24/2/12

'Chocó' brilló bajo las estrellas en Cartagena

Inauguración del festival de cine de Cartagena de Indias con la película colombiana Chocó

El actor mexicano Gael García Bernal estuvo presente en la inauguración del FICCI 2012. foto:Efe. fuente:shock.com.co

"Aunque dicen que nadie es profeta en su tierra, este no será mi caso. El que estemos aquí presentes estrenando por primera vez nuestra película, ya es un gran precedente". Esta fue la frase contundente con la que Jhonny Hendrix Hinestroza, director de la película colombiana 'Chocó', abrió este jueves 23 de febrero el Festival de cine de Cartagena.

Por primera vez su película se presentaba en Colombia, luego de recibir comentarios muy positivos en el Festival de cine de Berlín y el marco no podía ser mejor, cerca de 2000 mil personas, sentadas cómodamente en sillas y tribunas bajo las estrellas en la Plaza de la Paz, ubicada justo debajo de la Torre del Reloj, en el centro histórico de la Heroica.

Vestido para la ocasión y con la seguridad e inspiración que sólo dan los nervios, el director colombiano se robó la atención de la noche, a pesar de la presencia de grandes personalidades de la vida nacional como el presidente Juan Manuel Santos, que también realizó tremendo discurso, citando entre otros a uno de los precursores del cine, George Meliés: "Si alguna vez se han preguntado de dónde vienen los sueños, miren a su alrededor", dijo el mandatario de los colombianos, que cumpliendo con el protocolo y el glamour de la ocasión entró por la alfombra roja como lo han hecho cientos de estrellas del séptimo arte. Lo seguiría uno de los invitados de honor, el mexicano Gael García Bernal y por supuesto el elenco de la cinta colombiana, Karen Hinestroza, Esteban Copete, Fabio García, Daniela Mosquera y Jesús Benavides.

Uno a uno el realizador de 'Chocó' fue subiendo a la tarima principal a todo su equipo de trabajo, no sin antes disculparse por los nervios que ya se le notaban en cada una de sus palabras. El último en llegar al escenario fue su hijo, quien lo abrazó con fuerza en medio de los aplausos de un público conmovido con el espectáculo.

"Ya teniendo aquí a mis poetas, les presento la película. Chocó es una obra humilde que no representa todo lo que es un pueblo, sino una pequeña parte de una región y sus problemáticas", afirmó Hinestroza, agregando: "Me gustaría que no sólo la critiquen, sino que nos ayuden a evolucionar como pueblo".

El filme comenzaría finalmente a las 9 p.m. una hora después de lo esperado, en una noche con cielo despejado. El público tomó asiento mientras las luces se apagaban rápidamente y sin contemplaciones.

80 minutos en los que se apreció el contraste de la belleza de un territorio natural bastante virgen y la dureza de un modo de vida en el que impera el desplazamiento, la explotación ilegal de la minería y la violencia doméstica.
Una historia sencilla y sin mayores pretensiones, como dijo su director, pero con una fotografía impresionante, aprovechada al máximo gracias a los planos bien abiertos que explotaban con el tiempo necesario y sin apresurarse los paisajes propios de lo rural.

A su vez, una carga folclórica poderosa que siempre es protagonista, con cantos tradicionales del pacífico, en los que sobresalen las interpretaciones femeninas y el exquisito 'sabor' de la marimba de chonta.

Perfectamente por momentos podría ser un musical, con una carga genética 'made in' Colombia, en la que también tiene cabida juegos populares y rondas infantiles.

Pero no se engañe, el trasfondo de lo que se cuenta es muy doloroso y proyecta cómo la mujer chocoana lucha por superar el maltrato, la pobreza y seguir adelante, eso si, con mucho respeto y sin caer en la porno miseria.

"Cuando me preguntan de dónde surgió la idea de 'Chocó', siempre respondo que por mi madre, ella fue mi poesía y mi inspiración, y muchas de las escenas son recuerdos que tengo de ella", dice Jhonny Hendrix, quien afirma querer rendir más un homenaje a la cultura y un pueblo, que hacer una crítica social.

"Aquí trabajamos con la mano en el corazón", dice el director, quien a pesar de llevar largo rato en la escena audiovisual nacional con su productora Antorcha Films en Cali, presenta con orgullo su ópera prima, logrando reunir un elenco de primera categoría, en el que predominan los actores naturales y músicos tan destacados como el maestro Esteban Copete.

Este viernes continúa la fiesta cinematográfica, con un encuentro con el actor y productor Gael García Bernal y el director inglés Roland Joffé, quien es recordado por películas como 'La Misión' , 'La letra escarlata' y su más reciente producción 'Encontrarás dragones', que protagoniza la exchica Bond Olga Kurylenko.

Además, comienzan las proyecciones gratuitas en las diferentes salas habilitadas de la ciudad, debutando entre ellas cintas tan esperadas como 'Porfirio' del realizador Alejandro Landes y ´Pescador', del ecuatoriano Sebastián Cordero, recordado por películas como 'Rabia'.

23/2/12

Este jueves comienza el Festival Internacional de Cine de Cartagena

Edición número 52 de este encuentro, que tendrá en Isabella Rossellini y Gael García Bernal a sus invitados más ilustres
Una de las imágenes de Heleno, del director José Henrique Fonseca, que compite por Brasil en la categoría Oficial Ficción. Cortesía FICC. fuente:elespectador.com

Cartagena dejó sonar el Festival de Música, luego pasó las páginas del Hay Festival para, a partir de hoy, darle la bienvenida a la competencia visual en el Festival Internacional de Cine. El encuentro cultural, que celebra el registro de las imágenes en movimiento y festeja la oscuridad en las salas para dar protagonismo a los proyectores y las pantallas, llega a su edición número 52 con la tranquilidad de haberse consolidado como ventana del cine mundial, pero con el interrogante de si posee una infraestructura acorde con la magnitud del evento.

