30/8/14

Por tus vicios y defectos te adoramos, Sam Spade

Brutal oda a la incorreción política de un personaje único, que se encara con policías o fiscales como si fueran matones, que pacta con unos, con otros y con ninguno al mismo tiempo

Humphrey Bogart como Sam Spade en El halcón maltés./elpais.com
Agresivo e impredecible. Cínico, solitario, egoísta y machista. Un perdedor, también. El detective Sam Spade es estas y otras muchas cosas, buenas y malas, y por eso me gusta, por eso vuelvo a él, a sus frases y circunloquios, a sus cigarros, a sus bofetadas. Buenistas y amantes de la corrección política, aléjense de este personaje creado por Dashiell Hammett, reducido a una novela magistral, El halcón maltés, y tres relatos cortos (todos los casos reunidos se encuentran en la edición de RBA, traducción de Luis Murillo), grandioso cuando las cosas se ponen mal y saca lo mejor de sí para, como no podía ser de otra manera, volver a perder.
Con este homenaje a Sam Spade seguimos con la serie Los detectives de nuestra vida, que este mes de agosto nos ha permitido recordar al agente de la Continental,  ir a las raíces del Tartan noir con Laidlaw, recordar a ese clasicazo español llamado Méndez y descubrir una extraña distopía nazi. Y para el que quiera más, todos los post del verano anterior.
  


Hay un momento genial en el Halcón Maltés. Spade come con Brigid O’Shaughnessy, mujer fatal perfecta, adaptación a la novela de aquella inolvidable Elvira, alias Jean Delano, de La chica de los ojos plateados que tantos problemas crea a el agente de la Continental. Ella miente y le oculta detalles esenciales del lío en el que están metidos; él lo sabe pero no importa. Ella le ha acusado varias veces de “agresivo e impredecible”; él, riéndose, replica: “Suelo enterarme de las cosas a base de sabotear la situación de la manera más agresiva e impredecible. Por mí no hay inconveniente, si tú estás segura de que por ese sistema no vas a salir perjudicada”. Ese es Sam Spade. Cínico, amenazante, verbalmente brutal.
Nuestro amado detective tiene 38 años, es fuerte y de dedos gruesos, mide más de 1,80, fuma tabaco de liar y bebe lo que haya: bacardi, botella de Manhattan ya preparado… Es un personaje de excesos y contradicciones: adora a las mujeres pero siempre va a parar con la que no le conviene; le gusta el dinero aunque suele andar escaso; odia no devolver un puñetazo; acaba de perder a su socio Archer y no lo siente, no lo podía ni ver, pero investiga su muerte como si fuese la de su ser más querido por honestidad, profesionalidad y porque nadie es quien para matar a su socio sin recibir castigo.
Pero es en su relación con las mujeres y en sus grandes discursos donde Spade despliega toda su fuerza. O’Shaughnessy es fría y perversa, egoísta, ambiciosa. Se presenta desvalida, con gestos de colegiala. Spade sabe que no es real, que detrás no hay más que problemas, pero pica el anzuelo. Trata de apartarla, pero vuelve a picar. Hay un monólogo en el que Spade le explica por qué no se puede fiar de ella que es grandioso. En la película dirigida por John Huston en 1941 se respeta casi en su totalidad, como en tantas otras ocasiones, el texto original, con lo que es mejor verlo recitado por Humphrey Bogart que escrito.
 
 
Su secretaria Effie Perine es la otra mujer de su vida. Cualquier mente bien pensante dirá que su relación está marcada por el machismo. Yo veo, sin embargo, una amistad en la que siempre se sugiere algo más, una relación llena de confianza y complicidad, de guiños y grandes diálogos de pocas palabras, algo muy parecido al amor, al bueno. ¿Anticuado? Para mí su relación es muy parecida a la que Ray Donovan tiene con su ayudante lesbiana en la serie de televisión que tan encarecidamente recomiendo y de la que hemos hablado en Quinta Temporada. Puro siglo XXI. Es lo que tienen los clásicos.
A veces Spade padece de incontinencia verbal. En esos momentos grandiosos firmaría debajo de todo lo que dice. Hay alguna diatriba que me recuerda tanto a la furia dialéctica llena de deseos de venganza del agente de la Continental que no puedo evitar reproducir: 
“- ¡No hay peros que valgan! - dijo Spade-. Es la única manera. - Ahora tenía la frente enrojecida y sus ojos eran como dos piedras candentes. El hematoma de la sien había adquirido un tono cobrizo-. Sé de lo que hablo. He pasado por ello otras veces y quiero pensar que no será la última. En un momento u otro he tenido que mandar al cuerno a todo tipo de gente, del Tribunal Supremo para abajo, y no me ha pasado nada. Y si no me ha pasado nada es porque nunca he perdido de vista que tarde o temprano llega el día del ajuste de cuentas; y cuando llegue ese día quiero estar en condiciones de entrar en la jefatura precedido por una víctima propiciatoria y decir: “¡Eh chicos, aquí tenéis al criminal!”. Mientras pueda hacer eso, nada me impedirá reírme en la cara de todos los jueces y todas las leyes habidas y por haber. La primera vez que me falle, soy hombre muerto”. Esa primera vez no ha llegado todavía y no va a ser esta. Ya se lo digo yo”.
Brutal oda a la incorreción política de un personaje único, que se encara con policías o fiscales como si fueran matones, que pacta con unos, con otros y con ninguno al mismo tiempo. Una creación puramente Hammett, a la que Huston y Bogart terminaron de dar imagen y a la que tantos, tantos, deben tantísimo, lo reconozcan o no.
Al igual que el agente de la Continental, necesita de sus excesos y su verborrea para ser grande, se crece en la violencia y se diluye en los relatos en los que se reduce al trabajo detectivesco más clásico. Puede que no guste a muchos, que hay quienes crean que ha envejecido mal, que es un machista insoportable, ja, que su moral es de otro mundo, que su radicalidad y su sinceridad no van a ninguna parte. En efecto, por eso le queremos. Larga vida al hard boiled.

