vemos al actor Edgar Ramírez en el papel de 'El chacal' desnudo frente al espejo después de una atentado fallido. En esa simple escena, entre el narcisismo y la repulsión, se resume el ideario de lo que vendrá después. No se trata simplemente de la crónica infectada del idealista que se convierte en mercenario, es algo más; es la perfecta y cuidadosa descripción de un estado del alma, cualquiera de ellas.

Carlos fue el nombre de guerra de un venezolano criado en la Unión Soviética y que vino al mundo con el rumboso nombre de Ilich Ramírez Sánchez. El convencimiento revolucionario de su progenitor fue el esponsable de su nombre y del de sus dos hermanos: uno se llamó Vladimir y el otro Lenin. La cinta obvia la formación espiritual del 'héroe' (atentos a la cursiva) para arrancar en los años calientes, cuando a finales de los 60 y principios de los 70 se involucró en el conflicto de Oriente Medio afiliándose Frente Popular para la Liberación de Palestina.

Lo que sigue aparece dividio en tres grandes bloques. Cada uno de ellos sigue paso a paso la evolución anímica y moral tanto de él como de la época de que le da cobijo. Desde las primeras escaramuzas por las calles de París al espectacular secuestro del avión con los líderes de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) para acabar consumido por la estupidez, el tedio y las proclamas más rancias en un extraño agujero entre Sudán y el simple desierto.

Se piensa mientras se actúa

Mientras Carlos formula su rosario de frases hechas, gestos aprendidos y ritos iluminados, el mundo gira a su alrededor. Desde la mala conciencia de Occidente, 'Carlos' es contemplando como un héroe (sin cursiva) tan molesto como necesario. Desde la otra parte del mundo (el explotado), Carlos es sencillamente una herramienta con la que coser y descoser alianzas, con la que chantajear a unos y castigar a otros.

El ideario antisionista, antiimperialista, anticapitalista de Carlos sirve igual para poner bombas en Egipto, en Libia (que claro se entiende ahora lo de Gadafi), en Siria o, ya puestos, en París. También aparece ETA. Y así, de la mano de la cámara siempre nerviosa de Assayas (se piensa mientras se actúa), emerge la imagen de un tiempo enfermo, tan enfermo que se declaró incapaz de entender que la sangre es sangre y un cuerpo mutilado un cuerpo mutilado. No hay retórica revolucionaria capaz de dar sentido a la barbarie.

El director, como ya hiciera en cada una de sus mejores películas (de 'Demonlover' a 'Boarding gate'), sigue fiel a su ideario de no permitir el reposo. Las cosas se resuelven mientras el objetivo de la cámara se desplaza entre la desesperación, el miedo, el poder, el sexo, la realidad y su imagen. Sobre el papel no hay más que un 'biopic' al ritmo de una música extraña y fuera de época. En la pantalla, sin embargo, es mucho más. Assayas evita un acercamiento glorificador a lo 'Scarface' y se esfuerza en mantener con su protagonista una distancia moral por la que se cuela la mirada del espectador; un espectador que es invitado a cuestionarse cada uno de los tranquilizadores lugares comunes que pueblan su doliente mala conciencia.

Carlos empieza desnudo, excitado, con el sexo hirviendo frente al espejo después de haber disparado a bocajarro a un policía. Cuando termina la película se pelea acomplejado contra la nada incipiente barriga mientras se duele de un problema en los testículos. Vanidad, dolor y huevos. Tan triste como, en efecto, un bocadillo de mortadela. De repente, todas las películas citadas en el primer párrafo se antojan perfecta y dolorosamente inncesarias. Duele. A veces, el cine, el de verdad, duele.

Nota: Increíble el actor Edgar Ramírez empeñado en una 'brandoniana' exaltación de sí mismo. Canonización ya

10/4/11

Queda la conciencia implacable

Sidney Lumet fallece a los 86 años tras una larga carrera - El realizador de Doce hombres sin piedad concebía el cine como una forma de analizar el mundo

Sidney Lumet, durante el rodaje de su filme Daniel en junio de 1996.foto.fuente:elpais.com

Sidney Lumet, fallecido ayer en Manhattan a los 86 años, fue un implacable retratista del lado oscuro de la sociedad estadounidense. Pocos directores han dado en la llaga tantas veces y de forma tan certera. A través de títulos como Doce hombres sin piedad, Sérpico, Tarde de perros o Network. Un mundo implacable, Lumet fue uno de esos artistas capaces de convertirse en la conciencia crítica de un país y nunca abandonó la garra combativa.