Por eso se anunció desde el año pasado que la prioridad para este 2012 sería la adecuación de los escenarios para que los espectadores no se perdieran de ningún detalle, pero también para que los directores se sintieran respetados y vieran sus creaciones en condiciones óptimas. El teatro Adolfo Mejía, antes llamado Heredia, es uno de los ejes principales del certamen y durante varios años presentó complicaciones con el sistema de audio, que se han ido solucionando con el paso de los meses. El ejemplo de este espacio sirvió para que los organizadores detectaran las falencias de otros lugares y, por indicación de la directora, Monika Wagenberg, se concentraran en la modernización de escenarios, tanto del centro histórico como de las salas ubicadas por fuera del baluarte.

"Esto no sólo nos permite estar al frente de los avances tecnológicos en la industria, sino, además, programar películas tan nuevas que todavía no han tenido tiempo de transferirse a 35 mm. Es el caso de varias de las obras de la competencia oficial de ficción, pero sobre todo de las películas colombianas, que serán todas estrenos nacionales, y también, en un alto porcentaje, estrenos mundiales", comenta Wagenberg, quien lleva dos años al frente del evento, después de la muerte de su fundador, Víctor Nieto.

Una de las novedades más importantes para este año es la determinación de no incluir a un país invitado de honor dentro de la muestra. Esa figura, fuerte durante las ediciones pasadas, se cambió por dos homenajes de gran proyección. El primero es un tributo al Festival de Cine de San Sebastián en sus 60 años y consiste en la proyección de las películas ganadoras de la Concha de Oro en la última década, y el segundo es un reconocimiento especial que se hará a la actriz, directora, productora y escritora italiana Isabella Rossellini, una artista polifacética y apasionada que ha consolidado su nombre dentro y fuera de la industria cinematográfica.

El mexicano Gael García Bernal figura también dentro de los invitados especiales, y se contará, además, con la presencia de todos los directores de las películas en la competencia oficial de largometrajes y documental.

En la categoría Oficial Ficción se exhibirán películas como El año del tigre, de Sebastián Lelio, El lenguaje de los machetes, de Kyzza Terrazas, y la publicitada Chocó, de Jhonny Hendrix Hinestroza, pieza que abrirá hoy el Festival Internacional de Cine de Cartagena con una proyección especial en la Plaza de la Paz. Pero también habrá espacio para las muestras de las categorías Oficial Documental, Colombia al 100%, Oficial Cortometraje, y el programa Cine bajo las estrellas.

Cartagena será el escenario principal de este encuentro en el que el cine se da pantalla.

22/2/12

La bestia del cine

Álex de la Iglesia invitado de honor en FICCI Sabe, como pocos, pasar de la ciencia ficción al cine negro y del terror a la comedia. Es Álex de la Iglesia, el director que empezó escribiendo cómics y cuya película, La chispa de la vida, será la encargada de clausurar el Festival de Cine de Cartagena de Indias
Álex de la Iglesia, viene al Festival de Cartagena de Indias, donde se le tributará un homenaje a su trayectoria de realizador iconoclasta e irreverente con un profundo talento.foto.fuente:revistaarcadia.com

Sus personajes viven al límite, en situaciones de por sí extremas que son llevadas a extremos aún más insospechados. Da igual si la trama es de ciencia ficción, en código de comedia de situación, de cine negro o de película de terror. Álex de la Iglesia, cuyo nombre completo es Alejandro de la Iglesia Mendoza, ha logrado crear en la diversidad de temas, enfoques —como también de presupuestos disponibles— un sello propio que lo distingue como uno de los mejores directores de la historia del cine iberoamericano.

Desde hace bastante más de diez años se ha convertido en un icono del cine español que ha sabido llegarle a grandes públicos sin perder su esencia de cineasta de culto, estatus que adquirió en 1995 con su película El día de la Bestia, su segundo largometraje. Como lo define Mauricio Reina, crítico de cine: "Álex de la Iglesia está en la cúspide de la farsa-parodia-comedia en Iberoamérica, porque se toma tremendamente en serio unas ideas que parecen chistes tontos. Sus historias siempre están en el límite del absurdo y sus personajes en la frontera del ridículo (salvo Crímenes de Oxford, una película atípica en su obra), y sin embargo funcionan de maravilla por el perfeccionismo de su dirección. En otras manos sus películas serían una soberana ridiculez; en las suyas son admirables estallidos creativos, y además son divertidísimas".

Defensor a ultranza de Internet, plataforma a la que definió como "la salvación del cine", alguna vez expresó que si en su vida no hubiera estado el cine habría sido un terrorista, un psicópata o un asesino en serie. Álex de la Iglesia nació en Bilbao el 4 de diciembre de 1965 y desde niño se destacó como el raro de la clase. En vez de jugar al fútbol como todos, dedicaba su tiempo a ver películas antiguas y leer cómics. Precisamente comenzó su carrera artística como dibujante de comics mientras estudiaba la carrera de licenciado en filosofía de la Universidad de Deusto, de la Compañía de Jesús (a la que le hizo homenaje en su película El día de la Bestia, de donde es catedrático en teología el padre Ángel Berriartúa, el protagonista). En la universidad, según él mismo recuerda, frecuentó el bar y el cineclub y también fundó un club de juegos de rol.

De los cómics al cine no había sino un paso, que no todos son capaces de dar. De la Iglesia aprovechó sus dotes de dibujante y diseñador para ingresar al mundo del espectáculo como decorador y luego director artístico de televisión. Su amigo, el director Enrique Urbizu, lo contrató para que diseñara el afiche de Tu novia está loca, su primera película, que realizó en 1988. Tres años más tarde Urbizu lo contrató como decorador de Todo por la pasta, otro de sus largometrajes. También se desempeñó como diseñador de escenarios en la televisión vasca, en la que, además, realizó bromas a personajes famosos en el programa Inocente inocente.

