3/4/14

El cine, según Magnum

 Magnum es un mito creado, imagen a imagen, por muchos nombres icónicos de esta profesión Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, David Seymour, Eve Arnold, Inge Morath… La tribu errante del cine no escapó a sus objetivos La agencia fijó el foco en la parte más íntima de los rodajes

La imagen del vaquero John Wayne, inmortalizada en 1959 durante el rodaje de El Álamo. Detrás, un atrezista con un caballo de cartón piedra a la medida del actor. / MAGNUM

En 1946, un año antes de la fundación de la agencia Magnum, Robert Capa viajó a Hollywood invitado por su amante, Ingrid Bergman. El fotógrafo húngaro y la actriz sueca se habían conocido poco antes en París. De la mano de Bergman, el fotorreportero más famoso de la historia, el hombre que pisaba todos los frentes bélicos, entró con su cámara en un estudio de cine para descubrir otro tipo de contienda. El rodaje de Encadenados, de Alfred Hitchcock, fue la semilla de un idilio mucho más fructífero y longevo que el de la bella estrella y el aguerrido reportero. Fue el nacimiento de la futura relación de Magnum con el cine, tan importante e icónico como el vínculo de la agencia con la realidad misma. La exposición La cámara indiscreta. Tesoros cinematográficos de Magnum Photos, que se inaugura el 1 de abril en la Sala Canal de Isabel II organizada por la Comunidad de Madrid, reúne más de cien imágenes que recogen aquella aventura entre fotografía y cine. Matrimonio que, como tantos, se acabó acomodando con los años hasta perder el fuego y la frescura de sus inicios.
Pero volvamos al principio. A la intensa Ingrid Bergman en Encadenados, envenenada por su marido nazi, el diminuto Claude Rains al lado de la sueca gigante, empujada a la muerte por su amor, el contenido agente Cary Grant. Y todos ellos, actores, personajes, técnicos, movidos por los hilos de Hitchcock, que sobrellevaba el peso de su imaginación y el sopor de las horas de rodaje corrigiendo el ojo de la cámara de Ted Tetzlaff, su operador. Como testigo, Capa, atraído por la ambivalencia de la situación, por la realidad confrontada a la ficción y la ficción devorando la realidad, por esa tribu errante y sin patria que formaba el cine.
Hasta entonces la fotografía de rodajes como la entendemos hoy no existía. Los estudios solo hacían imágenes para vender las películas
Como recuerda el crítico francés Alain Bergala en su libro Magnum Cinema, el abanico de amistades cinematográficas del fotógrafo húngaro era amplio, Gary Cooper, Billy Wilder, Gene Kelly, Joseph Mankiewicz… Pero de todas ellas fue una la que sellaría la relación épica de la agencia con el cine y sus estrellas: la de John Huston, a quien le gustaba el azar tanto como a él, y que anteponía la vida a cualquier jornada de trabajo. El juego, los perros, la caza, la familia…, en las prioridades del director de El tesoro de Sierra Madre las películas parecían quedar fuera de campo. “La relación de Magnum con el cine siempre fue una relación muy natural, más personal que profesional”, recuerda Emmanuelle Hascoet, directora de exposiciones de Magnum en París y encargada de la selección que viaja a Madrid. “Hasta entonces la fotografía de rodajes como la entendemos hoy no existía. Los estudios solo hacían imágenes publicitarias para vender la película. No había punto de vista. Magnum descubrió la parte más íntima de los rodajes. Por primera vez se vio lo que no se había visto antes. Lo cierto es que sin la amistad de los fotógrafos con muchas de las estrellas esto jamás hubiese ocurrido”.
La película que marca el mayor hito, y quizá el punto sin retorno, fue Vidas rebeldes, de Huston. Un drama escrito por Arthur Miller para su esposa, Marilyn Monroe.
El filme, rodado en 1960, dejaba a su suerte a un grupo de personajes inadaptados en una ciudad fronteriza y dedicada al juego, Reno, en pleno desierto de Nevada. La amistad del entonces director de Magnum en Nueva York con el productor de la película, Frank E. Taylor, provocó un encargo tan insólito como histórico: había que evitar a toda costa el aluvión de paparazis que ocasionaría el reparto. Así que para solucionarlo, la agencia suministraría grandes cantidades de material a las revistas. Al rodaje asistieron nueve fotógrafos de Magnum. La idea inicial era formar parejas de dos cada quince días. Un abordaje inédito que sin duda ha multiplicado la leyenda que rodea el filme y a su equipo.
La relación de Magnum con el cine siempre fue una relación muy natural, más personal que profesional, recuerda Emmanuelle Hascoet, directora de exposiciones de Magnum en París
