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8/9/10

"Balada triste de trompeta" desconcierta a la prensa en Venecia

La película de Álex de la Iglesia es el único filme español en competición en la Mostra


AUSENCIA. El cine español todavía no ha ganado ningún León de Oro.foto.fuente: Revista Ñ

La película de Álex de la Iglesia "Balada triste de trompeta", único filme español en competición en la Mostra de Venecia, ha desconcertado a la prensa internacional en
su primera proyección, tras la cual se han escuchado algunos aplausos.

Protagonizada por Carlos Areces, Antonio de la Torre y Carolina Bang, "Balada triste de trompeta", es una arriesgada mezcla de géneros que ha dejado exhaustos y contrariados a muchos de los periodistas asistentes.

"Todavía tengo que pensar si me ha gustado o no", decía un periodista italiano. "Es muy divertida, pero demasiado barroca y grotesca. Está muy bien dirigida, pero a veces era demasiado reiterativa", decía otro colega de la misma nacionalidad.

"Estamos discutiendo. Pero nos gustó más 'El día de la bestia'", decía un redactor de un periódico británico.

"Balada triste de trompeta", en la que tienen apariciones especiales Sancho Gracia y Santiago Segura, mezcla la Historia de España en los últimos 75 años con un duelo amoroso entre dos
payasos, el llorón y el gracioso, por una misma mujer.

Con mezcla de terror, humor y tragedia, y cargada de referencias locales quizá difíciles de entender para el público extranjero, también despliega un sentido de la violencia cercano al del presidente del jurado, Quentin Tarantino.

Mañana será presentada ante el público y su equipo la defenderá en rueda de prensa, aunque no será hasta diciembre cuando la cinta del también presidente de la Academia del Cine español llegue a las pantallas españolas.

El cine español todavía no ha ganado ningún León de Oro, pese a que el director Luis Buñuel sí lo recibió por la producción francesa "Belle de Jour" y la película "Mar adentro" ganó el premio al mejor director, para Alejandro Amenábar, y supuso la segunda Copa Volpi para Javier Bardem.

Además, mañana se presentarán en concurso la cinta italiana "Non credevamo", de 200 minutos de duración y dirigida por Mario Martone, y la nueva obra como director del también actor Vincent Gallo, "Promises Written in Water".

7/9/10

Novela de Oriana Fallaci será llevada a la pantalla grande

La productora italiana Fandango compró los derechos de Un hombre y la adaptará para el cine
Fallaci falleció a los 77 años en 2006, producto de un cáncer terminal. foto.fuente:emol.com

La novela más personal de la periodista italiana Oriana Fallaci, "Un hombre", que recorre sus vivencias con el revolucionario griego Alekos Panagulis, será llevada al cine por la productora Fandango, de Domenico Procacci, que ha comprado los derechos a la editorial Rizzoli.

"Un hombre" estará dirigida por un director italiano de renombre- aún no anunciado- y contará con un reparto internacional, confirmaron hoy fuentes de la productora.

La película será fiel al contenido de la novela, en la que la periodista y escritora florentina cuenta su romance con Panagulis -opositor a la dictadura griega y autor de un atentado fallido contra el coronel Georgios Papadopoulos-, con el que convivió hasta que éste fue asesinado en una calle de Atenas.

Una historia de amor que tiene mucho de inconformismo y de desgracia, de cuya versión en castellano la propia autora pidió una reedición para corregir algunos episodios.

Fallaci fue una de las periodistas más influyentes del siglo XX y ejerció como corresponsal de guerra en gran parte de los conflictos de Vietnam, Oriente Medio, India, Pakistán o Latinoamérica.

En su trayectoria profesional destacan sus entrevistas a grandes líderes y celebridades del mundo político y social, como Henry Kissinger, el Sha de Persia, el ayatolá Jomeini, Willy Brandt, Ali Bhutto, Muammar al Gadafi, Federico Fellini, Yaser Arafat, Indira Gandhi, Golda Meir, Robert Kennedy o Sean Connery.