En 1991, mientras desempeñaba sus oficios en la televisión, debutó como director con el corto Mirindas asesinas, filmado en blanco y negro, y que mostraba la gran afición de De la Iglesia por el cine negro y de terror. El éxito en festivales de este cortometraje animó a Pedro Almodóvar y su productora El Deseo a producir Acción mutante, el que sería el primer largometraje de Álex de la Iglesia. La premisa de la película es muy simple. En un mundo dominado por la belleza y la perfección, los discapacitados deben entrar en la clandestinidad para luchar por sus derechos en un mundo que los ignora. Un grupo de ellos organiza un escuadrón terrorista al que denominan "Acción Mutante", que se dedica a sembrar el caos y la anarquía.

Su siguiente largometraje fue El día de la Bestia, una idea que rondaba por su cabeza desde sus días en la universidad, y que tuvo que esperar varios años para que pudiera ser llevada a la pantalla. No era fácil convencer a un productor para que se arriesgara a financiar un proyecto basado las profecías del Apocalipsis y que ocurría en Madrid. Pero, contra cualquier pronóstico, la película fue un gran éxito de taquilla y, además, logró varios galardones en los Premios Goya y en los festivales de Géradmar y Bruselas. Así la definió Fernando Morales en el diario El País, de Madrid: "Acción a toda pastilla, música heavy y crítica televisiva para un oscuro esperpento que barrió en las taquillas españolas".

Dos años más tarde, De la Iglesia rodó Perdita Durango, una historia de amor entre bandidos que sucede en la frontera entre México y Estados Unidos. A esa altura de su carrera se hablaba ya de un cineasta con una voz propia, sin importar si sus películas eran de ciencia ficción, terror o sexo y violencia en la salvaje frontera de México y Estados Unidos. Así que nada tuvo de extraño que Muertos de risa, su cuatro largometraje, fuera un homenaje a las parejas de humor tipo El Gordo y El Flaco. En este caso se trataba de Nino y Bruno, la mejor pareja cómica del humor español de los setenta. En el 2000, De la Iglesia volvió a sacarla del estadio con La comunidad, una película en la que lleva a extremos insospechados el horror que puede generar la vida en un edificio de apartamentos. Humor, suspenso, terror y acción, en una trama protagonizada por Carmen Maura. Lo que al comienzo parece una divertida comedia acerca de una vendedora de finca raíz que se aprovecha de su cargo para pasarla bomba en apartamentos ajenos, termina en una trama macabra que saca a relucir lo peor de la especie humana.

Con 800 balas, de 2002, De la Iglesia armó todo un tinglado de celos, envidias y heridas mal cicatrizadas del pasado, a partir de un espectáculo que se les ofrece a los turistas que visitan en Almería, en el desierto de Tabernas, los viejos escenarios donde se rodaron "spaghetti westerns" de Sergio Leone. Después vino Crimen ferpecto en 2004. De nuevo una película que comienza en tono de comedia de situación y que desemboca en suspenso y acción, cargada de humor negro y escenas al límite. Al igual que en El día de la bestia, el climax de horror de Crimen ferpecto (un incendio que devora un gran almacén de departamentos) es la Navidad, los jingles y los decorados.

En 2007 dio un salto grande, ya que dirigió Los crímenes de Oxford, una película bastante atípica en su producción, que se basó en la novela Crímenes imperceptibles, del escritor argentino Guillermo Martínez. Se trata de una película de suspenso, en la que un joven alumno y un veterano profesor de Oxford intentan descifrar una serie de crímenes a través de códigos matemáticos que les permiten encontrar el patrón de las pistas que les deja el asesino. Posteriormente dirigió Balada triste de trompeta, una película que se inicia durante la Guerra Civil Española y luego pasa a los años setenta, en las postrimerías del régimen de Franco. Esta película ganó los premios a mejor director y mejor guión en el Festival de Venecia de 2010, año en el que Quentin Tarantino, gran admirador de la obra de De la Iglesia, fue presidente del jurado.

Su más reciente estreno fue La chispa de la vida, un drama en el que el protagonista es un publicista desempleado que muchos años atrás había inventado el eslogan "La chispa de la vida" para Coca Cola. Sufre un accidente que se transmite en directo por televisión y decide hacer de su agonía un negocio. En estos días adelanta su proyecto Las brujas de Zugarramurdi, una comedia de terror.

Pero De la Iglesia también tuvo tiempo para desarrollar algunos cortos. Además de Mirindas asesinas, rodó Enigma en el bosquecillo, protagonizado por Mozart y Salieri. Y, en código de falso documental, Hitler está vivo y El código, cuyos protagonisatas son el Führer (que supuestamente vive en Brasil en 1970) y Leonardo da Vinci, en la Florencia de 1493. Para la televisión realizó el corto "La tragedia de Franco", un falso documental para el programa Buenfuente y que rodó en Beijing. También sacó tiempo para escribir la novela y el videojuego Marvella antivicio.

También le dedicó dos años al gremio de la cinematografía como presidente de la Academia de las Artes y Ciencias de la cinematografía de España, cargo que ocupó entre junio de 2009 y abril de 2011. Dejó el cargo por estar en desacuerdo con la Ley Sinde, que pretende restringir la posibilidad de que las páginas web compartan material sujeto a derechos de autor.

Una vida dedicada al cine y a contar historias. En suma, a divertirse. En su caso, una muy divertida fiesta en la que cohabitan sin ningún problema vendedores de ropa para dama, vaqueros del falso oeste de Sergio Leone, mutantes de serie B, publicistas desempleados, empleadas de inmobiliarias y teólogos expertos en el Apocalipsis de San Juan. Como dirían en Bogotá: una fiesta bestial.

