2/2/14

Fallece el actor Philip Seymour Hoffman

El cadáver del actor, ganador del Oscar con Capote, ha sido encontrado esta mañana en su apartamento en Nueva York

El actor estadounidense Philip Seymour Hoffman. / Jeff Dunas. /elpais.com

Las noticias que llegaban sobre sus adicciones a los medicamentos y a la heroína, y sus entradas y salidas de clínicas de rehabilitación no hacían prever este fatal desenlace: el cuerpo de Philip Seymour Hoffmanha sido encontrado esta mañana en su apartamento de la calle Bethune en el neoyorquino barrio de West Village.La policía de Nueva York está investigando las causas de la muerte. El cadáver ha aparecido en el baño con una jeringuilla clavada, a su lado restos de lo que parece heroína en un sobre (en la casa han aparecido seis papelinas), y lo encontró un amigo guionista, a las 11.30. En The New York Times, un oficial de la policía asegura: "Está bastante claro que fue una sobredosis. La jeringuilla estaba en su brazo". El amigo se había acercado a casa de Hoffman porque el actor no había ido a recoger a sus tres hijos, el mayor de diez años, fruto de su larga relación, ya acabada, con la diseñadora de vestuario Mimi O'Donnell.
A sus 46 años, Seymour Hoffman estaba considerado uno de los más brillantes actores actuales. Ganador del Oscar por Capote, candidato tres veces más con La guerra de Charlie Wilson, La duda y The master,también tuvo una fructífera carrera en teatro: compitió dos veces por los Tony. Y en televisión también estuvo dos veces compitiendo por el Emmy. "Soy un perfeccionista, un problema si eres actor. Cada entrada en escena es la primera vez. Yo no repito tomas, sino que vuelvo a hacerlas. Son conceptos diferentes", contaba en una entrevista en el suplemento Tentaciones.
Durante toda su carrera este actor neoyorquino de cuerpo rechoncho, más alto de lo que parecía en pantalla e indudable bonhomía, luchó por la originalidad. Por mucho que se supiera que salía en el reparto, Hoffman, que se dejaba o quitaba la barba según lo pidiera el papel, desaparecía en favor de la película. Y si no, no hay más que recordar al periodista de Casi famosos, al técnico de sonido homosexual en rodajes porno de Boogie nights, al cura lascivo de Cold mountain, el enfermero de Magnolia, a su Truman Capote, al malo de Misión: Imposible III, al oficial de la CIA de La guerra de Charlie Wilson, al ambiguo padre Flynn de La duda, al entrenador de béisbol ajado de Moneyball, al cínico asesor político de Los idus de marzo o al hipnótico creador de una secta en The master. Si hubiera que escoger un intérprete de Hollywood del que podíamos esperar grandes trabajos en el futuro, ese era Hoffman, que aún así entendía la importancia de la colaboración. En una entrevista en EL PAÍS, el hoy fallecido aseguraba: "Los actores no competimos. Si caes en ese pique tu interpretación será nefasta. Es imposible un buen trabajo sin el apoyo de tus compañeros. Hay quien dice que actuar es como hacer el amor. Tampoco estoy de acuerdo. Es demasiado simplista pensar que actuar es lo mismo que seducir".
Participó en cinco de las seis películas de Paul Thomas Anderson
En mayo, Hoffman ingresó durante 10 días en una clínica de desintoxicación. Él mismo contó a la web 'TMZ' que estaba enganchado a las pastillas y que había estado esnifando heroína. Algo que le recordaba a su paso estudiantil, ya que mientras estudió en la Universidad de Nueva York ya se dio a varios excesos, que cortó radicalmente tras graduarse a los 22 años.