Fue precisamente en el contexto de una entrevista como conoció al griego Panagulis, episodio que la escritora recogió en "Un hombre".

Dos de sus últimos libros, "La rabia y el orgullo" y "La fuerza de la razón" suscitaron una gran polémica por sus críticas al fundamentalismo y al Islám, al igual que su obra posterior "Oriana Fallaci entrevista a Oriana Fallaci", donde analizó el "cáncer moral que devora a Occidente" y su propia enfermedad, un cáncer que le llevó a la muerte.

27/8/10

'La dolce vita' de Fellini y la amarga censura de Franco

El cincuentenario de la obra maestra del director italiano es la ocasión para repasar los efectos nefastos de la dictadura sobre el cine en España

Imagen de la película 'La dolce vita', de Federico Fellini, con el actor Marcello Mastroianni conduciendo un coche. Su personaje en el largometraje, Marcello Rubini, es un periodista con veleidades literarias.- REUTERS.fuente:elpais.com

La dolce vita ni siquiera tiene 30 años en España. Un joven un poco crecido, como si fuera un protagonista de Los Inútiles, otra película de Federico Fellini, justo mientras en el resto del mundo la obra maestra del director italiano acaba de celebrar medio siglo de vida, un fascinante cincuentón. Solo 21 años más tarde de su estreno, el 28 mayo 1981, La dolce vita supo cómo estaban hechas las salas españolas. Hasta entonces había conocido apenas pequeños clubs clandestinos donde los cinéfilos la veían a escondidas del control que el franquismo ejercía a través de la Junta Superior de Orientación Cinematográfica. Pero la historia habría podido ir de manera diferente. "Con el cambio de Gobierno de 1962 y la actitud más abierta que quería mostrar el Ejecutivo, La dolce vita estuvo a punto de estrenarse, aunque plagada de cortes, pero el veto del miembro eclesiástico de la comisión censora lo impidió", relata Román Gubern, historiador del cine español que se ocupó del tema de la censura en su tesis y en diferentes libros .

La opinión del Vaticano, de la Roma que estaba al otro lado del río respecto a la via Veneto que la película hizo inmortal, fue decisiva. La Santa Sede había lanzado su anatema contra la degeneración moral de la cinta, y si esto en Italia contribuyó a su éxito, en España significó su suspensión. La comisión que evaluaba las películas estaba formada por un militar, un miembro de la Falange, un representante de la industria cinematográfica y uno de la iglesia. Con la reforma de 1946, que instituyó un único organismo en lugar de los dos que había hasta ese momento, el único censor que tenía el derecho de veto era el eclesiástico, lo que explica la completa sumisión a los dictámenes de la jerarquía católica.

Cuando, poco después de su estreno en Italia, La dolce vita ganó la Palma de Oro en Cannes, el escándalo montado por las altas esferas religiosas se hizo vehemente. Fue en particular un arzobispo de Milán, Giovanni Battista Montini, que tres años más tarde se haría más famoso con el nombre de Pablo VI, en calidad de Papa, el más tenaz en la persecución. "Contrariamente a lo que se piensa y se cuenta sobre las razones del veto, no fue el célebre baño en la Fontana di Trevi de Anita Ekberg lo que desató las iras del Vaticano", revela Pier Marco de Santi , profesor de Historia del cine italiano en la Universidad de Pisa, autor de un libro sobre la película y amigo de Fellini. "La verdadera razón de esa actitud fue la escena del castillo de Sutri, donde aparecían como figurantes personajes de la 'aristocracia negra', es decir la alta nobleza romana cerca del Vaticano, que participaron en las grabaciones sin saber que el montaje del director los retrataría en un ambiente lascivo, al punto de convertirse en una orgía", cuenta De Santi.