21/2/12

Selznick: "Yo crecí en una familia feliz, pero maté a varios padres en mis libros"

Habla el autor del libro en el que se basó Martin Scorsese para Hugo, nominada a 11 Oscar
Hugo Cabret, el chico huérfano que intenta hacer funcionar un autómata, único legado de su padre. foto.fuente:Revista Ñ

El chico corre por la entrada de la estación, entre columnas de hierro, vapor y vidrio. Dé vuelta la página: entra en la boca de un túnel cuadrado. Dé vuelta nuevamente la página, y verá, en primer plano, que su brazo se extiende hacia una reja de hierro ornamentada en la pared; y luego, ve su bota, con agujeros en la suela, que desaparece en los pasillos.

Esta secuencia de apertura del best seller La Invención de Hugo Cabret , del ilustrador y autor de libros para niños, Brian Selznick, se desenrolla como una película. El libro es la inspiración para Hugo , la magnífica película de Martin Scorsese que está nominada a 11 Premios Oscar. Y el libro se trata, entre otras cosas, del cine: la maravilla de las películas mudas en general, y el trabajo de ese genio de los inicios del cine francés, Georges Melies, en particular.

La historia es la de un niño huérfano que vive en los recovecos de la estación de Montparnasse a principios de los 30, donde mantiene los relojes en funcionamiento. El mayor amor y razón de ser del chico es un misterioso autómata, el único legado de su padre, que murió en un incendio en un museo. Los intentos por reparar la máquina lo conducen a otra huérfana, Isabelle, que vive al cuidado de un anciano que tiene la juguetería de la estación, donde Hugo roba piezas mecánicas. El autómata termina delatando al viejo como el gran director de películas Georges Melies, quien en su desesperación, destruyó casi todos los rastros de su trabajo, luego de los ataques de la Primera Guerra Mundial.

En la realidad, Melies hizo lo mismo: lo encontraron trabajando en una juguetería de Montparnasse y sus películas fueron restauradas como tesoros del cine mudo.

Lo de Selznick, ahora, es cine 3D. A su juicio, en la película, "todo está mejorado. Los movimientos de la cámara se basan en mis dibujos, pero más grandiosos y más operativos". Las secuencias son una recreación exacta de lo que dibujó Selznick puesto en movimiento "y profundizado en espacio, convertido en escultural" dice el ilustrador.

Brian Selznick, que hoy tiene 45 años, nació en Nueva Jersey y hoy vive entre Brooklyn, costa este de Estados Unidos, y San Diego, en la costa del Pacífico; su abuelo era primo de David O. Selznick, el productor del King Kong original y de Lo que el viento se llevó .

Pero lo de Brian es con el lápiz: "Trabajo en escala muy pequeña con un lápiz HB", explica, "muchas veces utilizo una lupa. Parte de lo que intenté con Hugo era obtener el tono de blanco y negro de las primeras películas francesas, la riqueza de las texturas de los comienzos del cine".

Selznick dice "hacer a Hugo", más que "escribir" o "dibujar": hay algo predigital acerca del libro en sí mismo, más allá de la narrativa y la ambientación. Ni La Invención de Hugo Cabret , ni Wonderstruck –su nuevo libro– se convertirán en libros electrónicos, insiste. "La gente usa las computadoras más y más, lo que borra la mano del artista, y yo quise que se viera la mano del artista... Estoy interesado en el acto de dar vuelta una página, contar una historia moviéndome hacia adelante físicamente. En los libros de imágenes, uno da vuelta la página al ritmo que quiere, se convierte en la fuerza impulsora detrás de la narrativa." Y Selznick agrega: "También quise recrear la experiencia de una película en el dar vuelta las páginas, para reflejar en ese dar vuelta la página lo que Hitchcock y Truffaut hacían con sus cámaras." Después de todo, "algunos de los mejores libros son acerca de libros, y algunas de las mejores películas son acerca de películas". Con Hugo, tenemos un movimiento perpetuo de correspondencia entre ambos: "Un libro que celebra a las películas, y ahora una película que celebra a los libros." La elección del período también es didáctica: "En términos de cultura popular, quería ubicar mis historias en un mundo donde no hubiera celulares pero que me permitiera tratar temas vigentes para los chicos de hoy." De esos temas, ninguno tan caro a la literatura infantil como la orfandad. Hugo e Isabelle en La invención de Hugo Cabret , y Ben en Wonderstruck son todos huérfanos, mientras que Rose en Wonderstruck , es rechazada por ambos padres.

"Es gracioso", relata Selznick, "yo crecí en una familia feliz con padres cariñosos, pero maté a un montón de padres en estos libros. El huérfano en la literatura infantil", argumenta, "le permite al niño protagonista hacer avanzar la historia por sí mismo. Se trata de encontrar tu lugar en el mundo. Se trata de la importancia de construir tu propia familia. Es lo que hace Hugo, para lograr un perfecto final feliz." Interrogado por una revista estadounidense acerca de la experiencia de que su libro fuera adaptado por Scorsese y se transformara en un éxito enorme, Selznick respondió "Es tan excitante. Quiero decir, Scorsese es el mejor, y cuando fui al estudio de filmación, todos tenían una copia del libro. Scorsese siempre tenía algunos a mano, para poder dárselos a la gente y que pudieran comprender lo que él quería." Dante Ferretti, el diseñador de producción le dijo a Selznick: "Simplemente hice todo lo que usted dibujó."