27/8/14

Diez películas basadas en cuentos de Cortázar

Queremos tanto a Julio

Se cumplen cien años del nacimiento de uno de los escritores clave de la literatura argentina -y por qué no mundial-, dueño de una imaginación única que supo ser plasmada en sus cuentos y novelas, varios de los cuales han inspirado a directores de cine de distintas latitudes. Aquí, una selección de aquellas películas que recrean, o reiventan, el mundo cortazariano en imágenes

Julio Cortázar fue un permanente buscador de imágenes./telam.com.ar
1 La cifra impar


 Manuel Antín / 1962 / Argentina. Ópera del director argentino referente de la generación del 60, que dedicó tres de sus primeras cuatro películas a la obra de Cortázar. La cifra impar es una adaptación del cuento “Cartas de mamá”, incluido en Las armas secretas publicado en 1959. La historia transcurre entre la capital francesa y la argentina. En París, la pareja de Luis (Lautaro Murúa) y Laura (María Rosa Gallo) convive con el perturbador recuerdo de Nico, fallecido hermano de Luis y que tiempo atrás fuera pareja de Laura. Desde Buenos Aires llegan con frecuencia las cartas de la anciana madre de Luis (Milagros de la Vega), hasta que en una de ellas menciona a Nico y su deseo de viajar a París. Al cuento original, el guión de Manuel Antín y Antonio Ripoll incorpora una profunda lectura psicológica de los personajes que en su evolución roza lo fantástico, impulsada por la culpa ante el desafortunado destino de Nico, y una saludable variedad de recursos cinematográficos. Gran parte de la película fue rodada en el barrio latino de París, ciudad en la que vivió Cortázar. Pero el primer contacto entre el autor y la película se dio poco después en Buenos Aires durante una proyección previa al estreno. Suele considerarse a La cifra impar como la mejor de las adaptaciones cinematográficas de la obra de Cortázar, aunque su prestigio se consolidó con posterioridad. Al rechazo de la crítica de la época, que tildaba a la película de “afrancesada” y carente de argentinidad, la respuesta más positiva vino del propio Cortázar, quien colaboró con Antín en las siguientes películas. Ver ficha. 

Fragmento de la película.


Circe

Manuel Antín / 1964 / Argentina. En 1951 Julio Cortázar publicó Bestiario, libro de cuentos al cual pertenece “Circe”, relato que rescata a la hechicera homérica que por única vez se enamora de Odiseo. Escritor y director dieron forma al guion a partir del intercambio de cartas y de cintas, previo encuentro en el Festival de Cannes. Parte importante de esta correspondencia fue publicada recientemente en el Tomo I de Cartas Cortázar por Editorial Alfaguara. Así como en el cuento, en la película el personaje de Circe se llama Delia (Graciela Borges). Se trata de una joven que carga con el peso de haber visto morir a sus dos novios, uno por un síncope y otro por un suicidio. Ahora ha aparecido un tercero (Alberto Argibay), quien intenta desentrañar las misteriosas conductas de Delia y liberarla de su predestinación. Aquí es donde aparecen las propuestas visuales propias de una adaptación cinematográfica: las costumbres que el personaje practica en el cuento son reemplazadas por elementos que forman parte de la puesta, como rejas, espejos y persianas, objetos que simbolizan el encierro interior de Delia. Al igual que en La cifra impar, la muerte de los amores pasados marca el pulso de los actos del presente y nuevamente es el perfil psicológico del personaje el motor de la película. Ver ficha. 

Fragmento de la película.

 

3 El perseguidor

Osias Wilenski / 1965 / Argentina. Para la misma época en que Antín realizaba sus películas, otro director argentino, Osias Wilenski, realizaba su ópera prima El perseguidor, versión del cuento inspirado en el saxofonista Charlie Parker y que forma parte de Las armas secretas (1959). Narra el proceso autodestructivo de un músico de jazz llamado Johnny, entregado a las drogas, el alcohol y al destrozo de sus relaciones afectivas. El personaje principal fue interpretado por Sergio Renán. El perseguidor  tiene sus defectos: es una película raramente elogiada y cuya persistencia se debe más que nada al cuento de Cortázar. El guión se entorpece por la inserción de frases contundentes (manchones de la pluma del guionista Ulises Petit de Murat, sobreviviente del cine gauchesco argentino). Entre sus virtudes está la creación de ambientes sombríos, desgastados, escenarios que bien pueden hallarse en una ciudad como Buenos Aires y es por eso que, con algo de distancia, este filme vale como un buen ejemplo de las búsquedas estéticas del cine argentino de los 60. Poco después de su estreno, la película fue secuestrada por la justicia debido al reclamo del padre Zulma Faiad, quien había hecho un desnudo siendo menor de edad. Pero lo más sobresaliente tiene que ver con la banda sonora. Al momento de dar su opinión, Cortázar solamente se mostró satisfecho con la música compuesta por Rubén Barbieri y ejecutada por Leandro “El gato” Barbieri. El asunto es que también hubo un prolongado conflicto con el pago de los derechos de autor por lo que Cortázar nunca simpatizó con la película de Wilenski. Ver ficha.

Fragmento de la película.

 

4 Intimidad de los parques


 Manuel Antín /1965/ Argentina-Perú. Julio Cortázar no estaba muy convencido de realizar la que fue finalmente la última película de Antín en torno a su obra. Se trata de una adaptación en simultáneo de “El ídolo de las Cícladas" y "Continuidad de los parques", cuentos que formaban parte de Final de juego (1956). Fue rodada en Lima, Cuzco y las ruinas del Machu Pichu. Uno de los aspectos que no agradaban a Cortázar era el escenario elegido, en vista de que sus cuentos hacían referencia a la Antigua Grecia. En palabras de Antín: “Contra la voluntad de Cortázar adapté el mármol a la piedra. Me pareció que Machu Pichu era la Grecia de Latinoamérica”. La historia plantea un triángulo amoroso entre Teresa (Dora Baret), su marido Hector (Paco Rabal) y su ex amante Mario (Ricardo Blume), con quien la mujer había conocido las ruinas de Machu Pichu durante un viaje de estudios, experiencia que desembocó en el hallazgo de una estatuilla que influyó en las conductas de Mario. Los roles entre los personajes quedarán establecidos: Mario representa lo espiritual, mientras que el aspecto más terrenal corresponde Héctor y Teresa es el nexo entre estos dos mundos. Antín siempre reconoció que el hermetismo de su propuesta alejó a Intimidad de los parques del público. Fue, de hecho, la menos vista de sus tres películas sobre Cortázar. Ver ficha. 