Hijo de un exejecutivo de Xerox y de una abogada, Philip Seymour Hoffman nació el 23 de julio de 1967. Su voz, que fue tornándose más grave con la edad, y su físico le ayudaron a encarnar papeles de mayor edad que la suya. Desde el instituto tuvo claro que lo suyo era actuar: ya en 1984 asistió a la escuela de teatro de la New York State Summer School of the Arts. Y al acabar el instituto participó en el Circle in the Square Theatre, un curso de actuación de verano. En 1989 se tituló en Interpretación en la la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York, donde fundó la compañía teatral Bullstoi Ensemble, junto a Benneth Miller, que años después le dirigiría en Truman Capote y enMoneyball. "A excepción de un par de años que me mudé a Los Ángeles por una relación sentimental, he vivido siempre en Nueva York y tiene su razón de ser. Es la capital del teatro. Pero también me gusta el cine. Me gustan las palabras desde antes incluso de aprender a leer. Y la voz. Soy muy consciente, en mis papeles, del tono de voz. Envejezco y mi energía y mi cuerpo son diferentes. Pero tengo las mismas inseguridades o la misma certeza en mi trabajo que tenía antes". Esa consciencia del material con el que contaba le hizo centrarse en una carrera repleta de secundarios, de personajes de esos que se comen a dentelladas a los protagonistas, los famosos robaplanos. "¿La gente? A veces me identifican con mis personajes, pero no saben quién soy".
Tras licenciarse, participó en un episodio de la serie Ley y Orden. En 1992 ya trabajó en cuatro películas, y la primera que estrenó fueEsencia de mujer. Entre esa decena de personajes secundarios de mitad de los noventa -Twister, Cuando un hombre ama a una mujer, La huida- está el que interpretó en Hard Eight, Sidney, la primera película de Paul Thomas Anderson, su director fetiche: ha estado en cinco de sus seis largometrajes. Llega la explosión de Hoffman: Boogie nights, Próxima parada Wonderland, Magnolia, El gran Lebowski, Happiness, State & Main, Casi famosos y El talento de Mr. Ripley.
Yo no repito tomas, sino que vuelvo a hacerlas. Son conceptos diferentes"
El siglo XXI lo inició con Con amor, Liza, un filme independiente rodado con 900.000 euros, escrito por su hermano Gordy y dirigido por su amigo Todd Louiso, en el que encarnó a uno de sus pocos protagonistas. Entre la treintena de trabajos de estos últimos 13 años están Embriagado de amor, Cold muntain, Y entonces llegó ella (todo actor tiene un borrón), Misión: Imposible III, la última noche...Y en 2005 Truman Capote, que le reportó un oscar más que merecido.
Recorrer su carrera es asistir a grandes títulos, a colaboraciones con enormes directores, como la que le unió con Sidney Lumet en Antes que el diablo sepa que has muerto, o con Richard Curtis en Radio encubierta.
En esa búsqueda de guiones y películas distintas, como Synecdoche, Nueva York o Increíble pero falso, siempre fue de la mano de Paul Thomas Anderson, que le regaló el papel de Lancaster Dodd, el fundador de una secta con evidente paralelismo con la Cienciología, enThe master.
Sus dos últimos estrenos en España han sido El último concierto, en el que encarna a un segundo violín de un talentoso cuarteto de cuerda, yLos juegos del hambre: en llamas, una serie que tendrá que replantearse ahora cómo retomar su personaje. Recién estrenada en Estados Unidos queda God's pockett, y pendiente aún de su lanzamiento comercial está la que puede que sea una enorme y postrera interpretación: la que regalaen A most wanted man, thriller dirigido por Anton Corbijn. Ambas fueron proyectadas en el pasado festival de Sundance.
En un comunicado, su familia ha declarado: "Estamos devastados por la pérdida de nuestro querido Phil y apreciamos las muestras efusivas de amor y apoyo que hemos recibido de todos. Esta es una pérdida trágica y repentina, y les pedimos que respeten nuestra privacidad durante este tiempo de duelo. Por favor, tengan a Phil en sus pensamientos y oraciones".