20/2/12

Letras en imágenes

No se necesita genialidad para notarlo: los libros adaptados al cine están marcando una tendencia en el cine que más suena por estos días en el panorama internacional. Fue evidente en los BAFTA y, ahora, en los Oscar hay 11 películas nominadas que primero fueron libros
La chica del dragón tatuado, versión de remarke de Hollywood de la novela de Stieg Larsson.foto.fuentes:revistaraacadia.com, youtube.com

No nos arriesgamos a apostar por las ganadoras, pero les mostramos una selección que promete.

The Descendants

Basada en la novela homónima de Kaui Hart Hemmings y adaptada por Alexander Payne.

George Clooney es el protagonsita y la víctima de una fatídica historia en Hawaii, basada en la primera novela de una escritora local. Recomendamos el justo comentario de Ricardo Silva en Semana, aquí.


Hugo

Basada en "The Invention of Hugo Cabret", de Brian Selznick, y dirigida por Martin Scorsese.

"Hugo" se enmarca en el París de los treintas y sigue los pasos de un niño (Asa Butterfield), que vive en una estación de tren y que intenta resolver un misterio sobre su padre. La fórmula de Hugo no tiene pierde: la dirigió Scorsese –que recientemente recibió honores en la entrega de los Bafta y de quien no hay que presentar prontuario– y está basada en el libro de Brian Selznick, quien ha obtenido reiterados reconocimientos por su trabajo.


Mi semana con Marilyn

Basada en los libros "The Prince", "The Showgirl and Me" y "My Week with Marilyn", de Colin Clark, y adaptada por Adrian Hodges.

De nuestra lista este es el único caso en el que el autor del libro es a la vez el personaje protagónico de la historia. Se trata de Colin Clark, quien es interpretado por Eddie Redmayne en el filme, un asistente de dirección que conoce a Marilyn Monroe durante la filmación de "The Prince and the Showgirl". Clark tiene un romance con Monroe, poco después de que ella se ha casado con el escritor Arthur Miller. El 81% de aprobación de la audiencia en Rotten Tomates puede ser una pista del buen camino de este biopic de la inagotable Marilyn Monroe.



Albert Nobbs

Basada en Albert Nobbs, la novela de George Moore, y dirigida por Rodrigo García.

Otra película de época, otra adaptación. Es una historia que se desarrolla en el siglo XIX y cuenta la vida de Albert Nobbs (Glenn Close), una mujer que para trabajar en un hotel de lujo se debe disfrazar de hombre, lo que da lugar a una serie de altercados. Es una ironía que Glenn Close haya obtenido una nominación como mejor actriz por este papel masculino. Esta es la única adaptación de la lista cuyos derechos de autor vencieron y ya son de dominio público.


La chica del dragón tatuado

Basada en la novela de Stieg Larsson, adaptada por Steven Zaillian y dirigida por David Fincher.

Una película del director de "El club de la pelea" (1999) basada en la obra de un escritor sueco que ha vendido un millón de ejemplares en formato digital de sus libros. Todo parece indicar que la narrativa de Larsson es ideal para la pantalla grande pues los otros dos libros de su trilogía "Millenium" han sido adaptados al cine en solo un par de años. Es la historia de Mikael Blomkvist (Daniel Craig), un periodista que se traslada a Suecia para investigar un crimen. La novela negra no se cansa de las cámaras, las luces y el ¡acción!


¿De dónde esta moda por las adaptaciones? Los derechos de autor de cuatro de las cinco novelas de esta lista aún están vigentes, lo que significa que los cineastas deben pagar por los derechos de las obras y por sus adaptaciones, así que el estímulo no es ahorrarse costos. Por su puesto, los casos de éxito de adaptaciones literarias en el cine son infinitos, basta pensar en sagas como la de "Harry Potter" o "El señor de los anillos". Tal vez esto tenga alguna relación con la evidente tendencia. Ya veremos qué pasa en los Oscar.

12/1/12

Mientras pase el temblor

Visto como barómetro social y entretenimiento masivo, el cine de Hollywood estrenado durante el año pasado, sintomatizó la crisis del capitalismo global con filmes maquinales donde la concepción del triunfo se ha modificado o donde las narraciones parecen desplazarse hacia otros tiempos y culturas
Transformers 3, de Michael Bay. foto.fuente: Revista Ñ

Si hay un logro del que puede vanagloriarse la Historia es el de enseñarle al hombre que sus ideologías están lejos de la imbatibilidad. Incluso aquellas en apariencia más herméticamente amalgamadas y asentadas encuentran fallas que, de persistir en el tiempo, conllevan a una crisis doctrinal. La especulación financiera significó, entonces, la anomia que derruyó gradualmente el capitalismo hasta explotarlo en septiembre de 2008. La quiebra de Lehman Brothers y el rescate de la aseguradora AIG significaron el puntapié inicial de un período en el que el futuro del sistema es pura incertidumbre.

Tres años después, las producciones audiovisuales enarbolan su doble condición de barómetro social y entretenimiento masivo sintomatizando las principales coordenadas de la coyuntura para devolver a la pantalla diversas respuestas ante las necesidades recreativas del público. Películas rabiosamente analógicas y maquinales, la desambiguación entre éxito y triunfo y el desplazamiento temporal de las narraciones: todo está a la orden del día en el cine y las series de la crisis económica.


Adiós al resultadismo

El subgénero deportivo engloba un conjunto de características comunes en la mayoría de sus exponentes. Más allá de las especificidades propias de cada caso, las narraciones describen el descenso y posterior ascenso de un protagonista bonachón al que el desenlace lo encuentra generalmente triunfante, venciendo tanto al rival de turno como a la propia adversidad. Son historias de corrimientos de los límites físicos y espirituales en busca de un objetivo macro, fábulas de superación personal ante escollos en apariencia insalvables. Sin embargo, los avatares monetarios modificaron la concepción de triunfo y de los procedimientos para obtenerlo: ahora una victoria no implica necesariamente ganar.