Como si se tratase de un ejército paralelo, Magnum envió a sus mejores hombres y mujeres para exprimir la vida de aquella concentración de belleza, talento y desgracia. Nadie en ese momento sabía que iba ser la última película de Clark Gable, que moriría poco después de un infarto; ni la de Marilyn, que apenas la sobreviviría durante un penoso año. A la brecha de Gable y Marilyn se sumaba la herida de Montgomery Clift, por la que se colaban todas las drogas y el alcohol posibles. El actor se pasaba las noches en vela rees­cribiendo su papel. El rodaje resultó duro y agotador. Se duplicó el coste. Huston se jugaba el sueldo en el casino y Marilyn, para desesperación de todos, solo hacía caso a su profesora y confidente, Paula Strasberg. El rodaje se interrumpió por una crisis de la actriz, que acabó ingresada en Los Ángeles durante dos semanas por sus problemas con las pastillas para dormir y para despertar.
El batallón de Magnum lo registró todo sin invadir nada. De la luminosa energía de los primeros días a la oscuridad del tránsito y la tristeza y nostalgia del tramo final. Cada fotógrafo, además, miraba a su manera. Marilyn se llevó la peor parte en la vida real, pero nadie podía competir con ella si se trataba de seducir a una cámara. Devoraba los carretes. Por el rodaje pasaron primeras figuras. Cornell Capa, hermano de Robert, que había ingresado en la cooperativa después de su muerte; Henri Cartier-Bresson, otro de los fundadores junto al polaco David Seymour Chim y el inglés George Rodger; Bruce Davidson, un joven fotógrafo que meses antes había sacado oro de una inquietante cena entre Yves Montand, Simone Signoret, Arthur Miller y Marilyn; Ernst Haas, el austriaco al que debemos la mejor serie que existe frente a un objetivo de Robert Capa; Eliott Erwitt, que ya había fotografiado entre otras La ley del silencio, de Elia Kazan; Erich Hartmann, judío alemán que a los 16 años había emigrado a Estados Unidos huyendo del nazismo; Dennis Stock, el compañero de viajes de James Dean, con buen ojo y buena mano con las estrellas; Eve Arnold, la gran amiga de Marilyn y una de las que mejor supo retratarla, e Inge Morath, otra gran fotógrafa cuya presencia en el rodaje tomó un inesperado protagonismo al enamorase de Arthur Miller y desencadenar el final de una muerte anunciada: el matrimonio con Marilyn.
El cine forma parte del mito de Magnum, del corazón de la agencia
Juntos, los fotógrafos de Magnum crearon un fresco irrepetible. “Lo interesante eran ellos, no las fotos”, señaló una vez Elliot Erwitt cuando le preguntaron por aquel trabajo que fijó en la memoria decenas de imágenes icónicas de la historia del cine y de la fotografía. “Fue algo excepcional. Bien organizado. Pero cuyos resultados fueron muy fuertes”, afirma Emmanuelle Hascoet. “No se volvió a repetir. Los fotógrafos de Magnum siguieron yendo a los rodajes, pero jamás de esta manera”. Con los años, los buenos fotógrafos empezaron a huir del cine de Hollywood, espantados por una industria mucho más hermética hacia sus estrellas, consentidas a un control final del producto que ha devaluado su imagen hasta perder el interés. Como decía hace poco en Madrid Mary Ellen Mark, la mítica fotógrafa de Apocalypse Now, de Coppola, o del Satiricón, de Fellini, los actores son siempre un regalo, “pero solo cuando uno se puede acercar de verdad a ellos”.
El cine forma parte del mito de Magnum, “forma parte del corazón de la agencia”, en palabras de Hascoet. Magnum enseñó a mirar el cine a través de la fotografía, a descubrir secretos que la pantalla ocultaba. Sin mentiras, con la verdad que nace del respeto mutuo. Por su parte, el cine abrió el campo de acción de la fotografía a un terreno ilimitado: el de la épica y la imaginación, el de los infinitos rostros de los actores. Capas de realidad que se resumen en la imagen de Eugene Smith de Chaplin mirando por el ojo de una cámara dejando ver a su vez el agujero del zapato de Charlot; o toda la serie de Elisabeth Taylor en De repente, el último verano, donde Burt Glinn capturó por primera vez el volcán que latía en la actriz; o la lucha contra la naturaleza que también fue la versión de Moby Dick de Huston, fotografiada en Canarias por Erich Lessing; o la inmensidad de Castilla frente a la inmensidad de Orson Welles en una imagen de Nicolas Tikhomiroff en un descanso para comer de Campanadas a medianoche; o la maravillosa mirada de Alfred Hitchcock a Vera Miles en una imagen de Elliot Erwitt del año 1957 que revela como ninguna otra quién fue, lejos de los repetidos lugares comunes, la actriz a la que de verdad amó el cineasta o esa legendaria imagen tomada por Dennis Stock desde la distancia de los verdaderos hombres del Oeste a John Wayne en El Álamo, con el viejo vaquero seguido de cerca por un hombre del atrezo que carga un caballo de cartón piedra. Brutal metáfora de un universo que agonizaba, ofrecida al mundo desde la admiración de quienes nunca fueron tratados como extraños, sino como parte de la misma tribu.
La exposición Magnum on set se puede visitar del 2 de abril al 27 de julio en la Sala Canal de Isabel II de Madrid ( Santa Engracia, 125).