Fue por este motivo que la campaña contra el filme fue brutal. L'Osservatore Romano, el diario oficial de la Santa Sede, publicó por primera vez un editorial en portada dedicado a una obra cinematográfica, titulándolo Basta! En las iglesias, el boletín que se colgaba en las entradas sobre los niveles de peligro moral de los estrenos estimó el film "prohibido para todos" y la excomunión cruzó las fronteras. No fue solo España la que acató la orden de la Roma católica. Tampoco Portugal y Grecia permitieron la visión de La dolce vita. "Desde luego, la obra felliniana era tan importante que quien amaba el cine encontró la manera para verla. Luis García Berlanga me contó una vez que él pudo verla en uno de estos cine clubs clandestinos que intentaban sortear las imposiciones de la censura", explica De Santi.

"Era costumbre que los cinéfilos que vivían en Barcelona se fueran a Perpiñán, una localidad francesa cerca de la frontera, para ver las cintas vetadas o las que habían sufrido cortes", explica Gubern, "mientras quien vivía en Madrid, se tragaba el viaje en coche hasta Portugal". Pero, para La dolce vita, ni siquiera el horizonte luso era suficiente. Fellini seguía las vicisitudes de sus trabajos en el extranjero, aunque intentaba no dar demasiada importancia al asunto. El recuerdo del profesor De Santi sobre lo que pensaba el director romagnolo es lacónico: "Tanto él como Nino Rota, el autor de la banda sonora, utilizaban una sola palabra para la censura: ridícula".

Los daños de la Junta Superior de Orientación Cinematográfica

Ridícula es quizás la palabra más adecuada para describir la censura de Francisco Franco, pero lo fuera o no, los estragos que provocó vetando o modificando obras cinematográficas fueron enormes. Retratar la tragedia griega Edipo Rey obviando el momento en el que el protagonista termina acostándose con su propia madre parece imposible, pero la censura franquista lo consiguió y en la versión cinematográfica de la obra realizada por Pier Paolo Pasolini cortó exactamente esta parte. También logró estropear la que para muchos es la escena cumbre del neorrealismo italiano añadiendo una voz en off, cuando, en Ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica, padre e hijo se cogen de la mano y se pierden en la muchedumbre de Roma, justo al final. El añadido postizo reconfortaba al espectador diciendo: "Pero Antonio no estaba solo, su hijito Bruno, apretándole la mano, le decía que había un futuro lleno de esperanza".

La censura franquista en el mundo del cine fue así: fóbica al sexo, mistificadora y chapucera. Según Roman Gubern, "Lo peor de la censura no fueron los cambios, sino todo lo que no llegó al mercado". Además de La dolce vita, obras como El gran dictador de Charlie Chaplin y Viridiana de Luis Buñuel nunca llegaron a estrenarse en las pantallas españolas mientras vivió el Caudillo, con efectos nefastos que no se limitaron exclusivamente a obstaculizar la construcción de una cultura cinematográfica madura en España. "El día que la dictatura se acabó, llegaron a los cines todas las películas que durante casi 40 años no se pudieron ver, lo que significó una concurrencia brutal e insostenible para las producciones nacionales", explica Gubern.

Por supuesto, si la censura estropeaba o prohibía la visión de las películas que procedían del extranjero, mucho peor era lo que pasaba con las obras de celuloide que nacían en los confines de España. La represión en este caso llegaba en dos tiempos, en el guión inicial y en la cinta lista para ser estrenada. "Lo peor de todo fue la autocensura, las limitaciones que se imponían los mismos directores", opina Ferran Alberich, cinéfilo, autor de cortos, rescatador de películas antiguas y autor de un trabajo de inestimable valor que le encargó la Filmoteca Española : juntar el material censurado por la tijera franquista, por lo menos el que aún era recuperable. El resultado de esta faena fueron 120 rollos, 65.000 metros de películas y 35 horas de proyección.