23/1/14

El día en que Quentin Tarantino se enfadó y hundió su proyecto

Hasta los más grandes tienen un mal día. Y Quentin Tarantino tuvo ayer uno malo malo. Por culpa de alguien cercano a él, o -la versión que parece que el cineasta cree- por culpa del representante de un actor cercano a él, el guion de su nuevo proyecto, el western The hateful eight, se había filtrado


Quentin Tarantino hunde su propio proyecto por filtración del guión/elpais.com
Y ayer, en una entrevista con la web Deadline, tras confesarse "muy muy deprimido", decidió cortar por lo sano: adiós al western, hará otra cosa: "Tengo diez ideas más en la cabeza".
ImagesCABJNA1HTarantino es un personaje muy goloso para la web, llena de fans sedientos de información sobre su idolatrado director. Ni tampoco era el primer guion del director de Pulp fiction que se filtraba: en mayo de 2011 ya le ocurrió con Django desencadenado. Tras el buen sabor que le dejó el rodaje de este western, Tarantino decidió que su siguiente proyecto también se desarrollaría dentro de este género, y que bebería de Los siete magníficos, y por tanto de su fuente original: Los siete samuráis.
Pero ya no será así -o al menos estos días, porque el mismo Tarantino dice en Deadline que puede cambiar de opinión-. Y sin embargo sí lo publicará: ha empezado a buscar editores. ¿Por qué? Porque alguien lo ha filtrado. El cineasta enseñó el guion -"Un primer borrador, porque yo no pensaba rodar hasta el invierno del año que viene"- a seis personas. Estaba tan en sus inicios que no había hablado aún mucho con Harvey Weinstein sobre la producción de The hateful eight. "Se lo di a uno de los productors de Django desencadenado, Reggie Hudlin, que permitió que un agente fuera a su casa y lo leyera". Tarantino le acusa de traición, pero aclara que él no es el culpable, porque el libreto no salió de la casa. "Se lo pasé a tres actores, Tim Roth, Michael Madsen y Bruce Dern. Sé que Tim no lo hizo, así que uno de los otros dos dejó que su agente lo leyera y a su vez se lo pasara a todo Hollywood".
Bruce_Dern_promo_187720244Tarantino descubrió la filtración porque su propio agente empezó a recibir llamadas de representantes ofreciendo a sus clientes para una película que al parecer era muy coral. Como el cineasta no había puesto marca de aguas en las copias no es fácil saber de quién es la culpa, aunque él sospecha de la todopoderosa agencia CAA, que lleva a Bruce Dern. "Ni siquiera se lo había enseñado a Christoph [Waltz] o a Sam Jackson". A la vez que The hateful eight, Tarantino estaba con otro guion, que estaba escribien do ante la lejanía del posible rodaje del western, del que no cuenta el género, así que será ese otro el que haga. "Si las musas me llaman para rodar posteriormente el western, lo haré". Lo que sí parece seguro es que Bruce Dern, tras su resurrección con Nebraska, estará en la próxima de Tarantino, sea cual sea, porque el cinesta se declara gran fan del actor, que ahora tiene 77 años.

20/1/14

Scorsese y el Sodoma y Gomorra de Wall Street Read

Bajo la advertencia de que podría ser su última película, el genial Martin Scorsese entrega con El lobo de Wall Street su trabajo más enloquecido

Jonah Hill y Leonardo Dicaprio en El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese

Protagonizada y producida por Leonardo DiCaprio, en la piel del broker Jordan Belfort, construye una colosal épica de ascensión y caída que se suma a los monumentales frescos de Uno de los nuestros y Casino. Llevado por el humor negro y el exceso, retrata el mundo financiero como un festín de sexo, drogas y dólares
En la carta que Martin Scorsese le escribe a su hija, publicada en L'Espresso el pasado 2 de enero, el director neoyorquino entona algo parecido al canto fúnebre de su oficio: “En los últimos años, me he dado cuenta de que la idea del cine con la que crecí, de las películas que te mostré de pequeña [...], está llegando a su final”. Le escribe también a su hija Francesca (actriz nacida en 1999) que, en todo caso, no ve el futuro con pesimismo, que ese “futuro será brillante porque por primera vez en la historia de esta forma de arte, las películas se pueden hacer con muy poco dinero”.
Es posible que su último trabajo, El lobo de Wall Street, que ha costado la friolera de cien millones de dólares y siete años de trabajo mano a mano con Leonardo DiCaprio (protagonista y productor de la cinta), la haya realizado desde la conciencia de que representa un final de ciclo. Para él y para el cine. De hecho, amenaza Scorsese con que esta gran épica basada en las desquiciadas, honestas memorias del broker Jordan Belfort (editadas por Planeta) pondrá fin a su carrera cinematográfica. Sería sin duda un digno colofón a su filmografía, pues a su manera el filme se ofrece como culminación de un discurso en torno al exceso y el sentido moral de la naturaleza humana, la que ha explorado de forma obsesiva durante décadas; pero sería también una lamentable pérdida para el arte cinematográfico.
Pocos cineastas de su generación, aquella que reinventó el sistema de estudios hollywoodense, han sobrevivido con el prestigio intacto, pocos han sabido bailar al ritmo del cine contemporáneo sin perder el paso. A sus 71 años, la energía de su cine se resiste a envejecer. “He tenido que encontrar una energía más furiosa”, explica el cineasta a propósito de El lobo de Wall Street, una enfebrecida épica americana de ascensión y caída de tres horas de duración propulsadas por el motor de la cocaína, capaces de alumbrar varios de esos momentos memorables que han hecho tan grande al autor de Taxi Driver.
Tremendamente ambiciosa, todo en la película parece diseñado desde la conciencia de que Scorsese quería firmar una nueva, quizá una última, obra maestra. Y así, desde luego, será celebrada por muchos. Especialmente por la confortable tradición que aún busca obras perfectas en el contexto de un cine contemporáneo que admiramos precisamente por su elogio a la imperfección. El lobo de Wall Street es un filme lunático, fuera de órbita, poseído por el desenfreno. “¿Qué sentido tendría realizar una película que expone la corrupción en el mundo financiero de un modo convencional?”, se pregunta el cineasta. “¡Eso ya se ha hecho!”. La experiencia de su visionado puede apelar a los efectos del consumo de estupefacientes, esos que habitan en prácticamente cada plano del filme para glosar el festín de codicia y de hedonismo que se apoderó de los mercados bursátiles de los años ochenta en adelante. Pareciera que todo aquello que le interesó a Scorsese del documentalInside Job (2010, Charles Ferguson) en torno a la crisis financiera es el bloque en el que describe la fauna de Wall Street como una manada hambrienta de putas y cocaína. Y el líder de la manada fue Belfort.