Billy Beane (Brad Pitt) es el protagonista absoluto de El juego de la fortuna, recién estrenado filme de Bennett Miller. Representante general de un equipo de béisbol aquejado en partes iguales por los malos resultados y los balances contables en rojo, está atado de pies y manos para contratar refuerzos de fuste. Lo curioso es que, ante eso, Beane no busca obtener dinero extra para solventar los gastos. Todo lo contrario: película y protagonista parten de la imposibilidad aceptada e incuestionable de conseguirlo. Incluso ni siquiera se atisba la búsqueda monetaria como posible solución, desplazando así el eje a la optimización de los recursos presentes. Se trata de obtener la máxima relación entre la inversión del pase de un jugador y el beneficio traducido en el potencial rendimiento deportivo. Para eso será fundamental el trueque, el regateo, la negociación y la picardía.

Como en Larry Crowne, dirigida por Tom Hanks, otra película cocinada al calor de la crisis, el tema central es la aceptación y pronta adecuación al contexto para, desde ahí, pelear con nobleza, inteligencia e hidalguía. Quizá así se entiende la poca relevancia del resultado final de la liga: en este panorama el triunfo no es sinónimo de la obtención de un título. El juego de la fortuna certifica que competitividad no se compra. Sólo es cuestión de saber buscarla.

Sobre una matriz deportiva similar nació la excelente Gigantes de acero. Ambientada en 2020 (ya se hablará del desplazamiento cronológico de las narraciones), la película de Shawn Levy plantea un mundo en el que la avidez de sangre y violencia sin límites ni pautas por parte del público hizo del boxeo una disciplina de robots manejados por computadora o control remoto. Ex pugilista, Charlie Kenton (Hugh Jackman) es un promotor que vive de las apuestas ilegales y de la compra y venta –otra vez la optimización de recursos monetarios– de los gigantes del título.

Más allá de lo disímiles de las propuestas, Levy establece una diálogo directo con Miller: si El juego de la fortuna hablaba del armado de un equipo con jugadores originalmente menospreciados, aquí se parte de que la solución está en la reutilización de aquellos productos desechados errónea y apresuradamente por el capitalismo menguante. Gigantes de acero es, ante todo, una cachetada a un sistema amante de lo efímero y descartable, un cross a la mandíbula de la tecnologización innecesaria y abusiva de las sociedades modernas.

Charlie y su hijo Max marchan a la redención traccionados por la fuerza y resistencia de un robot de primera generación encontrado en un basurero. Y al igual que en El juego de la fortuna, el resultado es lo de menos porque batallan contra las propias limitaciones. De allí que la pelea final contra la contrafigura de turno, encarnada por una máquina de última generación, tiene una función narrativa e ideológica. "Para mí está bien ser el campeón del pueblo", reconoce Max luego de la derrota. Lejos de una tristeza inherente a una cosmovisión pregonera del éxito a toda costa y a un modo de vida donde el tener se antepone al ser, Levy apuesta a un cambio en la concepción de éxito de las generaciones venideras premiando a los segundos por el esfuerzo y voluntarismo con un plano final en contrapicado bello y luminoso. El pequeño es el héroe de otra película en la que la victoria, se dijo más arriba, ya no implica ganar.


El cine material(ista)

"Un ingeniero de verdad construye puentes. Un ingeniero de finanzas construye sueños", reflexiona uno de los expertos que desglosa causas y consecuencias de la crisis económica en el documental Trabajo confidencial (Charles Ferguson, 2010). La mención al inconsciente tiene su correspondencia en la terminología abstracta y repleta de tecnicismos que se popularizó desde 2008. Desde entonces, la comprensión de la coyuntura internacional es una tarea ciclópea para aquellos poco avezados en ese argot, generando el desconcierto generalizado de millones de deudores limitados a la pasiva tarea de ver cómo los bancos y prestamistas de turno engrosan sus arcas gracias a las bondades del Estado mientras ellos pierden sus bienes.

Ni lento ni perezoso, Hollywood responde a esto con productos antitéticos a las principales características de la crisis. De esa forma, ante una recesión causada por el uso y abuso de elementos no materiales y la continuidad en el tiempo de fenómenos impalpables ("productos derivados", "hipotecas sub-prime", "cadena de bursatilización", "apalancamientos", "seguros de impago de deuda" y un largo etcétera), la industria audiovisual genera historias centradas en la materialidad física de sus criaturas, en la tracción de las máquinas y en la visibilidad plena de los objetos.

Desde la apuesta rabiosamente analógica de Rápido y furioso 5 (Justin Lin) –quizá la película donde más autos se aplastan en la historia del cine–, pasando por Transformers 3: El lado oscuro de la Luna (Michael Bay) o las naves espaciales de Súper 8 (J.J. Abrams) y Cowboys & Aliens (Jon Favreau), 2011 marcó el retorno a un cine físico y fibroso otrora perimido. Basta ver, por ejemplo, el trabajo sonoro de cada encontronazo metálico entre los robots de la mencionada Gigantes de acero. O Transformers 3, que eleva esa tendencia hasta el paroxismo. Más ruidosa y extensa que sus predecesoras, con una carga de destrucción arquitectónica insuperable, la película de Michael Bay está más preocupada por tirar abajo decenas de edificaciones prohijadas por el capitalismo que por enhebrar una mínima coherencia narrativa: un crimen perfecto contra la forma. Se trata, entonces, del paradigma de un cine en crisis: héroes extemporáneos, experiencias y problemáticas terrenas y una profunda carga de chauvinismo expresado en los Autobots defensores del statu quo norteamericano.