De aquel trabajo titánico Ferran sacó en 1994 Corten veintiún metros de chinos, un best of que reunía unos 150 casos que bien muestran el modus operandi de la junta censora. Un general estadounidense afirma: "Quiero que recordéis que ningún bastardo ganó jamás una guerra muriendo por su patria, la ganó haciendo que otros pobres, estúpidos bastardos murieron por ella". Censurado. Un grupo de niños entierran un gato simulando una romería. Censurado. Una mujer dice a su marido: "Hacemos menos el amor que en una película española". Censurado. Los tres ejemplos, sacados de Patton de Franklin Schaffner (uno de los guionistas era Francis Ford Coppola), de Yo he visto la muerte, un documental de José María Forqué y de No desearás a la mujer del vecino de Fernando Merino son paradigmáticos: la junta destinada a vigilar el séptimo arte se ensañaba en igual medida sobre cine extranjero y nacional, sobre cine con fines didácticos y recreativos y con tres obsesiones claras: política, religión y sexo.

Alberich piensa que después de más de 30 años desde la instauración de la democracia los efectos nefastos de la censura se han difuminado hasta desaparecer, aunque sí, la añoranza por lo que podía ser y no ha sido es grande: "Teníamos directores como Berlanga, Buñuel, y Fernán Gómez que poseían una gran inquietud, querían contar mucho y habrían podido sin la censura, considerando además el fervor del cine de aquellos años, en particular el neorrealismo italiano. Cuando a los directores españoles les fue restituida la libertad de expresarse, el cine ya había sido superado, como medio de masas y de transmisión cultural, por la televisión".

Chapuzas maestras

Voces desde la censura

- En la escena final de Ladrón de bicicletas un comentario matiza la desolación con un mensaje optimista.

- Los cuatrocientos golpes de François Truffaut tiene también una visión esperanzadora añadida al final, mientras el protagonista corretea hacia la orilla del mar.

Homosexualidad: ¡que viene el coco!

- Tarzán asustaba sumamente a los censores. Sus anchos pectorales podían "desviar peligrosamente la atención de los adolescentes de la sexualidad femenina". La gran aventura de Tarzán, protagonizada por Gordon Scott, fue mutilada de tal manera que hasta la Junta reprochó la torpeza de los censores.

-Con faldas y a lo loco de Billy Wilder fue prohibida porque subsistía "la veda de maricones" (sic).

-Escenas que sugerían amores lesbianos en Las amigas de Pedro Lazaga y Raquel, Raquel de Paul Newman fueron censuradas.

Doblajes pervertidos

-En Mogambo de John Ford se practicó quizás la chapuza cumbre de la censura española. Una pareja viene convertida en el doblaje español en hermano y hermana para evitar que se consume un adulterio. Lamentablemente, los dos dormían en la misma cama y se besaban cariñosamente en la boca. Al adulterio se prefirió el incesto.

- Aún más allá se llegó con El ídolo de barro de Mark Robson. Allí una pareja se convirtió con el doblaje en padre e hija.

Los viejos amigos

-Adolf Hitler y Benito Mussolini siempre fueron mimados por los censores. Pero, si la prohibición de películas como El gran dictador, Ser o no ser de Ernst Lubitsch o Roma ciudad abierta de Roberto Rossellini es comprensible (las tres se estrenaron durante los cuarenta), lo que sorprende es la defensa de los dos dictadores hasta las postrimerías del régimen. En 1971, la versión española de La superjuerga de Stano, una inocua comedia musical italiana, se vio amputada de unos segundos en los que un tema burlón acompañaba secuencias de los que fueron los líderes del fascismo italiano y del nazismo alemán.

(Ejemplos tomados de Corten veintún metros de chinos de Ferran Alberich, de los textos sobre la censura de Román Gubern y de La censura cinematográfica en España de Alberto Gil).