Fragmento de la película.


5 Blow up
 

 Michelangelo Antonioni / 1966 / Italia-Gran Bretaña. La más conocida de las adaptaciones. El director italiano ya gozaba de una alta reputación en el panorama cinematográfico europeo y Blow Up fue su primera experiencia fuera de su país, rodada pocos años después de la publicación de Rayuela. Se trata de una adaptación de “Las babas del diablo”, correspondiente al libro Las armas secretas. Es la historia la de un fotógrafo de modas (David Hemmings) que al ampliar unas fotos descubre las pistas de un asesinato y se obsesiona con el hecho, a tal punto de aislarse de su vida cotidiana en su afán de develar el misterio. Este hallazgo en blanco y negro se contrapone a un mundo colorido, las modas juveniles y una cultura pop de los sesenta, si se quiere superficial, pero real al fin. Es la búsqueda de una realidad que trascienda lo que se ve a primera vista lo que vincula directamente a Blow Up con el cuento, aunque Cortázar aclaró que nunca encontró en ella una conexión precisa. Una colorida anécdota contada por Cortázar da cuenta de ello: “Italo Calvino, que es amigo mío, le escribió una vez un libro a Antonioni. Cuando llegó el momento de filmarlo, Italo descubrió que lo único suyo que había quedado era el tucán. Después supo por Mónica Vitti que le gustaba mucho la idea del tucán." Ver ficha.

Ver trailer.


6 Weekend



Jean-Luc Godard / 1967 / Francia. No se trata propiamente de una adaptación sino de una cita, aunque bastante extensa y con cierto peso dentro de la historia. Aunque no exista constancia de intercambio alguno entre Cortázar y Godard, se da por sentado que el cuento al que hace alusión el inicio de la película  es “La autopista del Sur”, publicado un año antes, relato que tendrá una adaptación más literal algunos años después con Il grande atasco de Luigi Comencini (ver puesto 7). Todo arranca con un idílico paseo al campo de un grupo de burgueses que prontamente se transforma en una sucesión de situaciones desagradables, empezando por un descomunal embotellamiento en la ruta provocado por un accidente fatal. Es esta famosa escena realizada mediante un extenso travelling la que hace referencia a “La autopista del sur”. Claro que en su desarrollo el cuento de Cortázar ofrece mucho más, a medida que el embotellamiento se prolongue y surja una miniatura de la sociedad moderna. Algo de esto se insinúa en Weekend, porque entre bocinazos e insultos, algunos ya han empezado a entretenerse al borde de la carretera. Ver ficha.

Escena de la película.




7 El gran embotellamiento



Luigi Comencini / 1979 / Italia. Es la adaptación casi literal de “La autopista del sur”, el mismo que fuera abordado de manera parcial por Godard (ver posición 6). En ninguno de los dos casos aparece Cortázar acreditado en los títulos de presentación. Se trató de una película orientada claramente al público europeo en general, un tipo de producción muy frecuente en los 60 y 70 que intentaba contrarrestar el dominio del cine angloparlante. De allí que el reparto incluyera a figuras de varios países, empezando por los italianos Alberto Sordi, Marcello Mastroianni y Ugo Tognazzi, los españoles Fernando Rey, Angela Molina y José Sacristán y los franceses Gerard Depardieu y Annie Girardot. La cantidad de nombres con que se presentó la película (L ́Ingorgo, Una historia impossible, Il grande atasco), aún en la misma Italia, responde a esa premisa. La historia da cuenta de un gigantesco embotellamiento en la ruta que conduce a Roma. La prolongación del mismo irá sometiendo a los personajes a diversas situaciones hasta resquebrajar los pilares de la conducta humana. Habrá una pareja que se separa, un hombre que muere por falta de asistencia médica y una violación, secuencia particularmente desagradable debido a la indiferencia de los demás personajes y que es la única que se aparta del tono de comedia que presenta la película. La gran diferencia con el cuento original está en la elección del foco de atención. Mientras Cortázar se centra en las acciones, la película lo hará en los personajes. Cabe recordar, además, que en el cuento las personas son identificadas por el modelo de sus automóviles. Ver ficha.

Escena de la película.


8 Jogo subterrâneo



Roberto Gervitz /2005 / Brasil. El cuento “Manuscrito encontrado en un bolsillo” forma parte del libro Octaedro (1974). En primera persona, cuenta la historia de un hombre que practica un juego que consiste en establecer una ruta dentro de la red del metro de París. Si durante el trayecto encuentra una mujer que coincide con este trazado, él se otorga el derecho de abordarla. La cinta brasileña toma esta idea como punto de partida, y la aprovecha para redondear una buena ficción acerca de la soledad en las grandes ciudades. La red de subterráneos parisina es reemplazada por el menos glamoroso metro de San Pablo. Dato no menor, se trata de una ciudad realmente multitudinaria y, a diferencia del cuento de original, gran parte de la película se desarrollará sobre la superficie. El personaje principal es un pianista, Martín, cuyas probabilidades de éxito en el juego son remotas: o la ruta elegida por la mujer no coincide o es rechazado por temor. Aún así, Martín tendrá sus oportunidades, primero la madre de una niña autista y luego una escritora ciega. Finalmente una mujer despierta su interés y él la seguirá transgrediendo las reglas del juego. La elegida resulta ser una prostituta que intenta escapar de sus explotadores. A esta altura, poco y nada queda del cuento de Cortázar a excepción del nombre de unos de sus personajes: Ana. Ver ficha.

Primeras escenas.