Imparable (Tony Scott, 2010) sube la apuesta adosándole una connotación laboral a su prepotencia física. Porque a la belleza maquinal y cinematográfica de ese símbolo del progreso industrialista que es la locomotora –cuya relación con la pantalla grande data prácticamente desde finales del siglo XIX–, Tony Scott le suma el protagonismo absoluto de dos trabajadores de clase media, un veterano maquinista ya cesanteado y su joven ayudante. Hombres de praxis resolutas, responden ante la falta de idoneidad empresaria subiéndose al tren que circula sin control en zonas urbanas para detenerlo. Y, claro, lo logran.
Así, Imparable es una fábula proletaria que crea un mundo donde todas las ideas salidas de los escritorios fallan y la solución llega desde el campo de la acción gracias a la práctica y la experiencia de un empleado ya desechado por su edad. Nuevo revés para el capitalismo, el trajinar biológico deviene en una virtud sin precio en un mundo con escasa liquidez y bienes materiales.


Hechizo del tiempo

Si la experiencia adquirida y la fuerza de trabajo son los puntos centrales de Imparable, en la recientemente estrenada El precio del mañana es el tiempo. O más precisamente su valoración en un futuro no muy lejano. Andrew Niccol imagina un mundo huxleyano dividido por castas sociales y con un capitalismo cuya unidad cambiaria será justamente el tiempo, el único bien hasta ahora igualitario e imposible de comprar.

Así, cada ser humano pagará sus gastos cotidianos con meses, días u horas que se descontarán progresivamente de un reloj digital interno que al llegar a cero produce la muerte instantánea de su poseedor. Más allá de su desenlace esperanzador, la premisa augura una larga vida al sistema: después de todo, siempre quedará algo por vender.

Sin embargo, El precio del mañana no es la única razón por la que el tiempo es protagonista de una cinematografía atravesada por la recesión. En ese sentido, si la vuelta a la materialidad física es un intento de recuperar la esencia analógica de un mundo apresado por la dependencia digital y globalizadora, los desplazamientos temporales de las narraciones significan un punto de fuga hacia entornos menos agresivos e impiadosos que el contemporáneo. Y como ocurre desde hace más de una década, las series marchan a la vanguardia. En línea –al menos cronológica– con Mad Men, Pan Am narra las vivencias de un grupo de azafatas del título durante la década del 60, misma época en que se ubica la acción de Súper 8. Difícilmente sea casual la confluencia temporal, sobre todo si se trata de los años en que la bonanza económica comenzada durante la Segunda Guerra Mundial, y que culminaría en los inicios de la década posterior con la devaluación del dólar respecto al oro, alcanzó su punto máximo.

Quizá el caso más interesante sea el de la serie Terra Nova, transmitida por Fox. "El mundo que dejaron atrás fue víctima de los instintos básicos de nuestra especie: codicia, guerra e ignorancia. Destruimos nuestro hogar", se lamenta el comandante Nathaniel Taylor (Stephen Lang) al recibir al décimo grupo de viajeros en la flamante colonia del título, refiriéndose a las condiciones socio ambientales del año 2149, punto de partida de la diligencia. Es que aquí no se trata de traslados "geográficos", sino temporales: una fractura descubierta durante una investigación científica posibilitó retroceder 85 millones de años y comenzar desde cero con la construcción de una nueva sociedad. Y también, por qué no, remendar desde allí los errores del presente.

El cine, en cambio, procesa el fenómeno con más lentitud. Si bien Gigantes de acero y El juego de la fortuna no trascurren en la actualidad, basta ver los estrenos anunciados para los próximos meses para magnificar el desplazamiento. Ya no se trata sólo de las grandes producciones, cuyos presupuestos inflados permiten la adecuación temporal a voluntad del director de turno, sino también de realizadores como Clint Eastwood, Robert Redford y Martín Scorsese. Incluso el bombástico Roland Emmerich (El día después de mañana, Godzilla, 2012) vio en la época shakeasperiana el ámbito ideal para su última película, Anonymous. En enero se develará si él, amante de la destrucción y el apocalipsis cinematográfico, logra superar la dureza de la poco venturosa realidad norteamericana.

9/1/12

Meryl Streep hace brillar a 'La Dama de Hierro

Gracias a su interpretación de Margaret Thatcher, la actriz está en boca del mundo. Perfil

La actriz Meryl Streep interpreta a Margaret Thatcher. foto.fuente:eltiempo.com


El pasado diciembre, no pocos se sorprendieron con que una mujer de 62 años fuera portada de la revista Vogue. Pero no se trataba de cualquier mujer, sino de una bellísima Meryl Streep, descrita por la publicación como "la más grande actriz americana" -que, a propósito, había brillado en el 2006 como la intratable Miranda Priestly, editora de una revista muy parecida a Vogue, en El diablo viste a la moda-.

En los días finales del 2011 y los primeros del nuevo año, Streep ha copado la atención de los medios gracias al estreno mundial de The Iron Lady, una película sobre la polémica ex primera ministra británica Margaret Thatcher.

El filme, de Phyllida Lloyd (Mamma mia!), que se estrenó en diciembre en Los Ángeles y Nueva York, y este fin de semana en el Reino Unido y España, se centra en la vejez de la poderosa política conservadora que dominó la escena pública británica, especialmente en los años ochenta.

Esta ola de interés puede hacernos pensar en una consagración de la actriz, en sus "15 minutos de fama", a la usanza de algunos íconos efímeros de la moda y el espectáculo. Pero Streep lleva cuatro décadas en la cumbre y se ha mantenido en ella -con ocasionales altibajos- sin necesidad de grandes aspavientos, sin feriar su vida privada, gracias a una férrea disciplina y, según las palabras del director del Festival de Berlín, que le entregará un Oso de Oro honorífico en febrero, a "su talento de múltiples facetas, que combina con facilidad papeles dramáticos y de comedia".