R. I.

La pareja inmortal de la historia del cine
Marcello Mastroianni y Anita Ekberg, en 'La dolce vita' , de Federico Fellini. Esta es la escena siguiente al baño en la Fontana de Trevi de la actriz sueca.- AP.fuente:elpais.com

6/12/09

"El nombre de Cinecittà tiene la fuerza de Hollywood"

De visita en Buenos Aires como invitada a Ventana Sur, el flamante mercado de cine que crearon el INCAA y Cannes, Claudia Bedogni, directora comercial del Instituto Cinecittà/Luce, cuenta los últimos movimientos de esta institución, meca del cine italiano.


Negocios en celuloide. Bedogni explica el alcance de su acuerdo con el INCAA y elogia a los directores argentinos.

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Claudia Bedogni, directora del área de Coproducciones y adquisiciones del Instituto Cinecitta/Luce, las dos grandes sociedades públicas que hicieron posible el desarrollo del cine italiano estuvo en Buenos Aires participando en el mercado Ventana Sur. Vino a buscar, haciéndole honor al mercado que timonea, nuevos y talentosos directores latinoamericanos. También se reunió con las autoridades del INCAA para terminar de acordar el nuevo convenio de ayuda económica a proyectos cinematográficos argentinos. Y disparó algunas comparaciones: "El nombre de Cinecittà tiene la fuerza de Hollywood", dijo (ver video).

-¿Podría definir la naturaleza del Instituto Cinecittà /Luce después de tantos cambios?
- Cinecittà /Luce es una nueva compañía. Nació en mayo del 2009 de la fusión de dos grandes sociedades, Cinecittà Holding y el Instituto Luce. Este nuevo emprendimiento forma parte del Ministerio de Bienes y Actividades Culturales de Italia, y comprende diferentes actividades. En primer lugar, se ocupa de la difusión del cine italiano. También se ocupa de la restauración y digitalización del archivo fílmico y fotográfico que posee el Instituto Luce, uno de los más grandes del mundo. Hoy ya se puede acceder desde su página de Internet a unas cuatro mil horas aproximadamente, y se espera que dentro de un tiempo ya esté todo digitalizado. Otro objetivo es fortalecer la producción y distribución tanto del cine italiano como internacional en Italia.

-Y en ese gigante, ¿cuál es su tarea específica?
-Mi trabajo es buscar nuevos directores talentosos en Italia y en el mundo para poder ayudarlos a realizar sus películas. Para ello el Instituto Cinecittà /Luce ha creado un sitio en Internet donde los productores cinematográficos pueden anotar los proyectos que se encuentran en la etapa de pre-producción y necesitan ayuda financiera. Además trabajo junto a los productores para que puedan encontrar otros socios internacionales, ya que la ayuda económica que brinda el gobierno de Italia ha bajado considerablemente.

-¿En qué consiste el acuerdo firmado entre el Instituto Cinecittà/Luce y el INCAA para dar ayuda económica para el desarrollo de proyectos?
-Hace tres años el Instituto Luce empezó a trabajar junto al INCAA, mediante un convenio que firmaron los gobiernos de Argentina e Italia. Se creó un fondo de 200 mil euros con el fin de ayudar en el desarrollo a proyectos cinematográficos argentinos. También buscamos poder coproducirlos y ayudarlos en su distribución en Italia.

-¿Recuerda cuántos proyectos argentinos recibieron la ayuda de desarrollo?
-Fueron seleccionados tres proyectos de ficción y cuatro documentales. Los largometrajes de ficción fueron "Toxic Jungle" de Gianfranco Quattrini; "Il maestro e fra noi" (El maestro está entre nosotros) de Marcelo Zapata, que todavía se encuentran en la etapa de desarrollo, y "El artista" de Gastón Duprat y Mariano Cohn. A este último, cuando finalizó la etapa de desarrollo Luce decidió coproducirlo y distribuirlo en Italia, donde la película ya fue estrenada y fue muy bien recibida.