Leonardo Dicaprio lleva al límite su interpretación de Belfort.

En el universo de Scorsese, Wall Street solo podía ser retratado como el equivalente de la Mafia. “Jordan Belfort es el hermano de Henry Hill, el protagonista de Uno de los nuestros -sostiene el director-. Su último objetivo es el mismo, el dinero, las chicas, la cocaína, y la jerarquía de Wall Street tiene una estructura similar a la de la Mafia. Puede que cambie el decorado, que la amoralidad sea más política, pero son la misma cosa”. Así que los gánsters son ahora los brokers de la Bolsa, las pistolas de aquéllos son los teléfonos de estos, los charcos de sangre son los fajos de billetes. “¡Stratton Oakmant es América!”, grita Belfort. Y así es, la firma bursátil que dirige con orgullo, que marcó un antes y un después en Wall Street (ganando cientos de millones de forma fraudulenta y a costa de la ignorancia de los pobres), es la expresión encarnada de las prácticas más ruines del capitalismo. Más tarde, perseguido por el FBI, Belfort alzará otro grito en esta película tan gritona: “Fuck America!”. Y claro, el círculo se cierra. Su comportamiento no es tanto el de un mafioso como el de una estrella del rock en una perpetua orgía de sexo y drogas y dólares. Sodoma y Gomorra en el corazón financiero de Occidente.
Como le advierte su padre en un momento dado, empleando una de esas frases subrayadas en el guion, los excesos le acaban pasando factura a Belfort. Y quizá esa factura también la paga el conjunto de la película, que en su poética del exceso, casi pasoliniana, limítrofe con el delirio, no encuentra el freno de mano. El lobo de Wall Street avanza sin modulación alguna, sin apenas inflexiones. Empieza en lo más alto y ahí se mantiene. Como si Scorsese nos quisiera demostrar, en la era cibernética, que el cine ya no es una cuestión de luces y sombras, de control y descontrol, de contrastes. Nos invita a habitar la locura de un mundo que se colaba por el sumidero del placer y la locura, acaso para que al final nos sintamos también culpables. “Todos somos cómplices del desfalco financiero global, en el sentido de que hemos permitido que la cultura se convierta en algo donde la única cosa que tiene un sentido genuino es el dinero”, reflexiona el cineasta.
Como Uno de los nuestros (1990), como Casino (1992), como Gangs of New York(1995), El lobo de Wall Street emerge como el último tapiz scorsesiano de los cimientos inmorales de América. Otra crónica de irrefrenable éxito y de imposible redención armada con el vigor, la energía y el relieve que solo Scorsese sabe conferir a las imágenes, embarcándonos en un frenético carrusel que no cesa de ofrecerse como un documento antropológico y como un espejo moral de nuestro tiempo. Hay algo crucial, sin embargo, que diferencia su último trabajo de aquellos frescos monumentales: el humor. A su modo, El lobo de Wall Street quizá está más cerca de El rey de la comedia (1982) que de cualquiera de sus películas. A ratos es un filme condenadamente divertido en su desenfreno bacanal, la versión idealizada de lo que acaso Baz Luhrmann quiso hacer con El gran Gatsby y que Sorrentino llevó al éxtasis en La gran belleza. O también podría leerse como todo aquello que no fue la secuela de Wall Street de Oliver Stone o la adaptación de La hoguera de las vanidades. Hay donde elegir. Atrapa como no lo hace ninguna de estas películas el zeitgeist contemporáneo de avaricia, el reverso oscuro del sueño americano. Y lo atrapa desde la comedia negra. Es más, desde la sátira endemoniada.
En su naturaleza cocainómana, la película nos divierte, nos hace vibrar, nos mantiene despiertos y estimula nuestros sentidos. El vértigo es irrefrenable. El guion cocinado por Terrence Winter (escritor en Los Soprano y Boardwalk Empire), la edición de Thelma Schoonmaker (que recortó el filme de cuatro a tres horas por imposiciones del mercado) y la selección musical a cargo de Robbie Robertson (donde no falta el protagonismo de Howlin' Wolf) pro- pulsan la historia con una clase de desenfreno que convierten el ritmo cardíaco de Uno de los nuestros en un flujo pausado. Con el acostumbrado uso de la voz en off tan propio de las épicas scorsesianas, Belfort narra su peripecia en modo documental, en flashback, mediante monólogos interiores, protagonizando spotscomerciales (extraordinario arranque) o rompiendo la cuarta pared. La energía es arrolladora, la puesta en escena frenética, el montaje bombástico. 