9 Mentiras piadosas


Diego Sabanés / 2008 / Argentina. Entre las adaptaciones más recientes, sobresale esta película realizada por el debutante Diego Sabanés con un magnífico elenco en el que figuran muchos nombres más conocidos por su labor teatral, como Marilú Marini, Claudio Tolcachir y Rubén Szuchmacher. Se trata de una adaptación del cuento “La salud de los enfermos”, en la que también se reconocen varios elementos de otros textos de Cortázar pertenecientes al libro Todos los fuegos el fuego (1966). La historia transcurre en la intimidad de una familia burguesa. Pablo ha partido a París para probar suerte como músico. Pasa el tiempo y no hay noticias de él, lo cual comienza a preocupar a su madre. Temiendo por su salud, sus otros dos hijos escriben falsas cartas y envían regalos. El plan involucra a otros miembros de la familia y a la novia de Pablo, que es instada por Mamá a apresurar los preparativos de la boda para forzar el regreso de su novio. El montaje de una gran mentira tiene sus costos, pronto aparecerán las deudas y el desmantelamiento de los bienes familiares. Y lo más importante, o lo más cortazariano, es que todos los involucrados irán perfeccionando sus roles hasta acomodarse a esta construcción ficticia. Mentiras piadosas es una película recomendable en todo sentido. Ofrece una audaz apropiación de la literatura de Cortázar, un guion depurado en base a inteligencia y creatividad, todas las interpretaciones son de alto nivel y la ambientación que supera por mucho a otras películas más costosas del cine argentino. Debe considerarse que la historia está situada en los años 50 y que se trató de una producción de bajo presupuesto. Ver ficha.

Trailer.


10 Diario para un cuento


Jana Bokova / 2008 / Argentina-España. En 1983 Julio Cortázar publicó su último libro, Deshoras, del que forma parte "Diario para un cuento". Es un complejo relato en el que el autor recupera vivencias algo dispersas de los primeros años 50, época en la que siendo muy joven vivía en Buenos Aires, con el recuerdo de un amor postergado en un primer plano. Quien haya leído este cuento difícilmente pueda imaginar una adaptación cinematográfica. Pero se hizo y muy bien. El derrotero de la directora checa Jana Bokova merece ser citado. Durante la Primavera de Praga (1968) dejó su país, vivió y se formó en Londres y París y a mediados de los ochenta llegó a la Argentina para realizar una serie de excelentes documentales para la BBC de Londres sobre el tango y el folclore argentino. Su primer largometraje en nuestro país fue acaso el único en tener a Cortázar como personaje principal, aunque éste se presente con el nombre de Elías, interpretado por Germán Palacios. Las señas particulares y los gustos de Cortázar son inconfundibles, algunos tomados textualmente del cuento y otros directamente del mundo cortazariano. Así aparece su pasión por el jazz, por Carlos Gardel, por los poetas ingleses, su admiración por Bioy, la época en la que trabajaba como traductor y el futuro escritor que observa a un chico jugando a la rayuela y que finalmente marcha a París. Elías/Julio Cortázar pasa buena parte de sus horas en un burdel. Allí conoce a varios personajes, entre ellas a las prostitutas que le piden la traducción de las cartas de sus novios extranjeros. Con una de ellas tendrá un romance, la Anabel del cuento original. También habrá un romance con una mujer burguesa y un asesinato que lo salpicará hasta que decida dejar la Argentina, justo al momento de la muerte de Eva Perón. Puede ser que la película esté muy al borde del estereotipo porteño (puerto, prostitutas, salones, tango en demasía, Eva Perón), pero seguramente la directora checa siente que ella tiene algo en común con el Cortázar de aquellos años, y es la sensibilidad del recién llegado. En el tema de las adaptaciones, lo mínimo que se le puede pedir a un cineasta es que se apropie de la obra original, que la incorpore a su universo. Y para reforzar esta idea, el joven Julio es tratado por muchos lugareños como "un extranjero". Y en gran parte lo era. Ver ficha.

Trailer.


 Fuentes:telam.com.ar, youtube.com

22/8/14

Cuando el cine quiso adelantar a la investigación científica

El realizador francés propone existencialismo teñido de sangre, también de apresurada enajenación cinematográfica.Scarlett Johansson es una ingenua estudiante americana residente en Taipei que se convierte sin quererlo en mula para trasportar una misteriosa droga azul

Lucy, Scarlett Johansson, en un momento de la película de Luc Besson .WAYTOBLUE./elmundo.es
Sin capa, ni mallas, ni traje ajustado que corta la respiración, ni siquiera con un nombre propio de superheroína. Lucy (Scarlett Johansson), una ingenua estudiante americana residente en Taipei, se convierte sin quererlo en 'mula' para trasportar una misteriosa droga azul en su vientre tras una cirugía express. Al esparcirse accidentalmente la droga por su cuerpo los efectos no tardarán en llegar y no tendrán nada que ver con los que provocaba los cristales cocinados en el laboratorio de Walter White en 'Breaking Bad', serán muy superiores. La joven se convertirá poco a poco en la mujer más poderosa del mundo.
Lucy es una superheroína por casualidad, más bien por obligación. Y quizás sea en la forma de introducir algo extraordinario en el momento más inesperado de la cotidianidad de una joven cualquiera, donde resida gran parte del encanto de la nueva cinta de Luc Besson.
La protagonista pasa de utilizar un 10% de su mente, la cantidad que se supone que empleamos el común de los humanos según la película, a incrementar su capacidad cerebral hasta llegar, finalmente, al 100%. El éxtasis mental que algunos como el profesor Norman (Morgan Freeman) estudian sobre el papel pero que nadie imaginaría nunca que ocurriese, acaba convirtiéndose en realidad.
El realizador francés propone existencialismo teñido de sangre, también de apresurada enajenación cinematográfica, y le sale bastante más que decente. Besson sabe mucho de 'superwomans', véase en su haber cinematográfico y mental creaciones como Nikita o Leelo ('El quinto elemento'), algo que se percibe en 'Lucy', que conglomera el mejor saber hacer del director a la hora de construir personajes femeninos.

Lucy en un momento del inicio de la cinta de Luc Besson
Lucy en un momento del inicio de la cinta de Luc Besson
El viaje mental y físico que la protagonista realiza en la cinta está repleto de inesperadas preguntas existenciales que se formulan indirectamente y que quedan en el aire aún 90 minutos después. Desde la tensa habitación de hotel en la que los mafiosos clavan sus miradas en la joven asustada hasta que adquiere la capacidad de dominar los cuerpos ajenos con un simple movimiento, Lucy experimenta una metamorfosis parecida a la civilización actual. Un guiño que Bessom introduce a modo de acertados fotogramas que reflejan la mutación, esta vez de la propia humanidad, desde el primer antepasado (también de nombre Lucy) hasta la sociedad hiperindustrializada y el mundo globalizado actual protagonizado por las nuevas tecnologías.
Mentalmente Lucy recorre en un túnel del tiempo toda la historia de la civilización en un solo segundo, hasta que se encuentra con 'la otra Lucy'. 'Esta es la vida que se os ha sido entregada, ya sabéis que hacer con ella', expone en los últimos minutos de la cinta. Entonces, los cerebros de los espectadores en las butacas, todavía mareados por el rápido trayecto y con 'Sister Rust' de fondo (el tema principal de Damon Albarn para la película), reflexionan utilizando ese 10% del cerebro. Y Besson consigue entonces su objetivo, conmocionar, remover aunque, eso sí, sin llegar a todavía a un destino claro.