27/3/14

Italia se queda sin su fábrica de sueños

 Más de tres mil  películas han sido rodadas en los legendarios estudios Cinecittà de Roma, fundados por Mussolini, que están a punto desaparecer tras una larga crisis.     El mundo del cine se ha movilizado para evitar que las instalaciones sean desmanteladas para edificar un gran complejo comercial

Audrey Hepburn y Gregory Peck en Vacaciones en Roma, rodada en Cinecittà en 1953./elmundo.es
Son más de tres mil las películas que se han rodado en Cinecittà, los míticos estudios situados en el número 1055 de la Via Tuscolana de Roma. Pero ninguna tan dramática como el filme, con ribetes bélicos y a veces incluso tintes de terror, que tiene como protagonista el destino de esa estructura histórica por la que han pasado estrellas como Gregory Peck, Ava Gardner, Audrey Hepburn, Frank Sinatra, Kirk Douglas, Liz Taylor o Richard Burton y directores como Federico Fellini, Luchino Visconti, Vittorio De Sica, Robert Wise, Joseph Mankiewicz, William Wyler, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese. Por citar sólo unos cuantos.
En estos momentos Cinecittà no sólo se encuentra a años luz de sus días dorados, sino que languidece irremediablemente, dejada de lado por la industria del celuloide y tirando a duras penas de producciones de televisión como el 'Gran Hermano' italiano. Sigue siendo de propiedad estatal, pero desde hace unos 15 años su gestión está en manos privadas. Y son esas manos las que ahora le podrían asestar la puñalada final a través de un maquiavélico proyecto para levantar en sus 400.000 metros cuadrados de instalaciones hoteles, restaurantes, gimnasios, un centro de belleza, piscinas y un gigantesco aparcamiento subterráneo.
Hace sólo unos días un centenar de personas, con el cineasta Ettore Scola al frente, protestaron ante la sede del Ministerio de Cultura en Roma contra los planes de convertir a Cinecittà en una especie de Disneylandia y poner de ese modo el "The End" a sus 77 años de historia como estudios de cine. Porque fue el 28 de abril de 1937 cuando Mussolini inauguró los estudios de Via Tuscolana, sólo un año después de que Il Duce en persona decretara su fundación y colocara la primera piedra de un proyecto que inicialmente era megalómano (incluía por ejemplo un complejo residencial para que en el mismo vivieran los técnicos y demás empleados). Al fin y al cabo el cine fue uno de los principales elementos de la propaganda fascista, y en Cinecittà se rodaron varias películas de ese tipo, exactamente 17. Pero sobre todo se hicieron muchas comedias, dramas y películas de amor que lograron importantes éxitos de taquilla. Sólo en 1937 se produjeron en los estudios 19 filmes.

Exterior. Guerra

El estallido de la II Guerra Mundial y la caída del régimen de Mussolini pusieron fin a aquel incipiente despegue de Cinecittà. En 1943 los estudios fueron saqueados por las tropas alemanas, que se llevaron a Berlín 16 vagones repletos de material técnico y de decorados. Los 1.200 empleados con que entonces contaba Cinecittà (hoy son unos 200) fueron enviados a casa. Y un par de años más tarde los estudios resultaron gravemente afectados por los bombardeos aliados contra los nazis, que habían tomado la ciudad. Los alemanes ocuparon Cinecittà y la utilizaron como campo de concentración de civiles. Tras la liberación de Roma, los estudios dieron cobijo a cientos de personas que se habían quedado sin casa e incluso acogieron un hospital.
Pero la clausura de Cinecittà, que sólo en 1947 volvió a abrir sus puertas a las producciones cinematográficas, tuvo un efecto fundamental en la historia del séptimo arte. A falta de estudios, los cineastas italianos se vieron obligados a rodar en exteriores, lo que propició el nacimiento del neorrealismo. Son los años de 'Roma città aperta' (1945), de Roberto Rossellini (quien antes de la guerra se había estrenado como cineasta rodando en Cinecittà tres películas de propaganda fascista), y de otras cintas que contaban la Italia malherida por la guerra y que lloraba a sus muertos.
A partir de 1947 los cineastas italianos comenzaron lentamente a volver a rodar en Cinecittà. Incluidos los exponentes del neorrealismo. Pero el gran despegue de los estudios tuvo lugar a partir de los años 50, cuando al lince de Giulio Andreotti, entonces secretario de Estado de Cultura, se le ocurrió en 1949 ofrecer suculentas subvenciones a la industria del cine a fin de reactivar Cinecittà. Atraídos por esas ayudas, por los bajos costos, por la fascinación de Roma y por la maestría de los artesanos de Cinecittà ("Descienden directamente de Miguel Ángel", en palabras del productor Michael Hausman), numerosos directores de Hollywood comenzaron a rodar en Roma. Henry King realizó en 1949 'Príncipe de los zorros', con Tyrone Power y Orson Welles como protagonistas. Pero la primera gran superproducción que se hizo en los estudios de la Via Tuscolana fue 'Quo Vadis?' (1951), de Mervyn Le Roy, el filme que por sus imponentes dimensiones dio el pistoletazo de salida a la era dorada de Cinecittà. Por cierto, que a las pruebas como extra de 'Quo Vadis?' se presentó una jovencita llamada Sofia Scicolone, que más tarde se haría famosa con el nombre de Sophia Loren.