Forzando la máquina

Leonardo Dicaprio lleva al límite su interpretación de Belfort.

De nuevo, como tantas veces ha hecho con Robert de Niro, Scorsese lleva a sus actores hasta el límite. Los retratos de Belfort y sus socios se resuelven entre el realismo y la caricatura, como si buscaran la aleación entre John Cassavetes y Jerry Lewis. Las aceleradas interpretaciones de Leonardo Dicaprio y Jonah Hill cruzan las fronteras de la intensidad. Protagonizan una escena en la cocina de Belfort brutalmente física, un desafío al que ninguno de ambos actores se había enfrentado antes, mientras que DiCaprio, en una secuencia crucial en un Club de Campo, somete su cuerpo, paralizado por el abuso de drogas, a increíbles contorsiones. “Suelo pedir a los actores que den menos para expresar más, pero en este caso fue lo contrario. Les pedí que en todo momento se pusieran al límite de la escena -explica Scorsese-. Nunca he dado tanto espacio para la improvisación a los actores”. El extravagante cameo de Matthew McConaughey al principio del filme parece establecer el tono. A partir de entonces comprendemos que todo puede pasar en este viaje enfebrecido por la locura financiera.
En la convicción de Scorsese de que había que forzar la máquina hasta que chirriara, la narración de la épica se ve invadida por todo tipo de florituras y de ingenios formales, que de nuevo ponen de manifiesto el talento del director deCasino para sujetar en firme al espectador durante el tiempo que se le antoje, hasta acabar probablemente exhausto y trastocado. El lobo de Wall Street funciona como un ataque continuado a los sentidos, una cadena de zarpazos a los estímulos del espectador. Su sintaxis es su contenido.
Si algo hay que objetar a una película que ha dividido necesariamente a la crítica, es que la compulsión irrefrenable carece de la indignación necesaria tratando el tema que trata, como si Scorsese estuviera más atento a los manierismos de un estilo tomado barroco y autocomplaciente que al sustrato humano que respiran obras tan inapelables como Malas Calles o Toro salvaje.Belfort y sus compinches no son humanos, sino construcciones de la decadencia. Frente al torrente de energía cómica y hedonista del filme, canalizando toda suerte de placeres y distorsiones, corremos el riesgo de olvidar qué es exactamente lo que celebrábamos. O si realmente había algo que celebrar.

10/1/14

Un contador de historias ilustradas

Es el director de Anina, la película colombo-uruguaya seleccionada por ese país para participar en los premios Oscar y que será estrenada en Colombia el 24 de enero. Lo apasiona narrar historias desde lo visual

Alfredo Soderguit tiene pensado seguir trabajando de la mano con Colombia para nuevos proyectos cinematográficos. / Liz Durán./elespectador.com
 