16/8/14

El último adiós a los viejos cinemas del centro de Bogotá

El antiguo Centro Cinematográfico será demolido para levantar oficinas de la constructora Colpatria

 En estado de abandono (grafittis, carteles, malos olores) permanece el predio que adquirió la constructora Colpatria. /Abel Cardenas./eltiempo.com

En Bogotá, como si se asistiera a la presentación de una mala película futurista, si uno se distrae mucho tiempo o cae en un sueño ligero puede perder el enfoque, tropezarse con un paisaje diferente: un rascacielos donde antes estaba una librería, una tienda de ropa donde uno solía arreglar los zapatos viejos. Para ese momento, el hechizo del pasado ya se ha roto y hay que encarar la nueva imagen del progreso.

En los próximos días, una función semejante tendrá lugar en la carrera 7.ª con calle 24: el antiguo teatro Centro Cinematográfico, la primera sala multiplex de Bogotá, inaugurada en 1975, será demolida para darle paso a una torre de 17 pisos de oficinas, construida por Colpatria. Desaparecer: tal es el futuro, también, de lo que en algún momento fue innovador.

Los cinemas 1, 2, 3, 4 (así solían llamarlos) fueron el primer síntoma de una cultura cinematográfica insostenible por sí sola, en crisis, que debía cederle espacio al comercio, o juntarse con él, para poder sobrevivir al advenimiento de los nuevos avances, como las antenas parabólicas y la televisión por cable.

En ese entonces, la buena o mala fortuna de una película no dependía tanto de la crítica como de un factor a veces aleatorio. Los espectadores llegaban, calculaban con una vista rápida cuál era la fila más larga y se sumaban a ella sin mayores preguntas, bajo aquella lógica común de que lo más lleno es lo mejor. La espera era ambientada por artistas urbanos y malabaristas.

El diseño y la construcción del Centro Cinematografico fue de la firma L. y L.H. Forero, Rodrigo Arboleda H. y Fajardo Vélez y CÍA., ganadora del premio nacional de arquitectura en 1981. Este teatro, que contaba con las primeras escaleras eléctricas instaladas en un cinema y con locales comerciales que se sumaban a la oferta, se convierte en el centro de la actividad cultural de la carrera 7.ª. Unos años después, el teatro Calle Real, ubicado en el cruce de la carrera 7.ª con calle 24, se anexó al complejo.

Los sobrevivientes


Esos espacios que, como dicen algunos –exagerando un poco–, democratizaron la cultura se han convertido con el tiempo en templos cristianos, depósitos, casinos, bancos y canchas de fútbol.

En ese gran cementerio de proyectores y telones y sillas de cuero rojo sobreviven, con otro concepto en muchos casos, el teatro Embajador, la Cinemateca Distrital y Pussy Cat, entre otros.

Con la misma suerte corrieron los múltiples teatros de Chapinero.

Llega la modernidad

El Proyecto 7-24 es una torre de oficinas ubicada en un sector estratégico del centro, unos cien metros al sur de la torre Colpatria, punto de paso obligado en el nuevo recorrido peatonal de la carrera 7.ª.

El edificio cuenta con vista privilegiada sobre los cerros orientales, el cerro de Guadalupe, Monserrate y gran parte de la ciudad.

En un lote de 1595.20 m², el edificio se desarrolla en diecisiete pisos, de los cuales los primeros cuatro hacen parte de una plataforma continua que define el basamento del edificio, y los trece pisos superiores conforman la torre de oficinas.
Dicha plataforma ofrece diferentes servicios y usos. En el primer piso están ubicados locales comerciales.

El último piso tiene dos oficinas más pequeñas y una gran terraza común de uso privado.

Por otro lado, el diseño se enfoca en la sostenibilidad y el manejo eficiente de los recursos naturales, utilizando sistemas de ventilación naturales para reducir la necesidad de aire acondicionado dentro de de las oficinas, sistemas de tratamiento de aguas lluvias que permiten reutilizarla, reciclaje de basuras y terrazas verdes (en los pisos 5 y 17) que mejoren la calidad del ambiente en una zona de la ciudad tan ausente de vegetación.

Para los estacionamientos, se implementará un sistema de plataformas, tanto para la distribución de los vehículos a los pisos de parqueaderos como para el estacionamiento de los estos. Este sistema se entiende como un parqueo en servidumbre, que con unas plataformas mecánicas ubican los carros uno encima del otro.

13/8/14

Muere Lauren Bacall, diosa de Hollywood

La actriz del Bronx, una de las grandes damas del celuloide, fallece en su domicilio de Nueva York a los 89 años