La época dorada y 'La dolce vita'

Aproximadamente 15 años duró esa época dorada de Roma, en la que la ciudad se llenó de estrellas, de fiestas despendoladas, de 'paparazzi' a la caza de famosos, de risas, de ríos de dinero, de escándalos... Roma se ganó el sobrenombre de "la Hollywood a orillas del Tíber" y 27 películas de importante producción fueron rodadas en ese periodo en Cinecittà, películas que de media echaban mano de unos 1.500 extras al día. No le faltaba razón a Andreotti cuando dijo aquello de que 'Quo Vadis?' había hecho más por Roma que el plan Marshall... A día de hoy, 'Cleopatra', dirigida en 1963 por Joseph L. Mankiewicz y rodada en Cinecittà, pasa por ser uno de los filmes más caros de la historia del cine, hasta el punto de que casi llevó a la bancarrota a la 20th Century Fox. Costó la friolera de 44 millones de dólares de entonces, el equivalente a unos 232 millones de euros de hoy en día.
Aspecto de Cineccittà durante el rodaje de Cleopatra.

Para la capital italiana, Cinecittà se convirtió en el equivalente a las grandes fábricas del norte de Italia que daban trabajo a numerosa mano de obra. Ya en 'Bellisima' (1951) Luchino Visconti mostraba a un grupo de madres desesperadas (entre las que se encontraba Anna Magnani) dispuesta a lo que fuera con tal de conseguir que su hija se llevara el papel de pequeña protagonista de un filme. Y Fellini, por su parte, plasmó en 'La dolce vita' (1960) la locura de Roma en esa época a caballo entre los años 50 y 60 en la que el cine salió de los estudios para invadir las calles de la ciudad, transformando Via Veneto en una sucursal de Cinecittà y convirtiendo a la capital italiana en capital internacional del cine. Fellini acabó siendo el director más fiel a Cinecittà, donde trabajó durante más de 20 años y donde realizó todas sus películas importantes. Al morir en 1993, su capilla ardiente fue instalada precisamente en el estudio número 5 de Cinecittà, aún hoy el más grande de Europa con sus 2.873,04 metros cuadrados y el preferido del maestro.
Para Cinecittà, aquellos fueron los años dorados de 'Vacaciones en Roma', de 'La condesa descalza', de 'Guerra y paz', de 'Adiós a las armas', de 'Cleopatra', de 'Ben Hur', de 'Sodoma y Gomorra'... En Roma desembarcaron grandes estrellas y directores como Mervyn LeRoy, Willy Wyler, Robert Aldrich, Kirk Douglas, Richard Burton, Liz Taylor, King Vidor, Gregory Peck, Audrey Hepburn...

La ciudad favorita de Audrey

"Cada ciudad, en su estilo, es inolvidable. Pero si me preguntan cuál es mi preferida, diría que Roma", confesó Audrey Hepburn, que rodó en la Hollywood a orillas del Tíber tres 'pelis' -'Vacaciones en Roma' (1953), de William Wyler; 'Guerra y Paz' (1956) con King Vidor como director e 'Historia de una monja' (1959)- y que tras casarse en 1969 con el psiquiatra romano Andrea Dotti decidió aparcar su carrera de actriz y vivir 20 años en la Ciudad Eterna.
Al rebufo de las grandes producciones cinematográficas, Cinecittà se convirtió en escenario de muchos filmes de sandalias, como los romanos bautizaron con su inconfundible sentido del humor a las numerosas películas de histórico-mitológicas que se grabaron en Roma. Durante esos 15 años de gloria, unos 150 filmes de epopeya fueron producidos en Cinecittà. Pero los gustos del público cambiaron y el filón de las epopeyas mitológicas se agotó. Cinecittà se reinventó gracias a los 'spaghetti-westerns', un género que arranca de la mano de Sergio Leone con 'Por un puñado de dólares' en 1964.
Los años 70 y la llegada de la televisión comenzaron a marcar el réquiem de las salas de cine y de Cinecittà. En Cineccità en los últimos años se han grabado pocas películas, la más importante sin duda 'Gangs of New York', de Martin Scorsese. Los estudios sobreviven a duras penas gracias a la televisión y a programas como 'Grande Fratello', la versión italiana de 'Gran Hermano'. Y encima, en los últimos años se han registrado varios incendios en Cinecittà, desde uno en pleno agosto de 2007 que destruyó unos 4.000 metros cuadrados del complejo a otro en 2013 que arrasó completamente la casa en la que se desarrollaba 'Gran Hermano'.
Los malpensados aseguran que esos incendios han sido provocados y forman parte de una estrategia para acabar con los estudios de cine y aprovechar los vastos terrenos de Cinecittà para inversiones inmobiliarias. Pero nadie sabe cómo acabará esta película. Como mandan las reglas del gran cine, el suspense se mantendrá hasta el final.