Cómo han sido sus visitas a Colombia?
Estuve aquí con el tema del sonido de Anina, trabajando en Sónica, e hice visitas a Cinecolor por la posproducción. Luego volví por cuestiones de imagen de la película. También estuve en el Festival de Cine de Cartagena y mi última vez fue como jurado de la entrega de estímulos del Fondo de Desarrollo Cinematográfico.
¿Cómo se conoció con Jhonny Hendrix Hinestroza, el colombiano productor de ‘Anina’?
Quien se conoció con él fue Germán Tejeira, productor por Uruguay de Anina. Él también escribe y dirige, y ambos coincidieron en la Fundación Carolina en Madrid desarrollando proyectos propios. Creo que Jhonny estaba haciendo Chocó. Germán estaba motivado en producir Anina y Jhonny se interesó.
¿Cuál fue su formación profesional?
Crecí en Rocha, Uruguay. Me mudé a Montevideo a los 19 años y comencé estudiando arquitectura porque se relacionaba con el dibujo. La abandoné cuando comencé a trabajar en lo artístico y estudié en la Academia de Bellas Artes de la República de Uruguay. En simultáneo trabajaba como ilustrador de literatura, que también tiene que ver con el relato visual de historias. Después estudié dirección de arte en la Escuela de Cine y ahí desarrollé proyectos más enfocados en los lenguajes tradicionales del cine. Ahí también conocí a quienes son los productores de Anina.
¿Cuál es la diferencia entre contar historias ilustradas para literatura y contarlas para cine?
Hay diferencias en cuanto a la manipulación del lenguaje. Se puede hablar de los mismos temas, pero los códigos son distintos. Yo encuentro que hay puntos en común en cuanto al manejo del lenguaje visual desde lo simbólico y lo narrativo. La imagen complementa lo narrativo. Las diferencias son de tipo formal.
¿Qué o quién lo influenció para trabajar en este campo?
Algunas personas tienen un prejuicio y un miedo a copiar lo que los demás han hecho, pero siempre es bueno tener referentes y admirar el trabajo de otros. Desde pequeño me gustaba mucho Marco, una animación basada en el libro Corazón. Luego en mi casa había muchos libros de imagen y mis padres me regalaron libros ilustrados, entre ellos uno de Charlie Brown. Con mi hermano lo copiábamos y recortábamos personajes para jugar a dibujos animados con el papel y encima de la mesa. En mi ciudad había un cineclub que cada fin de semana tenía un matiné de tres películas seguidas para niños. Ahí vi películas de corte infantil que me marcaron. En alguna época tuve referentes únicos, pero con el tiempo eso se ha enriquecido y me interesan las personas que trabajan con diferentes técnicas narrativas.
¿Cómo está la industria cinematográfica en Uruguay?
Uruguay es un país pequeño que para su escala tiene una industria grande. Es difícil llamarlo industria porque no hay continuidad de las productoras. Al año se producen alrededor de 10 películas. Tenemos un cine con buenos logros a nivel de festivales y con un nivel cultural muy fuerte.
¿Cómo fue el proceso de selección de ‘Anina’ para representar a Uruguay en los Óscar?
Compiten todas las películas del año. Distintas instituciones votan para determinar cuál es la que va a representar al país en los Óscar. Bella Vista, un documental, obtuvo la mayoría de votos, y luego Anina. El problema del documental es que no disponía de las copias en el formato que la academia exige. Anina los tenía y finalmente se decidió enviarla.
¿Qué posición tiene frente a los Premios Oscar?
De la participación de Anina, me parece que es una oportunidad que le da un marco de visibilidad importante... Es necesario que mucha gente la vea. Anina no tiene un vínculo con Estados Unidos como para hacer parte de un circulo de influencia. Sin embargo, mantenemos la intención de obtener logros.
¿Tiene planeado más proyectos con Colombia?
Estamos participando ahora como coproductores en un proyecto que surgió acá y que se llama El cuaderno de Lila. Mi tarea es trabajar en el diseño de producción, lo que implica investigar cuestiones muy colombianas. También tenemos historias para empezar un nuevo proyecto y estamos definiendo la que tiene más potencial para desarrollarla.

Sandra Bullock arrasa en los People's Choice

La cantante y actriz Jennifer Hudson pronunció un emotivo discurso cuando recogió el premio en reconocimiento a su labor humanitaria
Sandra Bullock recoge el premio a la mejor actriz./Mario Anzuoni./elmundo.es
 