Sus películas, de factura clásica, eran muchas veces oscuras y siempre mostraban los recovecos menos amables de Estados Unidos. Nacido en Filadelfia, aunque pasó la mayor parte de su vida en Nueva York, una ciudad profundamente ligada a su cine, Lumet es autor de cerca de 40 películas (y de más de 70 títulos si se incluyen también sus trabajos para televisión). Recibió un Oscar honorífico por el conjunto de su obra en 2005: hicieron falta cincuenta años de cine para que Hollywood reconociese el trabajo de un director que había rodado muchas escenas que formaban parte de la memoria colectiva. Pero nunca se mudó a California, ni fue complaciente con la industria ni quiso adaptar su discurso a las modas.

Su carrera, en una industria que acorrala demasiadas veces a los veteranos, fue extraordinariamente larga: dirigió sus primeros capítulos para series a principios de los años cincuenta, realizó su primer filme en 1957 -Doce hombres sin piedad, su segundo fue Todos los hombres del rey, una versión para televisión de la implacable novela ganadora del Pulitzer de Robert Penn Warren- y el último en 2007, Antes que el diablo sepa que has muerto.

Lumet siempre concibió el cine como una forma de análisis del mundo en el que vivía y, desde sus primeros títulos, lanzó una mirada nada complaciente hacia el mundo contemporáneo. Con los años no se fue dulcificando, más bien todo lo contrario, porque pocas películas tan desangeladas y certeras ha ofrecido el cine contemporáneo como Antes que el diablo sepa que has muerto. Su título más conocido es Doce hombres sin piedad (1957), una versión de la obra de Reginald Rose con la que se estrenó en la gran pantalla, en la que despedaza el sistema judicial estadounidense. Este filme, convertido en un clásico, refleja su estilo: blanco y negro sin concesiones, una historia llena de suspense que esconde mucha crítica social y, a la vez, un canto a la solidaridad y el compromiso, encarnado en la figura de Henry Fonda, que decide no dejarse arrastrar por la rutina sino tratar de que se haga justicia.

En la última entrevista a este diario, Lumet explicaba que no tenía móvil ni ordenador. "La gente se pasa 10 horas frente a la pantalla y lo triste es que piensa que está comunicándose", dijo entonces. "Escribo a mano. Y no quiero que me impongan el estar siempre disponible. Si me buscan pueden llamarme por teléfono y dejar un mensaje en el contestador. Y en cuanto a Internet, creo que me queda poco tiempo de vida y prefiero invertirlo en aprender más sobre las personas que sobre las cosas". En aquella entrevista, que se desarrolló en su barrio, el Upper West Side de Manhattan, relataba también su forma de enfrentarse a las películas: "Hay muy buenas historias que contar relacionadas con el lado oscuro del ser humano. Y si creas razones que justifiquen las decisiones de los personajes, te sale una buena película".

En esa búsqueda constante del lado oscuro, no dejó títere con cabeza. Network. Un mundo implacable (1976), con Robert Duvall, Faye Dunaway y William Holden, es todavía uno de los retratos más devastadores que se han hecho del mundo de la televisión y se rodó antes de que la telerrealidad asaltase las pantallas. Tarde de perros (1975), con un Al Pacino para algunos sobreactuado, describe la historia de un perdedor que asalta un banco para que su pareja pueda hacerse una operación de cambio de sexo en una sociedad rota en medio de una enorme crisis económica. De nuevo, un tema totalmente contemporáneo.

Sérpico (1973), con Al Pacino otra vez, y La noche cae sobre Manhattan (1996), con Andy García, Ian Holm, James Gandolfini -Toni Soprano antes de entrar en la familia de Nueva Jersey- y Lena Olin son dos títulos impresendibles sobre la corrupción, sobre las grietas en el sistema, en las que personajes idealistas tratan de sobrevivir sin manchas en un mundo que no tiene piedad.

Incluso las películas alimenticias que dominaron sus últimos años (Negocios de familia, Una extraña entre nosotros, El abogado del diablo, A la mañana siguiente, hasta el remake de Gloria) tienen ritmo y suspense, una factura más que correcta y, sobre todo, siempre dejan escapar ese sentido social, ese compromiso que dominó todo su cine. En su obituario, The New York Times recuerda una frase de Lumet: "Aunque el objetivo de todas las películas es entretener, el tipo de cine en el que creo va más allá. Obliga al espectador a enfrentarse a su propia conciencia, a estimular su inteligencia".