3/3/14

Muere Alain Resnais, gigante del cine francés

El director de Hiroshima mon amour El año pasado en Marienbad  ha fallecido en París.  A sus 91 años tenía una de las filmografías más importantes del cine europeo

Alain Resnais fotografiado en el festival de Cannes en 2012. / Reuters./elpais.com
Alain Resnais, decano de la Nouvelle Vague, movimiento al que no perteneció plenamente (como Agnés Varda, Jaques Demy o Chris Marker estaba más cerca de la llamada corriente de la Rive Gauche ) ha muerto en París a los 91 años. Tras él queda una filmografía repleta de títulos memorables, como Hiroshima mon amour, La guerra ha terminado u On connait la chanson. Hombre inclasificable y de contagiosa vitalidad, trabajó mucho más allá de la jubilación.
Resnais no ha cesado de experimentar a lo largo de su dilatada y prestigiosa carrera. Inclasificable, constantemente revolucionando el séptimo arte, acababa de recibir el premio Adolf Bauer en el festival Berlín, el que recompensa las obras que “abren nuevas perspectivas” al cine por su último trabajo, Amar, beber, cantar , que saldrá en las salas francesas a finales de mes. El cineasta, que preparaba ya su próxima película, murió a los 91 años el sábado por la noche, al día siguiente de la gala de los César, un galardón que recibió hasta en cinco ocasiones.
Resnais era la encarnación misma del cine francés, capaz de aunar una “inmensa popularidad con una notable exigencia artística”, según destacó en la radio pública la ministra de Cultura, Aurélie Filippetti. “Siempre estaba allí donde no se le esperaba (…) Incluso a los 91 años sabía abrir nuevas vías”, añadió, en referencia a su último trabajo. “Francia ha perdido a uno de sus mayores cineastas”, lamentó por su parte el presidente François Hollande. “Recibió todas las distinciones y todos los premios. Pero lo que contaba para él, siempre era la próxima creación”, concluyó.
Alain Resnais y Ellen Burstyn en el rodaje de Providence.
“Alain ya no está, somos todos huérfanos: el cine francés, el cine a secas”, reaccionó Gilles Jacob, presidente del Festival de Cannes, que recompensó al director en 2009 por el conjunto de su carrera, aunque nunca llegó a darle la prestigiosa Palma de oro. “Se ha pasado la vida buscando y encontrando. Está vivo”, añadió Jacob, quien reclamó unos funerales nacionales para el director, al igual que hizo Italia cuando murió Fellini. De no hacerlo, sería “un abandono de gloria”.
Alain ya no está, somos todos huérfanos: el cine francés, el cine a secas”, reaccionó Gilles Jacob
Nacido el 3 de junio de 1922 en Vannes, en la Bretaña francesa, donde su padre era farmacéutico, se inició adolescente al arte cinematográfico. Con tan solo 13 años realizó su primer corto metraje y en 1943 se inscribió en el IHEC, la escuela de cine, en la sección de montaje, una disciplina cuya maestría demostró primer en sus sucesivos cortos, como Van Gogh (1948), premiado con un Oscar, Guernica (1950), Les statues meurent aussi (1953) y le Chant du styrène (1958). Culminó con el documental La noche y la niebla (1956), verdadero pistoletazo de salida a su carrera.
Se estrenó a lo grande en el largometraje de ficción con su mítica Hiroshima, mon amour, basada en el guión de Marguerite Duras. Era la primera película en no respetar la narración lineal y lo consagró así como uno de los padrinos de la Nouvelle Vague. El propio Jean-Luc Godard admitiría más tarde sus celos por aquella revolucionaria película. A los dos años, siguió otra obra magistral, El año pasado en Marienbad (1961), escrita con el padre del Nouveau roman, Alain Robbe-Grillet, película misteriosa y provocadora por la que recibió el León de Oro de la Muestra de Venecia.
En 1963, volvió a un cine más político con Muriel, donde abordaba entre otros el espinoso tema de la tortura en Argelia, y en 1966 con La guerra ha terminado, con guion de Jorge Semprún, quien se inspiró en su exclusión dos años del Partido Comunista Español. En 1967, participó en la película colectiva Lejos de Vietnam, en solidaridad con el pueblo vietnamita.
Como destacaba este domingo el diario Liberation, es difícil encontrar en los archivos una mala crítica de Resnais: sus películas eran magistrales o “simplemente buenas”. En su extensa filmografía siguieron entre otros Te amo, te amo (1968), Staviski (1973), Providence (1976), Mi tío de América (1980), La vida es una novela (1983), Muerte al amor (1984), Mélo (1986), Smoking/No Smoking (1993) o su gran éxito, On connait la Chanson (1997). Más recientemente había realizado En la boca no (2003), Asuntos privados en lugares públicos (2006), Les herbes folles (2009), recompensada con el Premio Excepcional del Jurado de Cannes, y Vous n’avez encore rien vu (2012).
Muy querido por sus compañeros, elegante, educado, siempre amable, sonriente, amante de la cultura clásica como de la popular, en particular la estadounidense de los musicales y del tebeo, la avalancha de reacciones durante el día daban idea de la importancia de la pérdida. Un “devastado” Pierre Arditi, actor fetiche del cineasta a partir de los ochenta junto a su esposa Sabine Azéma y a André Dussollier, recordó en la televisión BMF que “nada se parece menos a una película de Resnais que otra película de Resnais, siempre estuvo experimentando sin nunca copiar lo hecho anteriormente”. Aunque sin duda la gran pena para los amantes del séptimo arte, como resumía el delegado general del Festival de Cannes, “no es tanto que haya muerto Alain Resnais, es que ya no habrá películas de Alain Resnais”.