-¿Cómo evalúa esa experiencia?
-Fue muy positiva, no sólo por el resultado exitoso de los proyectos sino porque también nos permitió conocer el estado productivo del cine en la Argentina, a través de todos los proyectos que recibimos. A partir de allí hemos realizado encuentros entre los productores más representativos de Italia y Argentina para facilitar coproducciones que sean provechosas para ambas cinematografías.

-¿Se firmará un nuevo convenio de ayuda económica con el INCAA?
-El Instituto Cinecittà /Luce se encuentra muy interesado en renovar junto al INCAA el convenio de ayuda al desarrollo de proyectos, porque creemos que la cinematografía argentina genera mucho interés en el público no sólo italiano, español, o francés sino alemán y de países del este de Europa.

-¿Está en condiciones de ofrecer una opión sobre el flamante mercado Ventana Sur?
-He concurrido a Ventana Sur para poder descubrir nuevos directores latinoamericanos y lo que pude comprobar es el gran interés de los compradores internacionales en las realizaciones latinoamericanas y, por sobre todo, en las películas argentinas. Creo que es una iniciativa necesaria para toda América Latina y no me extraña que sea la Argentina la que la lleva adelante.
VICTORIA REALE/Revista Ñ
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11/11/09

Ettore Scola

“Ya no amo Italia pero sí el cine que habla del hombre y sus problemas”

Ettore Scola. Foto: Seminci


Un clásico. Ettore Scola no necesita presentación. Autor de películas como Una jornada particular o Competencia desleal, el director italiano explica a El Cultural su abandono del cine y su visceral rechazo de la actual política italiana.


Siempre nos quedarán los grandes del cine. Harto de soportar una realidad que le provoca náuseas, el legendario Ettore Scola (Treviño, 1931) ha decidido pasar de “turista” de la lectura a “profesional”, lo cual significa “subrayar, releer una y otra vez y pensar en voz alta” además de realizar ilustraciones para los autores que ama: Tácito, Plutarco y todos los poetas grecolatinos, con especial atención a la picaresca española citando a Quevedo o el Lazarillo de Tormes.

Esa realidad que le repugna tiene como santo y seña a Berlusconi. Tal es el sentimiento de tristeza y amargura que invade al mítico cineasta, autor de títulos fundamentales del cine del último siglo como Una jornada particular (1977) o La familia (1987) que después de dirigir Gente di Roma (2003), su postrer homenaje a la Ciudad Eterna, decidió colgar los objetivos. El motivo es muy sencillo: “Italia ha sido protagonista de mis películas. Y para hacerlas hay que amar el contenido de lo que cuentas, y yo ya no amo a Italia”. O sea, que a la lista de agravios atribuibles al simpar Cavaliere hay que añadir uno: quitarle las ganas de trabajar. Ettore Scola recibe a El Cultural en el recién concluido Festival de Valladolid, donde actúa como presidente del Jurado, haciendo una excepción: ha dejado el cine y no tiene muchas ganas de hablar con periodistas.

Destino: el presente
Es un hombre serio, de gesto adusto y economía de palabras que desmonta todos los tópicos sobre los italianos. No es fácil hacerle hablar y quizá todo se deba a su poca afición a la nostalgia, una tentación que define como “peligrosa y reaccionaria”. “Siempre hay que mirar el presente”, añade, aunque ese presente le espante y lo haya apartado de las cámaras. Además, dice, “yo creo que con 35 películas dirigidas y 62 más como guionista he cumplido”. De sobra.