Lauren Bacall, una viva leyenda que se fue./elmundo,elpais.com
Lauren Bacall, una de las últimas damas de la edad dorada de Hollywood y la única que se ganó el corazón de Bogart, ha fallecido a los 89 años en su domicilio neoyorquino de un posible derrame cerebral a consecuencia de una embolia. Fue el portal de Internet TMZ quien adelantaba el miércoles por la mañana el fallecimiento de la inmortal Flaca de Tener y no tener (Howard Hawks, 1944) que la unió a Humprey Bogart para toda la eternidad del celuloide.
La noticia de la muerte de una de las últimas damas de la edad dorada de Hollywood llegó confirmada por su familia a través de las redes sociales. “Con gran pesar pero con una enorme gratitud por una vida maravillosa, confirmamos la muerte de Lauren Bacall", indicó en un mensaje a cuenta oficial de la entidad que gestiona el legado del actor, con el que se casó en 1945. Apenas 24 horas antes el cadáver de Robin Williams era encontrado en su domicilio de San Francisco por uno de sus asistentes tras haberse colgado con su cinturón. En un día Hollywood ha perdido a uno de los mejores actores cómicos de los últimos años y a uno de los mitos clásicos del cine de todos los tiempos.
Neoyorquina, modelo y actriz, Bacall debutó en Hollywood a los 19 años junto al que sería su esposo en la mencionada cinta de Hawks. Nacida Betty Joan Perske, “una joven judía del Bronx” como se la conoció en la industria coloquialmente mientras desarrollaba sus primeros papeles, enseguida se ganó el corazón de todos gracias a esa frase de dicha película que la inmortalizaría, diciendo eso de “¿Sabes silbar, verdad? Solo pones los labios juntos y soplas”, con esa voz aguardentosa que la caracterizaba, tras mirar a Humprey Bogart para pedirle fuego.
Otros de sus trabajos más conocidos fueron Cayo Largo, El sueño eterno (también de Hawks), Callejón sangriento, Escrito sobre el viento, o, más recientemente El amor tiene dos caras, dirigida por la también actriz Barbra Streisand y por la que obtuvo su única candidatura al Oscar. En la segunda de ellas, quizá la mejor adaptación a la pantalla jamás realizada de una novela de Raymond Chandler, también era Bogart, como el detective Philip Marlowe, su compañero de reparto. También su rol como Vivian Rutledge en ese filme contribuyó a afianzar la imagen de mujer fuerte que le acompañó durante toda su carrera, que jalonan más de 30 películas.
Bacall estuvo casada con Bogart hasta la muerte del intérprete en 1957. Juntos dejaron, además de sus filmes, una de las más conocidas imágenes de protesta de actores contra la caza de brujas del Comité de Actividades Antinorteamericanas del senador Joseph McCarthy.
Posteriormente contrajo matrimonio con el también actor Jason Robards de quien se divorció en 1969. Contaba con tres hijos. La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood le concedió un Oscar de honor en 2009 como una de las más legendarias y recordadas intérpretes del Hollywood de oro.
Su estilo marcó a toda una generación desde su primer trabajo en la pantalla
A pesar de mantener siempre una actitud muy reservada en la meca del cine, su estilo marcó a toda una generación desde su primer trabajo en la pantalla. Delgada, amplios labios y con una mirada embriagadora, su imagen permaneció enseguida en el recuerdo creando escuela entre otras actrices. Su romance y posterior matrimonio con el tipo más duro de la pantalla, Humphrey Bogart, fue considerado como una de las historias más románticas de una industria acostumbrada a los amores pasajeros. Un amor trágico que le partió el corazón cuando el cáncer le quitó a su primer marido. Le tomó casi 20 años salir de la sombra de Bogart, algo que hizo gracias a su trabajo teatral primero con la comedia Cactus Flower y luego con musicales como Woman of the Year y Applause, por el que ganó dos premios Tony.
Uno de sus últimos trabajos cinematográficos, la película Birth, causó polémica tras las declaraciones de Bacall contra su compañera de reparto, Nicole Kidman. Realmente no era un ataque contra Kidman sino contra la alegría con la que la prensa acostumbra a llamar leyendas a cualquiera de las estrellas de Hollywood. “¿Qué es una leyenda?”, le espetó a la periodista durante la entrevista. “(Nicole) no puede ser una leyenda. Para ser una leyenda tiene que ser más edad”, dijo la actriz que, a sus 89 años se ganó más que merecida 

12/8/14

Adiós a Robin Williams

La policía apunta al suicidio como causa del fallecimiento

 
Robin Williams, en Sidney el pasado diciembre. / Tracey  Nearmy/elpais.com

Ni la ilusión por volver a interpretar uno de sus papeles más recordados, el de la señora Doubtfire, cuyo proyecto ya estaba en marcha, pudo mitigar la depresión que desde hace años arrastraba el actor Robin Williams (Chicago, 1951), un intérprete que forjó su carrera entre la comedia, para la que estaba superdotado con una portentosa gestualidad, y el poso de amargura que dejó en filmes como El club de los poetas muertos, El indomable Will Hunting, por la que ganó el Oscar —el único que obtuvo en su carrera— al mejor actor secundario en 1998, o Retratos de una obsesión.

El cuerpo sin vida del actor, de 63 años, fue encontrado en su casa de Tiburón, una península en la bahía de San Francisco, frente a la ciudad. Los servicios de emergencias recibieron una llamada a las 11.55 de este lunes, hora local, (20.55 en la España peninsular) y entraron en su domicilio, donde certificaron su muerte apenas cinco minutos después.


La noticia saltó de inmediato a todos los medios de comunicación y las redes sociales y la desolación se hizo presente en las calles de San Francisco, pues se le consideraba uno de los símbolos de la ciudad, donde vivía desde 1967.

Su representante, Mara Buxbaum, fue la persona encargada de hacer pública la noticia. “Hace tiempo que luchaba contra la depresión. Esta es una muerte trágica y repentina. La familia pide respeto a su dolor y privacidad en estos momentos tan duros”, agregó.

El parte oficial que hizo público la Oficina del Sheriff del condado de Marín apunta al suicidio por asfixia como probable causa de su fallecimiento. Fuentes policiales insistieron en que se van a realizar pruebas para determinar si se encontraba bajo el efecto de las drogas en el momento de morir.

La última vez que se le vio con vida fue el pasado domingo a las diez de la noche junto a su esposa, Susan Schneider, quien también hizo público un comunicado: “Esta mañana perdí a mi marido, a mi mejor amigo. El mundo ha perdido a uno de sus mejores artistas y a una bellísima persona. En nombre de la familia de Robin, os pido respeto. Cuando se le recuerde, que no sea por su muerte, sino por los muchos momentos de gozo y sonrisas que nos regaló”.



Improvisado altar por Robin Williams en la casa donde se grabó 'Señora Doubtfire', en San Francisco. / r. j. c.

Entre estos momentos, se recuerdan especialmente las muecas de la famosa niñera en que se convirtió para cuidar de sus hijos en Señora Doubtfire, pero también al profesor de literatura soñador de El club de los poetas muertos.