11/2/14

Muere Shirley Temple, molde de todas las niñas prodigio del cine

 La actriz ha muerto a los 85 años, según ha informado la BBC. Fue la gran estrella infantil de los 30 junto a su némesis, la atormentada Judy Garland. Participó en  Fort Apache, de Ford, pero su carrera adulta no tuvo éxito

 
Shirley Temple en su momento de esplendor./elmundo.es

Cantaba, bailaba, tenía unos mofletes como para comérselos, unos rizos rubios perfectos, ponía caritas... Hasta Vainica Doble le dedicó una canción, muchos años después. Fue el molde de todas las niñas prodigio que en el cine ha habido. Y ahora, la actriz y cantante Shirley Temple ha muerto a los 85 años, según ha informado la BBC.
Cualquiera sonreirá al pensar en Shirley Temple, la niña un poco repipi de 'La mascota del regimiento' o de 'Wee Willie Winkie'. Pero, un respeto, porque aquellas películas eran de John Ford (dos 'fords' menores, pero dos 'fords'), que también confió en ella para 'Fort Apache'. Y esto ya son palabras mayores. En aquel fuerte, Temple, no niña sino adolescente, enamoraba a apuestos tenientes, hacía de gata encerrada, de presencia turbadora. Y no, no estaba mal.
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En realidad, en ese momento, Temple parecía pero no era tan adolescente. Tenía 20 años y buscaba una manera de reinventarse, consciente de que sus años de esplendor habían pasado. La actriz fue, si no la pionera, si la gran niña del primer cine sonoro en los años 30 y 40, en competencia con Judy Garland (seis años mayor que ella), su némesis, su reflejo oscuro. Garland le quitó el papel de 'El mago de Oz', la película que culminó aquel cine, de modo que, de alguna manera, venció en su rivalidad con Temple. Pero también es verdad que se deslizó en seguida hacia la autodestrucción (alcohol, pastillas, intentos de suicidio, etcétera), mientras que Temple se limitó a engordar prudentemente, ligarse al Partido Republicano estadounidense y vivir su vida de antigua niña prodigio.
Pero eso fue mucho después. Todo empezó en 1932: los padres de Temple, gente de clase media de Santa Mónica, California, la apuntaron a escuelas de interpretación a los cuatro años. La cría tenía un nosequé irresistible y alguien la enganchó al 'sistema', el método industrial de hacer películas que desarrolló Hollywood en los años 30. Primero, en las ligas menores (Educational Pictures), después en Fox, después en la Twentieth... Eran los años de la depresión, y Estados Unidos demandaba películas luminosas y dulces. Shirley era su chica.
Shirley Temple, retratada por Salvador Dalí.
 
Llegó su momento de esplendor, el periodo 1935-1937: 'Heidi', sus películas con Ford, las producciones de lujo (durante sus primeros años, Temple trabajó en precariedad)... Pero duró poco. Sus películas de 1940 fueron un fracaso comercial, se le escapó 'El mago de Oz' y, en 1942, sus padres la mandaron a un internado para que descansara unos meses y reiniciara su carrera.
Volvió menos rubia, con la voz cambiada y con la estrella perdida. Fracasó en su intento de estar a la altura de Garland y Mickey Rooney en un musical, se casó a los 17, fue madre a los 20 y, pese a 'Fort Apache', a los 21, ya era una vieja gloria que ya casi no volvió a trabajar ante una cámara (algo de televisión).