-Pero uno puede seguir amando algo aunque le espante. Usted ha realizado películas sobre la Italia del fascismo, como la célebre Una jornada particular o Competencia desleal (2001).
-Detesto a los nazis y el fascismo pero existía su reverso, la libertad. Ahora tenemos libertad y no veo reverso. Es un problema generalizado de valores, por llamarlo de alguna manera. Berlusconi ha sido la culminación de una situación cada vez más degradada en la que lo único que importa es el dinero, las mujeres y el éxito. Existe un sentimiento de egoísmo, de pensar sólo en el propio beneficio que lo ha invadido todo. Eso sí, aún no he perdido la esperanza de que eso disminuya.

Ideología e igualdad
Palabra de comunista convencido. Interrogado sobre una ideología que hoy casi suena a prehistoria, define su posición de manera sucinta: “Para mí el comunismo significa luchar por la igualdad, ni más ni menos”. Y vuelve a aparecer el nombre de Berlusconi, al que cita una y otra vez sin que nadie se lo pida.
-Usted ya no ama Italia, ¿pero sigue amando el cine?
-Por supuesto. Amo el cine que habla del hombre y sus problemas. Las buenas películas no escriben la biografía del director sino la del público. Por ejemplo, el cine de Buñuel no habla de él sino de mí. Por eso lo amo.

-¿Existe una manera de hacer películas “a la italiana”?
-Existe y nace con el neorrealismo. Ahí está el inicio de todo después del cine fascista. Fue un movimiento que conmovió al mundo, de Inglaterra a Francia pasando por España. A partir de ese amor por la realidad surgen todos los géneros, del melodrama a la comedia, Zavattini es el primer maestro en esta última ramificación. La comedia sigue siendo uno de mis géneros preferidos, me gusta esa forma de abordar desde la diversión los asuntos serios de la vida.

-¿Detecta la influencia del neorrealismo hoy en día?
-La detecto en el cine independiente de Estados Unidos, que es el mejor del mundo. Si uno ve ciertas películas americanas, podrá saber mucho de ese país.

-Se habla de un renacimiento del cine italiano, ¿suscribe esa idea?
-Hay dos directores muy interesantes: Matteo Garrone (Gomorra) y Paolo Sorrentino (Il Divo). Ellos demuestran que aún es posible hacer películas en mi país que disgusten al poder. También me gusta Marco Risi, pero ahí acaba todo.

-Al pensar en el cine italiano, es casi increíble que en un mismo momento coincidieran talentos tan asombrosos como el de Fellini, Rossellini, De Sica y el de usted mismo.
-Siempre ha sucedido así en todas las épocas históricas. De repente uno encuentra en el mismo lugar a grandes músicos, cineastas o pintores o no encuentra nada. La historia es como un paisaje en el que hay montañas y planicies.

Espíritu crítico
La pasión. Ese es el motivo por el que Ettore Scola asegura que ha trabajado incansablemente en el cine durante cincuenta años. Debutó como guionista en un ya lejano 1953 escribiendo Canzoni di mezzo secolo, donde comenzó a trabajar con el director Domenico Paolella con el que realizaría una decena de películas. Y en 1962, año en el que escribió para Dino Rissi el éxito internacional Il Sorpaso, fue el protagonista de esta película, Vittorio Gasman quien le convenció de que debía comenzar a dirigir. Aunque Scola deteste la nostalgia, no es difícil adivinar en el rostro del cineasta un halo de melancolía al recordar el episodio. Dos años después se ponía tras la cámara para dirigir su primer filme, la comedia Se permette parliamo di donne. A partir de aquí, ha tocado todos los palos: más comedia a la italiana en la famosa Feos, sucios y brutos (1976), los aires viscontianos de Una jornada particular, el drama en La terraza (1980), el género histórico en La noche de Varennes (1982) o la belleza crepuscular de ¿Qué hora es? (1989), donde dirigiría a Marcello Mastroiani por última vez.

-¿Está orgulloso de sus películas?
-Nunca las vuelvo a ver pero sí, me siento satisfecho. Para mí el cine siempre ha sido una vocación que surgía de la pasión y creo que todas, aunque las haya mejores y peores, han sido fieles a esa pasión. Se corresponden con lo que vivía y sentía en ese momento.