A lo largo de su carrera logró cinco Globos de Oro. Entre los papeles más renombrados figura también el protagonista de Jumanji o el niño que no quería crecer, un personalísimo Peter Pan en Hook. En el mundo de los dibujos animados puso su voz al genio de Aladino, Batty Coda en Ferngull o los simpáticos pingüinos de Happy Feet.

Polifacético, Williams destacó por algunas de sus aficiones: el ciclismo y los videojuegos. Su amistad con Lance Armstrong le convirtió en uno de sus habituales en la línea de meta del Tour en París. Su gusto por el ocio electrónico, al que consideraba una de las formas narrativas más innovadoras, le llevó a poner de nombre a una de sus hijas Zelda, como la aventura gráfica de Nintendo. Tenía también un hijo, Cody, ambos de su primera esposa, Marsha Garces, de la que se divorció en 2008. Entonces comenzó su recaída en el alcohol y las drogas, de los que llevaba más de 20 años apartado. Él mismo confesó su fuerte adicción a la cocaína a finales de los años setenta y ochenta. En 2009, tuvo que ser intervenido del corazón.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama ha lamentado su muerte en un comunicado: "Robin Wiliams fue un piloto, un genio, un presidente, profesor, un maravilloso Peter Pan y todo lo que se pueda imaginar. No había otro como él. Llegó a nuestras vidas como un extraño y terminó tocando los pilares del espíritu humanos. Nos hizo reír. Nos hizo llorar. No dejó de dar muestras de su talento y humanidad, especialmente a los que más los necesitaban, nuestras tropas, los desfavorecidos y marginados que viven en las calles. Toda la familia Obama enviamos nuestra condolencias a la familia de Robin, amigos y todos aquellos que encontraron una voz y la inspiración gracias a Robin Williams".

Edwin M. Lee, alcalde de San Francisco, ha emitido una nota de condolencia oficial: "La ciudad lamenta la pérdida de alguien que ha impactado e inspirando profundamente a sus habitantes. Sus vínculos con San Francisco eran muy profundos, en los clubs de comedia, en donde de cuando en cuando improvisaba". E insiste en que fue uno de sus mejores embajadores. "A pesar de su éxito, nunca olvidó San Francisco. Como filántropo hizo generosas aportaciones. Tenemos el corazón roto por alguien que cambió el mundo con sus risas y alegrías. Nuestros pensamientos y rezos están con su familia y amigos en estos momentos de duelo".



Participación del actor en un episodio de Plaza Sésamo.

La profesión usó las redes sociales como medio de despedida y muestra de condolencias. El cómico Steve Martin fue uno de los primeros en Twitter: “No puedo estar más tocado por la pérdida de Robin Williams, un caballero, gran talento, excelente compañero y alma auténtica”. También Ellen DeGeneres dejó escrito: “No puedo dar crédito a la noticia de Robin Williams. Dio tanto a tanta gente, tengo el corazón roto”. Los personajes de Barrio Sésamo dieron su último adiós a través de Facebook: "Lamentamos la pérdida de un amigo que nos hizo reír y sonreír". Su compañero Kevin Spacey optó por este mismo formato: "Hizo reír y pensar al mundo. Se le recordará y honrará por ello. Un gran hombre, un artista, un amigo. Se le echará de menos sin medida".

Su última imagen en Instagram, subida hace dos semanas, en la que figura junto a su hija Zelda, se convirtió en el altar improvisado para sus fans. En el hilo de comentarios se agolpaban los mensajes lamentando su pérdida y algunos de sus mejores gags.

Desde 2013 rodaba una serie junto a Sarah Michelle Gellar, The Crazy Ones, basado en las comedias de situación de los ochenta. Se canceló en mayo por falta de audiencia.

11/8/14

Medio siglo en rosa

 Se cumplen 50 años del estreno en EE UU del filme de Edwards con Peter Sellers como Clouseau


Un dibujo de la Pantera Rosa, legendario personaje de la animación./elpais.com




La Pantera Rosa pudo haber sido una comedia sin mucha gracia de Blake Edwards, con David Niven como ladrón de guante blanco y, de secundarios, Peter Ustinov como un atolondrado inspector de policía y Ava Gardner encarnando a la mujer del investigador. Tuvo cierto éxito, y David Niven la usó, visto que la taquilla respaldaba su carrera, para resucitar el personaje del hombre delgado, un clásico de la literatura y el cine detectivesco.
Podía haber sido así, y hubiera resultado otra película más de los años sesenta. Pero la historia del cine, más que el resto de las bellas artes, está sujeta a múltiples detalles que varían radicalmente el resultado, y La Pantera Rosa, por mor de esos cambios, devino en obra cumbre de la comedia, en el inicio de una fructífera serie de colaboraciones entre Blake Edwards y Peter Sellers, quien sustituyó a Ustinov a última hora, dos tipos que llegaron a odiarse de forma profunda, aunque supieran que se necesitaban mutuamente para hacer reír con clase, talento e inteligencia al público.


 
Este año se celebra en Estados Unidos el 50º aniversario del estreno —en marzo de 1964, aunque a parte de Europa, incluida España, llegó meses antes, en 1963— de la primera película, la génesis de una saga que ha fructificado en cine y en varias series de dibujos animados. Que ha logrado un Oscar al mejor corto de animación, que convirtió en millonarios a Edwards y a Sellers, que incluso llegó a lograr el milagro de estrenar uno de sus episodios Tras la pista de la Pantera Rosa con su actor principal muerto. La Pantera Rosa es también la plasmación de dos talentos —uno delante de la cámara, otro tras ella— gigantescos, y no muy apreciados por las personas que les rodeaban, especialmente Sellers, un enorme actor que no sabía qué hacer cuando no filmaba y que convertía los rodajes en un infierno. Compañeros de profesión le calificaban como Hitler, y Billy Wilder, quien ya sabía qué era lidiar en una filmación con un desastre andante como Marilyn Monroe, también le dedicó unas bonitas palabras: “Sólo hubo una Marilyn y, maldición, sólo ha habido un Peter Sellers”. Tampoco Edwards se quedaba atrás, y su mote, Blackie (“negrito”), no hacía tanto referencia a su nombre como a su estado habitual de ánimo.
Al guionista Maurice Richlin le cabe el honor de ser el padre de la idea. Richlin y Edwards habían trabajado juntos en Operación Pacífico y fue él quien le propuso al director desarrollar un guion sobre “un inspector francés de policía, un tipo obsesionado con atrapar a un famoso ladrón de joyas [que ha robado el diamante que bautiza el filme]… y un tipo que no sabe que su propia esposa se está acostando con el criminal”. En A splurch in the kisser, la biografía del cineasta escrita por Sam Wasson, el productor Walter Mirisch recuerda: “En nuestra productora [Mirisch Company], nuestra filosofía era crear una familia. Y sentíamos que Blake Edwards seguía la senda espiritual de Wilder”. Así que cuando fue con esa sinopsis el director de Vacaciones sin novia, Desayuno con diamantes, Días de vino y rosas y Chantaje contra una mujer, la empresa, conocida por dar autonomía creativa a sus directores, puso en marcha la película. Al fin y al cabo, con David Niven, Ava Gardner y Peter Ustinov en el reparto, parecía que la apuesta iba sobre seguro.