5/2/14

Una editorial italiana publica la única novela escrita por Charles Chaplin, 'Footlights'

 Un siglo después de su debut en pantalla aparecerá  Footlights, novela en la que basó el guión de una de sus películas

Secuencia de la película Candilejas./lainformacion.com,20minutos.es

La editorial italiana Edizioni Cineteca di Bologna ha sacado a la luz la única novela del actor inglés y cómico adoptado estadounidense Charles Chaplin, que escribió a los 58 años y en cuyo argumento se basa la película Limelight (Candilejas en España) llevada a la gran pantalla en 1952.
El relato inédito ha permanecido guardado durante 66 años desde que se escribió, según ha explicado la editorial, y constituye "un caso único en la carrera de Chaplin, que llama la atención por la vivacidad de su estilo, el equilibrio narrativo y la libertad con la que va del estilo coloquial de la acción al aire dickensiano en la descripción de los personajes".
El biógrafo oficial y estudioso del artista, David Robinson, ha colaborado con la familia de este para reconstruir el relato a partir de los fragmentos manuscritos que se conservaban en el Archivo Chaplin y para "guiar al lector a la plena comprensión de la obra", que narra la historia de una bailarina y un payaso.
Según explican los responsables de la edición del texto, el argumento se basa en el "breve pero decisivo" encuentro que Chaplin mantuvo con el bailarín ruso Nijinsky y en sus vivencias en el mundo del teatro londinense.
Además del relato de 34.000 palabras, el libro está ilustrado con documentos y fotografías inéditas que han sido rescatadas del Archivo Chaplin y de "rarísimos testimonios iconográficos" de cómo era Londres durante los años de la juventud y la educación del artista.

2/2/14

Fallece el actor Philip Seymour Hoffman

El cadáver del actor, ganador del Oscar con Capote, ha sido encontrado esta mañana en su apartamento en Nueva York