Resulta difícil elegir un solo título de Lumet (más allá de Doce hombres sin piedad), pero quizás El prestamista (1964) sea su filme más completo y devastador. Relata la historia del dueño de una tienda de empeños, interpretado por Rod Steiger, en el barrio neoyorquino de Harlem. Es un superviviente del Holocausto, un hombre que ha perdido la confianza en los seres humanos, que se enfrenta a profundas contradicciones que le provoca su oficio. Es una película sobre la justicia y la injusticia, sobre la soledad, sobre la solidaridad y el egoísmo. Es, al final, un filme sobre los abismos de la humanidad. Como todo el cine de Lumet.


El gran Lumet menos conocido

9/4/11

"Carlos' es una anomalía en el cine"

Olivier Assayas narra los avatares del rodaje y exhibición de su filme sobre El Chacal

Edgar Ramírez (derecha) en una secuencia de Carlos, en la que se recrea el asalto a la sede de la OPEP en Viena, en 1975.

El cineasta Olivier Assayas, ayer en Valencia.- JORDI VICENT.fuente:elpais.com

Mientras engulle a empellones un sándwich de salmón y una taza de té bajo el sol de la primavera valenciana, Olivier Assayas (París, 1955) se sigue preguntando cómo demonios consiguió hacer una película como Carlos.

Contar la vida y milagros de Ilich Ramírez Sánchez, alias Carlos, alias El Chacal, bestia negra de las policías y servicios secretos de media Europa en los años setenta, enemigo público número 1 en Francia, heraldo negro del terrorismo internacional, el mercenario total, el rufián revestido de ideología marxista que secuestró en Viena a los ministros de la OPEP... y todo ello hacerlo en cinco horas y media de trepidante cine, con toda la libertad del mundo por parte de sus productores, 13 millones de euros en el bolsillo y la inestimable cooperación de un actor con toda la pinta de acabar convertido en superestrella en un día no muy lejano -el venezolano Edgar Ramírez- no parecía precisamente sencillo. "Es más, parecía una locura y yo estaba aterrado... Me considero una excepción dentro del cine europeo de hoy por haber podido estrenar algo así, una película fruto de circunstancias milagrosas", explica Assayas, quien ayer inauguró con Carlos la Mostra de Valencia.

La película llegará a siete salas españolas el próximo viernes 15, aunque no lo hará en su versión íntegra, como hubiera deseado su autor, sino únicamente en un montaje de dos horas y 40 minutos. El distribuidor y exhibidor Enrique González Macho -uno de los dos candidatos a la presidencia de la Academia de Cine que se dirimirá este domingo- compró lel largo el año pasado en el Festival de Cannes, donde fue proyectada (aquella vez sí, en versión íntegra) y donde provocó un agrio debate en torno a su naturaleza cinematográfica o televisiva, debate que acabó con la retirada de la película de la sección a concurso. Finalmente, el exhibidor español decidió estrenarla solo en la versión corta, contrariamente a lo que ha ocurrido en otros países como Estados Unidos, Reino Unido o Francia, donde salió en ambas versiones. Cosas del cine, de su financiación (en este caso, Canal Plus Francia) y de sus ventanas de exhibición. En la Mostra sí que podrá verse el montaje del director. Y en junio, Canal Plus la estrenará en forma de miniserie de tres capítulos, en su metraje íntegro.

En opinión del realizador de Finales de agosto, principios de septiembre, debates como aquel de Cannes son "totalmente arcaicos a día de hoy". Y lo argumenta así: "Cine, televisión, un montaje, el otro, qué más da... La forma en que vemos el cine evoluciona sin parar. Y no podemos hacer como si no estuviera pasando nada. Replegarse sobre actitudes dogmáticas no tiene sentido, va contra la modernidad del cine".

Se lo pensó mucho el director francés antes de lanzarse a algo tan peliagudo como contar la vida de Ilich Ramírez, quien por cierto cumple condena perpetua en la prisión de Clairvaux, desde donde interpuso una demanda judicial contra los productores de la película. "Es normal que no le gustara... él sigue negando casi todos los hechos que aquí se presentan", comenta Assayas, quien evoca así el origen de este proyecto: "Hay que decir que yo tenía mucho miedo de hacer esta película y pedí carta blanca al 100% para hacerla. Puso unas condiciones durísimas a los productores y pensé: 'Imposible que las acepten'. No quería estrellas, quería rodar en todas las lenguas originales y en cinemascope, no quería rodar en Marruecos sino en Líbano aunque fuera más complicado, y el guión lo escribía yo y no admitía un pero. Me dijeron 'sí' a todo. Hoy en día, en Europa, es imposible tener ese nivel de libertad para una película de 13 millones de euros. Carlos es una anomalía en el cine". Dos de aquellas estrellas que no quiso fueron Javier Bardem y Gael García Bernal. "Bardem es genial, pero no daba la edad, y Gael no era creíble en parecido físico".