La actriz Sandra Bullock arrasó anoche con cuatro premios en los People's Choice, que otorga el público y abren la temporada de galardones en Hollywood, en una ceremonia en la que la actriz y cantante Jennifer Hudson pronunció un emotivo discurso tras ser reconocida por su labor humanitaria.
Bullock, nominada en 14 de las 60 categorías, se alzó como mejor actriz, mejor actriz de comedia (por 'The Heat') y mejor actriz dramática gracias a 'Gravity', una película que también le valió el título de mejor pareja de cine junto a George Clooney.
La gala de los People's Choice, que se celebró en el teatro Nokia de Los Ángeles, fue presentada por las hilarantes protagonistas de la serie de televisión '2 Broke girls' ('Dos chicas sin blanca'), que lucieron dos espectaculares vestidos de noche bien distintos al uniforme color mostaza con el que se han dado a conocer en la pequeña pantalla como camareras de un modesto restaurante de Brooklyn (Nueva York).
Estos galardones, que abarcan cine, televisión y música, reconocieron también el trabajo del cantante Justin Timberlake, que se hizo con tres premios: mejor artista masculino, mejor cantante de R & B, y mejor disco por 'The 20/20 Experience'.
Por su parte, la presentadora de televisión Ellen DeGeneres inscribió su nombre en lo más alto de la historia de los People's Choice al conseguir el récord como mujer más galardonada con su premio número 14.
Y de una veterana, a una recién llegada a estos galardones: la cantante Britney Spears, que publicó recientemente su nuevo disco 'Britney Jean', fue nombrada mejor artista pop.
El público de EE.UU., con más de 700 millones de votos recogidos en total, también premió 'Iron Man 3' (mejor película y mejor película de acción), 'The Big Bang Theory' (mejor comedia televisiva), y 'The Good Wife' (mejor drama televisivo).

Labor humanitaria de Hudson

En una gala simpática y sin incidentes, la cantante y actriz Jennifer Hudson tocó todos los corazones al pronunciar un emotivo discurso cuando recogió el premio en reconocimiento a su labor humanitaria.
Hudson lleva una fundación junto a su hermana Julia denominada Julian D. King, en homenaje al hijo de ésta última que fue asesinado en 2008 junto a la madre y al hermano de las Hudson.
La cantante, que trabaja desde esta asociación en beneficio de los niños, confesó haberse inspirado en los educadores que conoció cuando era pequeña: "si ellos lo hicieron, entonces yo también puedo", concluyó.
Con esta gala, Hollywood da por comenzada su temporada de premios, que continuará este domingo con los Globos de Oro, para proseguir con los del sindicato de guionistas, los Grammys y, por fin, la cita más esperada del año, los Oscar.

9/1/14

Moctezuma y Hernán Cortes, ¿en manos de Spielberg?

Es todavía una especulación, pero jugosa. Se trataría de unir de nuevo a uno de los grandes genios de la dirección, Steven Spileberg, con el que es, para muchos expertos, uno de los guionistas vivos más dotados, Steven Zaillian, el hombre que se encargó de dar forma a la gran obra maestra del realizador judío, "La lista de Schindler". Tan magno evento cinematográfico sería por otra causa histórica, esta vez con sabor español de por medio


Steven Spielberg espera rodar a ver cómo Cortés quemó  su naves./elmundo.es
En Hollywood se ha empezado a hablar de que ambos se encargarían de la historia de Moctezuma, emperador azteca y su relación con los conquistadores ibéricos, con Hernán Cortés a la cabeza, un papel por el que Javier Bardem ha mostrado interés y un tema siempre delicado en México y el resto de América Latina.
La idea pasaría por reescribir un guión que lleva 50 años esperando a ver la luz, con Dalton Trumbo como autor, y que bien podría titularse "Cortez", en honor al hombre con uno de los registros más negros de la historia americana. El proyecto inicial constaba de 205 páginas, una historia densa con Kirk Douglas como posible protagonista y Martin Ritt de director.
Ahora está en manos de Dreamworks, a la espera de lograr el presupuesto adecuado para que Spielberg decida ponerse manos a la obra, después de haber dejado pasar varias posibilidades de trabajo por ese mismo motivo, falta del capital necesario para poder moverse a sus anchas.
"Robocalypse" fue un buen ejemplo el año pasado, una historia que apasionaba al director de "El color púrpura" pero que acabó por descarrilar, aún con opciones de renacer aunque archivada de momento. También dejó pasar de largo la opción de "American Sniper", protagonizada por Bradley Cooper. Ahora, parece, Clint Eastwood será el encargado de llevarla a los cines.
Aunque Spielberg tiene fama de dejar proyectos por el camino, sin concretarlos después de mucho mascarlos, con este podría acabar con esa mala fama. Moctezuma y Cortés podrían volver a verse las caras en breve.