-¿Cree que el cine sirve para hacer un mundo mejor?
-No creo que las películas sirvan para construir un mundo mejor ni que lo transforme, pero sí deben servir para que los espectadores puedan comprenderlo. Un buen filme debe cultivar el espíritu crítico.



1/11/09

Bud Spencer cumple 80 años... Y si no, nos enfadamos

Pasará a la historia por sus tortas con Terence Hill



El actor italiano Carlo Pedersoli, más conocido por su nombre cinematográfico, Bud Spencer, cumple 80 años de una vida donde ha triunfado en el deporte como nadador y en la pantalla con sus épicos puñetazos al lado de su inseparable compañero Terence Hill.

Alejado de los grandes platós, Bud Spencer protagoniza actualmente en la teleserie 'I deliti del cuoco' (Los delitos del cocinero), donde interpreta el papel de un comisario de policía amante de la cocina.

"No me pondré a hacer volteretas, a mi edad prefiero las cosas simples. Además el lunes se vuelve a trabajar", explicó Spencer a los medios de comunicación que le preguntaron cómo festejaría su cumpleaños.

El gran público conoce a Spencer por ser el gigante bueno en algunos 'Spaghetti western' cómicos junto con Mario Girotti, el verdadero nombre de Terence Hill.

Puños de hierro, aletas de pez
Pocos saben que Spencer también fue un gran atleta. Jugador de waterpolo, fue el primer italiano que bajó del minuto en los 100 metros libres, participando además en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, Melbourne 1956 y Roma 1960.

Carlo Pedersoli nació en Nápoles y pasó parte de su adolescencia en Río de Janeiro. Tras esta paréntesis marchó a Roma, donde retomó los estudios y su amor por la natación.

"Mi gran éxito es mérito del público que ha mostrado su simpatía por este hombre de 120-150 kilos, pero el deporte me ha enseñado los grandes valores de la vida", cuenta Bud.

Su físico imponente llamó a las puertas de la interpretación en algunas películas como 'Quo Vadis?' (1951). Aunque su primer papel importante fue el del agresivo Nando de la película de Mario Monicelli 'Un eroe dei nostri tempi' (1955).

En 1957 dejó Italia y volvió a Sudamérica, donde trabajó como obrero de la construcción por un tiempo antes de volver para probar fortuna con la música, siendo autor de canciones para cantantes del momento como Ornella Vanoni y Nico Fidenco.

No obstante, las cámaras no había acabado con sus puños. Su regreso a la pantalla grande fue con el título de Giuseppe Colizzi 'Dio perdona... ma io no' (1967), que marcó el tipo de personaje que después interpretaría Spencer, el del gigante bueno, al que es mejor que no hacerle enfadar.

Su encuentro con Terence Hill fue el que le catapultó a la fama dando lugar a un auténtico genero cinematográfico con películas como 'I quattro dell'Ave Maria' (1968), 'La collina degli stivali' ("La colina de las botas, 1969) o 'Lo chiamavano Trinità...' (Le llamaban Trinidad, 1970), entre otras.

Otras películas míticas, no ambientadas en el lejano oeste, fueron 'Chi trova un amico, trova un tesoro' (Quién tiene un amigo, tiene un tesoro, 1981); Miami Supercops (Dos superpolicías en Miami, 1985); Altrimenti ci arrabbiamo (Y si no, nos enfadamos, 1974) y Botte di Natale (Y en Nochebuena, se armó el Belén).

Por su cuenta, otras películas destacadas son 'Banana Joe' (1981) y 'Lo chiamavano Bulldozer' (Le llamaban Pegafuerte, 1978).

Carlo Pedersoli también quiso dar el salto a la política y se presentó en 2005 a las elecciones regionales del Lazio, cuya capital es Roma, en las listas de Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, pero no fue elegido.
fuente:elmundo. es