Se ha movido entre el teatro, el cine y la televisión. En ésta última debutó como actriz, en la miniserie Holocausto, por la que ganó un Emmy; uno de sus papeles más recientes para la pantalla chica, en otra miniserie, Ángeles en América (Mike Nichols, 2003), esta vez sobre el amor en los tiempos del sida, le significó el segundo Emmy de su carrera.

Desde la década del setenta, Meryl Streep y los otros grandes actores de su generación (Dustin Hoffman, Jack Nicholson, Robert de Niro, Al Pacino), en complicidad con una nueva camada de directores (Spielberg, Coppola, Scorsese, De Palma), reposicionaron el cine estadounidense, lo sacaron de su estancamiento creativo y le plantaron cara a la arrogancia del cine europeo de los grandes maestros. Entre todos demostraron que cine, arte y entretenimiento no eran términos excluyentes, y que un filme podía ser un hecho importante en la vida pública, hasta el punto de definir el carácter de una época.

De esos años de furia son sus primeras apariciones en filmes emblemáticos como El francotirador (Michael Cimino, 1979) y Manhattan (Woody Allen, 1979). El éxito y los dos únicos Óscares de su carrera llegaron temprano, por sendos papeles dramáticos: una esposa que se separa de su marido y enfrenta la pelea legal por la custodia de su hijo, en Kramer vs. Kramer (Robert Benton, 1979), y una inmigrante polaca en Nueva York con un turbio pasado que se remonta a la Segunda Guerra Mundial, la atormentada Sophie Zawistowski, en La decisión de Sophie (Alan J. Pakula, 1982).

Cambios de registro

Aunque la estatuilla dorada le ha sido esquiva desde entonces, la trayectoria de Streep abunda en cambios de registro y en desafíos creativos que han medido su temple. Algunas de sus interpretaciones han cimentado su prestigio como actriz especializada en papeles de mujer madura, ocasionalmente malvada, de cara siempre a dilemas morales y existenciales: abandonada por su marido y entregada a un escandaloso romance con un caballero en la época victoriana en La amante del teniente francés (Karel Reisz, 1981); solitaria ama de casa que tiene un breve, pero fundamental romance con un fotógrafo de paso por Iowa en Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995); periodista del The New Yorker que se enfrenta al delirio de las historias que se cruzan en Ladrón de orquídeas (Spike Jonze, 2002).

Una Clarissa Vaughan siempre tan activa y preocupada por los otros, pero finalmente con las manos vacías en el conmovedor tríptico femenino de Las horas (Stephen Daldry, 2002), o una hermana Aloysius, en La duda (John Patrick Shanley, 2008), sagaz conocedora de los resortes del mal, y que termina desenmascarando al sacerdote Flynn (Philip Seymour Hoffman), en un magnífico cabeza a cabeza entre dos inmensos actores.

Gracias a estas y otras convincentes actuaciones, el público ha ido incorporando el expresivo rostro de Meryl Streep como un territorio familiar, amable, pese a todo, un "oasis" de verdad humana en medio del artificio y la banalidad del cine estadounidense actual. Incluso en comedias o musicales alejados del mundo de la vida, como Mamma mía!, hay algo entrañable y cercano que la Streep logra transmitirnos. Es la gran tradición de la actuación realista que se impuso en el cine de su país desde los años de Lee Strasberg y el Actor's Studio.

En su rol de la antipática 'Dama de Hierro', los críticos y espectadores admiran la capacidad de Streep para mimetizarse con los gestos y la voz de la Thatcher, imitar el acento británico de la Primera Ministra y encarnarla en buena parte del tiempo de la película en una edad más avanzada que la de la propia actriz.

"¿Hay algo que Meryl Streep no pueda hacer?", se pregunta Peter Travers, crítico de Rolling Stone. Y todo esto a despecho de que la propia película no alcanza a despertar mayores entusiasmos.

La actriz, por su parte, ha aprovechado para llamar la atención sobre el potencial de las buenas historias y la posibilidad de volver los ojos a personajes mayores, para oponerse al culto a la juventud y a la novedad que prolifera en la gran industria del cine occidental.

Meryl Streep pasará a la historia del cine como un rostro y múltiples voces. Es legendaria su capacidad para cambiar de acento, hablar el lenguaje particular de cada personaje o encontrar insólitas inflexiones a su tono de voz. Pero todo eso no es más que técnica. Lo esencial está en otra parte, un algo difícil de nombrar: carisma, inteligencia, humanidad, palabras con las cuales se define mejor a una diosa que ha accedido a bajar del Olimpo para encarnar la comedia humana y habitar entre nosotros.

Críticas y defensas

David Cameron lamentó la visión de la película

Ante las críticas a la película del primer ministro británico, David Cameron, en el sentido en que habla "más sobre el envejecimiento y la demencia que sobre una Primera Ministra estupenda", Meryl Streep respondió que la idea de 'The Iron Lady' es "penetrar en el ser humano, en un momento de soledad, al final de su vida", y que las críticas tienen que ver con el "estigma" que acompaña la senilidad.

No es la mejor pagada de Hollywood

A pesar de su prestigio y de ser considerada por muchos como la mejor actriz viva, Meryl Streep apareció en el 2011 en el puesto 10 del 'ranking' de las estrellas mejor pagadas de Hollywood. Sus ingresos fueron de 10 millones de dólares, según la revista 'Forbes'. Angelina Jolie y Sarah Jessica Parker, las mejores ubicadas, obtuvieron, en contraste, ingresos por 30 millones de dólares cada una.

Cinco imperdibles de una gran actriz

Kramer vs. Kramer, de Robert Benton, 1979.
Los puentes de Madison, de Clint Eastwood, 1995.
Ladrón de orquídeas, de Spike Jonze, 2002.
Las horas, de Stephen Daldry, 2002.
La duda, de John Patrick Sanley, 2008.