8/1/14

Hitchcock y el Holocausto

Un documental inédito codirigido por el cineasta para el Ejército británico sobre los campos de concentración aparece tras décadas de olvido. El director se sintió conmovido por las imágenes del exterminio y quiso que su película instara a los alemanes a asumir su responsabilidad colectiva

Cuando Alfred Hitchcock vio por primera vez imágenes grabadas por los soldados de la British Army Film Unit en campos de concentración nazis, en 1945, quedó traumatizado. Se encerró en casa y durante una semana ni siquiera apareció por el estudio Pinewood. El maestro de maestros en el arte de hacer sentir miedo, jamás había experimentado un horror similar al el que le produjeron aquellos rostros esqueléticos recién salidos de Dachau y Mathausen, junto a las terribles historias no contadas que sugerían las cuencas oculares hundidas de aquellos cadáveres vivientes.
Fue su amigo y mecenas, Sidney Bernstein, el que insistió en que debía abordar el proyecto de elaborar un documental y que, tras reiteradas negativas de Hitchcock, se ofreció incluso para codirigirlo con él. El proyecto cristalizó en forma de un contrato con el ejército británico, pero la película nunca llegó a ver la luz y los rollos permanecieron almacenando polvo en los archivos del Museo Imperial de la Guerra de Londres. Solamante una parte de estas imágenes aparecieron en 1985, bajo el título el 'Memory of the Camps', pero la factura completa siguió formando parte solamente de subconsciente creativo e inquietante del director. Ahora que han sido digitalizada y publicada en YouTube (sobre estas líneas), resulta evidente la influencia que ejerció en su obra, marcando un punto de inflexión en su concepción del ser humano.
Jardineros, niños jugando, jóvenes tomando el sol. Pero cuando la cámara se eleva y salta la verja hacia el interior del campo de concentración, revela las entrañas de aquel bienestar opulento. "Sin alimentos desde hace seis días, lo más importante para sobrevivir es el agua", describe una voz en 'off' que acompaña ininterrumpida el metraje. Sólo calla en un par de pasajes de varios minutos en los que no queda claro si se ha perdido definitivamente el sonido o si Hitchcock optó por un dramático y elocuente silencio.
Cuerpos esqueléticos que se tambalean, mujeres desnutridas que besan la mano de los soldados británicos y montones de sombras humanas que agonizan lentamente sobre sus propios excrementos... "La intención era mostrar una versión que impulsase a los alemanes a aceptar sus responsabilidades y de ahí el tono un tanto propagandístico que agradó a los mandos del ejército británico", explica al responsable de la digitalización del museo, Toby Haggith, en declaraciones al diario 'The Independent'. Pero Hitchcock no lograba gestionar el horror de aquellas imágenes con soltura y el montaje duró bastante más de lo previsto. "Cuando finalmente terminó la película, las autoridades aliadas consideraron que seguir restregando sus pecados en las narices de los alemanes no ayudaría a la reconstrucción después de la posguerra, así que la película fue discretamente olvidada", añade. Hitchcock tampoco hizo nada por su publicación y Bernstein entendió que una oculta sensibilidad, escondida detrás de la ironía y la flácida empatía del director de cine, había recibido un daño que era mejor no remover, por lo que el proyecto no volvió a ser mencionado.
Seguirá siendo un secreto qué porcentaje de la obra es atribuible a Bernstein, pero los expertos ven en su estructura el nítido perfil de Hitchcock, que se distancia expresamente de la ficción, como si fuera consciente de lo difícil que será en otro tiempo y en otro lugar creer lo que está contando e insiste en presentar a testigos que dan su nombre y apellidos, fecha de nacimiento, entrada y salida del campo, y fecha en la que testifican, como si en lugar de hacerlo ante la cámara lo hicieran ante un tribunal. El filme, en definitiva, convierte el Holocausto en una prueba de cargo contra el pueblo alemán. "¿Quién es el auténtico responsable?", pregunta inquisitiva la voz en 'off' ante el inhumano apilamiento de restos camino a las fosas comunes. "¡Vosotros! Vosotros que habéis permitido a vuestros líderes arrastraros a este horrible crimen. ¡Vosotros! Que no pudisteis hacer suficiente contra esta degeneración. ¡Vosotros! Que erais todos parte de este campo de concentración", acusa.
Siguiendo la estela de Hitchcock, estas mismas imágenes están siendo utilizadas por André Singer para elaborar un nuevo documental. Ambas obras serán mostradas en festivales este año a principios de 2015 y serán emitidas por la televisión británica como conmemoración del 70º aniversario de la Liberación de Europa.