El actor estadounidense Philip Seymour Hoffman. / Jeff Dunas. /elpais.com

Las noticias que llegaban sobre sus adicciones a los medicamentos y a la heroína, y sus entradas y salidas de clínicas de rehabilitación no hacían prever este fatal desenlace: el cuerpo de Philip Seymour Hoffmanha sido encontrado esta mañana en su apartamento de la calle Bethune en el neoyorquino barrio de West Village.La policía de Nueva York está investigando las causas de la muerte. El cadáver ha aparecido en el baño con una jeringuilla clavada, a su lado restos de lo que parece heroína en un sobre (en la casa han aparecido seis papelinas), y lo encontró un amigo guionista, a las 11.30. En The New York Times, un oficial de la policía asegura: "Está bastante claro que fue una sobredosis. La jeringuilla estaba en su brazo". El amigo se había acercado a casa de Hoffman porque el actor no había ido a recoger a sus tres hijos, el mayor de diez años, fruto de su larga relación, ya acabada, con la diseñadora de vestuario Mimi O'Donnell.
A sus 46 años, Seymour Hoffman estaba considerado uno de los más brillantes actores actuales. Ganador del Oscar por Capote, candidato tres veces más con La guerra de Charlie Wilson, La duda y The master,también tuvo una fructífera carrera en teatro: compitió dos veces por los Tony. Y en televisión también estuvo dos veces compitiendo por el Emmy. "Soy un perfeccionista, un problema si eres actor. Cada entrada en escena es la primera vez. Yo no repito tomas, sino que vuelvo a hacerlas. Son conceptos diferentes", contaba en una entrevista en el suplemento Tentaciones.
Durante toda su carrera este actor neoyorquino de cuerpo rechoncho, más alto de lo que parecía en pantalla e indudable bonhomía, luchó por la originalidad. Por mucho que se supiera que salía en el reparto, Hoffman, que se dejaba o quitaba la barba según lo pidiera el papel, desaparecía en favor de la película. Y si no, no hay más que recordar al periodista de Casi famosos, al técnico de sonido homosexual en rodajes porno de Boogie nights, al cura lascivo de Cold mountain, el enfermero de Magnolia, a su Truman Capote, al malo de Misión: Imposible III, al oficial de la CIA de La guerra de Charlie Wilson, al ambiguo padre Flynn de La duda, al entrenador de béisbol ajado de Moneyball, al cínico asesor político de Los idus de marzo o al hipnótico creador de una secta en The master. Si hubiera que escoger un intérprete de Hollywood del que podíamos esperar grandes trabajos en el futuro, ese era Hoffman, que aún así entendía la importancia de la colaboración. En una entrevista en EL PAÍS, el hoy fallecido aseguraba: "Los actores no competimos. Si caes en ese pique tu interpretación será nefasta. Es imposible un buen trabajo sin el apoyo de tus compañeros. Hay quien dice que actuar es como hacer el amor. Tampoco estoy de acuerdo. Es demasiado simplista pensar que actuar es lo mismo que seducir".
Participó en cinco de las seis películas de Paul Thomas Anderson
En mayo, Hoffman ingresó durante 10 días en una clínica de desintoxicación. Él mismo contó a la web 'TMZ' que estaba enganchado a las pastillas y que había estado esnifando heroína. Algo que le recordaba a su paso estudiantil, ya que mientras estudió en la Universidad de Nueva York ya se dio a varios excesos, que cortó radicalmente tras graduarse a los 22 años.
Hijo de un exejecutivo de Xerox y de una abogada, Philip Seymour Hoffman nació el 23 de julio de 1967. Su voz, que fue tornándose más grave con la edad, y su físico le ayudaron a encarnar papeles de mayor edad que la suya. Desde el instituto tuvo claro que lo suyo era actuar: ya en 1984 asistió a la escuela de teatro de la New York State Summer School of the Arts. Y al acabar el instituto participó en el Circle in the Square Theatre, un curso de actuación de verano. En 1989 se tituló en Interpretación en la la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York, donde fundó la compañía teatral Bullstoi Ensemble, junto a Benneth Miller, que años después le dirigiría en Truman Capote y enMoneyball. "A excepción de un par de años que me mudé a Los Ángeles por una relación sentimental, he vivido siempre en Nueva York y tiene su razón de ser. Es la capital del teatro. Pero también me gusta el cine. Me gustan las palabras desde antes incluso de aprender a leer. Y la voz. Soy muy consciente, en mis papeles, del tono de voz. Envejezco y mi energía y mi cuerpo son diferentes. Pero tengo las mismas inseguridades o la misma certeza en mi trabajo que tenía antes". Esa consciencia del material con el que contaba le hizo centrarse en una carrera repleta de secundarios, de personajes de esos que se comen a dentelladas a los protagonistas, los famosos robaplanos. "¿La gente? A veces me identifican con mis personajes, pero no saben quién soy".
Tras licenciarse, participó en un episodio de la serie Ley y Orden. En 1992 ya trabajó en cuatro películas, y la primera que estrenó fueEsencia de mujer. Entre esa decena de personajes secundarios de mitad de los noventa -Twister, Cuando un hombre ama a una mujer, La huida- está el que interpretó en Hard Eight, Sidney, la primera película de Paul Thomas Anderson, su director fetiche: ha estado en cinco de sus seis largometrajes. Llega la explosión de Hoffman: Boogie nights, Próxima parada Wonderland, Magnolia, El gran Lebowski, Happiness, State & Main, Casi famosos y El talento de Mr. Ripley.
Yo no repito tomas, sino que vuelvo a hacerlas. Son conceptos diferentes"
El siglo XXI lo inició con Con amor, Liza, un filme independiente rodado con 900.000 euros, escrito por su hermano Gordy y dirigido por su amigo Todd Louiso, en el que encarnó a uno de sus pocos protagonistas. Entre la treintena de trabajos de estos últimos 13 años están Embriagado de amor, Cold muntain, Y entonces llegó ella (todo actor tiene un borrón), Misión: Imposible III, la última noche...Y en 2005 Truman Capote, que le reportó un oscar más que merecido.
Recorrer su carrera es asistir a grandes títulos, a colaboraciones con enormes directores, como la que le unió con Sidney Lumet en Antes que el diablo sepa que has muerto, o con Richard Curtis en Radio encubierta.
En esa búsqueda de guiones y películas distintas, como Synecdoche, Nueva York o Increíble pero falso, siempre fue de la mano de Paul Thomas Anderson, que le regaló el papel de Lancaster Dodd, el fundador de una secta con evidente paralelismo con la Cienciología, enThe master.
Sus dos últimos estrenos en España han sido El último concierto, en el que encarna a un segundo violín de un talentoso cuarteto de cuerda, yLos juegos del hambre: en llamas, una serie que tendrá que replantearse ahora cómo retomar su personaje. Recién estrenada en Estados Unidos queda God's pockett, y pendiente aún de su lanzamiento comercial está la que puede que sea una enorme y postrera interpretación: la que regalaen A most wanted man, thriller dirigido por Anton Corbijn. Ambas fueron proyectadas en el pasado festival de Sundance.
En un comunicado, su familia ha declarado: "Estamos devastados por la pérdida de nuestro querido Phil y apreciamos las muestras efusivas de amor y apoyo que hemos recibido de todos. Esta es una pérdida trágica y repentina, y les pedimos que respeten nuestra privacidad durante este tiempo de duelo. Por favor, tengan a Phil en sus pensamientos y oraciones".