Encontrar el sabio y deseable término medio entre el síndrome de Estocolmo y la manía cerval a un asesino como Ilich Ramírez fue lo que más preocupó a Olivier Assayas desde un punto de vista de aproximación al personaje: "Era una de las cuestiones que más me obsesionó mientras estaba preparando la película. Estamos ante un personaje violento y detestable, pero también apasionante. Y me dije: '¿De verdad tengo ganas de vivir durante dos años con este tipo o me acabará asfixiando?'. Y por extraño que parezca, creo que fue el actor Edgar Ramírez quien me dio la solución, porque fue él quien se apropió de Carlos. Digamos que yo dirigí Carlos desde fuera, y Edgar Ramírez lo hizo desde dentro".

La referencia literaria que Assayas tuvo siempre en mente a la hora de pensar cómo plasmar las correrías del gran criminal y su impacto en la sociedad de la época no fue cualquiera. Se llama, ni más ni menos, Shakespeare: "Mientras escribía el guión pensaba en Shakespeare, ¡salvando las distancias, evidentemente! Una dramaturgia donde se hace hablar a reyes y a ministros, y donde la acción transcurre lo mismo en Malta que en Londres que en Escocia, y que encierra por un lado como la cosmogonía de una época y algo relativo al concepto universal de poder. Bueno, es que nadie será nunca tan moderno como Shakespeare... Aún lo estamos estudiando, nunca se acaba".

Esos profesionales del terror

8/4/11

Fondo para el Desarrollo Cinematográfico

Las convocatorias del FDC buscan apoyar de manera integral y en forma no reembolsable mediante asignaciones directas y gratuitas de recursos cada año, proyectos cinematográficos colombianos en todas sus etapas pasando desde el desarrollo de guiones y proyectos, producción, posproducción, hasta las de promoción distribución y exhibición

También apoya el concepto integral de la cinematografía a través del auspicio a actividades de formación de técnicos, creativos, realizadores, así como la formación de públicos como manera de invitar a hacer cine y a entender con sentido crítico los contenidos audiovisuales, la lucha contra la piratería y, por supuesto, la conservación del patrimonio audiovisual colombiano en una amplia gama de mecanismos.

fuente:Direccion de cinematografía

'De aquí a la eternidad', un poco gay

Una editorial digital publicará la versión original de la novela

Montgomery Clift y Frank Sinatra, en un fotograma de 'De aquí a la eternidad'.foto.fuente:elmundo.es

La versión original de la novela 'De aquí a la eternidad', de James Jones, saldrá a la luz 60 años después de su primera edición con una nueva faceta: la de una novela, al menos parcialmente, homoerótica.

Las referencias a la homosexualidad de la obra (dos escenas, según informa la BBC), que fueron eludidas por lealtad al Ejército, se podrán leer gracias al acuerdo al que han llegado los herederos de Jones con la editorial digital Open Road.

'De aquí a la eternidad' narra la vida de varios soldados estadounidenses destinados en Hawaii en los meses previos al bombardeo de Pearl Harbor. Entre ellos, destaca el soldado raso Angelo Maggio, que, en la versión cinematográfica de la novela (dirigida por Fred Zinnemann en 1954) interpretó Frank Sinatra (ganador de un Oscar al mejor actor secundario). En la nueva versión de la novela, Maggio confiesa que ha pagado a un hombre por tener relaciones sexuales con él.

Otra trama censurada y ahora rescatada cuenta la investigación que el Ejército emprende para conocer las actividades homosexuales de sus tropas.

James Jones, que combatió con el Ejército de EE UU, se casó y tuvo dos hijos, también fue el autor de otras novelas bélicas adaptadas al cine con éxito. Por ejemplo, 'La delgada línea roja', adaptada por Terence Malick.

"Mi padre luchó duramente por conservar cada palabra de su manuscrito", ha dicho Kaylie, la hija de Jones, a 'The New York Times'. "Pero los editores estaban preocupados por pasar el filtro de la censura".

Open Road publicará otros seis títulos de Jones, incluido el inédito 'To the end of the war'.