Entre éxitos y desastres

Sam Wasson desarrolla en su libro sobre Blake Edwards esta teoría: “‘La Pantera Rosa’ presentó a Clouseau. ‘El nuevo caso del inspector Clouseau’ le perfeccionó. ‘El regreso de la Pantera Rosa’ reconoció el legado del filme y ‘La Pantera Rosa’ ataca de nuevo’ lo parodió. ‘La venganza de la Pantera Rosa’, la más oscura de la saga, ofreció un nuevo y vulnerable Clouseau como nunca lo habíamos visto”. Para Edwards y Sellers el cuarto rodaje fue terrible, comunicándose incluso con notas escritas, según cuenta Herbert Lom, otro de los habituales de la saga, por su personaje de Dreyfuss. Sin embargo la taquilla superó los 100 millones de dólares, y con Sellers y su salud ya muy renqueantes, Edwards accedió a una quinta película más, “sintiéndome como un hombre condenado a una enfermedad de un año”. Pasaron diez años entre ‘El nuevo caso del inspector Clouseau’ —en puridad no pertenece a la saga rosa— y ‘El regreso de la Pantera Rosa’, y la fama de aquellas aventuras no habían dejado de crecer gracias a las dos series de dibujos animados, al Oscar al corto de animación, a la banda sonora de Henry Mancini e incluso a un desastre, ‘El rey del peligro’, la película que en 1968 tuvo como Clouseau a Alan Arkin. Solo un punto a favor: el dibujo animado del inspector y la gorra acompañando a la gabardina trenka del policía nacen de este título.
Los dibujos han vuelto en sucesivas entregas –desgraciadamente, en las últimas la Pantera Rosa habla-, se han hecho con el animal videojuegos y cómics (tiene hasta Estrella de la Fama en Hollywood con sus huellas estampadas), Edwards llegó a inventarse un descendiente secreto de Clouseau para ‘El hijo de la Pantera Rosa’ en 1993 con Roberto Benigni en ese aciago papel (que encima fue la última película de Edwards), y en este siglo XXI Steve Martin ha reiniciado la saga con dos filmes nuevos, mancillando el legado. Todo el universo rosa: Cato (Burt Kwouk), el criado de Clouseau; Dreyfuss (Herbert Lom), el jefe que quiere matarle; las mujeres que le rehúyen; la trenka; el subordinado tontorrón; el ladrón de guante blanco David Niven; las apariciones habituales de intérpretes como Claudia Cardinale y Graham Stark; la música de Henry Mancini o las secuencias iniciales de animación... Todo eso no tiene sentido si faltan Sellers o Edwards. O los dos o ninguno.
Sin embargo, el castillo de naipes empezó a derrumbarse: Ava Gardner llegó al rodaje a Roma con carísimas peticiones, entre ellas llevarse la filmación a Madrid, donde ya vivía. Los productores decidieron despedirla y Audrey Hepburn le recomendó a Edwards que contratara a una amiga suya, la modelo y actriz Capucine. Pero, entre medias, la esposa de Ustinov le recomendó a su marido que abandonase el proyecto: con una desconocida en el tercer lugar del reparto, aquello parecía irse a pique. Así que un viernes de noviembre de 1962, a falta de tres días para iniciarse el rodaje, el lunes 12, faltaba otra pieza clave. El agente Freddie Fields recomendó a uno de sus representados, Peter Sellers, quien disponía de cuatro semanas libres antes de comenzar ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú, según cuenta la biografía del actor escrita por Ed Sikov. El actor estaba aburrido, redecorando su piso tras su primer divorcio, y voló a la capital italiana por un contrato de 90.000 libras. Sin tiempo para reescribir el guion, y sin conocer a uno de sus protagonistas, Edwards, nervioso, le esperó en el aeropuerto. “De allí a la ciudad, Peter y yo descubrimos que éramos almas gemelas en lo referido a la comedia muda. Amábamos al Gordo y al Flaco, a Buster Keaton, a cómicos de ese estilo”. Así nació el inspector Jacques Clouseau —que tomaba el apellido del cineasta Henri-Georges Clouzot—, y La Pantera Rosa nunca fue más una película sobre un ladrón de guante blanco, sino una comedia sobre un policía patán que no entiende de rendiciones ni fracasos, que no se da cuenta del mundo que le rodea. De humillación en humillación hasta el éxito y el absurdo final. “El slapstick [comedia de golpe y porrazo] está en su interior”, como asegura Edwards.
Lo que hace grande a La Pantera Rosa no es tanto su guion como la plena consciencia de ambos autores de lo que estaban haciendo. Por un lado, Sellers convierte en icono un tipo que desestabiliza todo lo que toca de la misma forma que se siente desestabilizado por la sociedad. Por otro, Edwards crea una comedia de altos vuelos, repleta de belleza, de lugares paradisiacos, de bellos personajes de clase alta, rostros atractivos y elegancia innata, encuadres que podrían recordar a Atrapa a un ladrón, de Hitchcock, que hacen pensar en los paisajes de James Bond. La música de Henry Mancini incide en esta atmósfera. Es la epítome de lo cool. Todo es un sueño exquisito… y allí aparece Clouseau para hacerlo saltar por los aires. Su trenca gris rompe la fantasía de color; sus tropezones y dislates desencadenan cataratas de problemas. El bigote remarca lo ridículo de su aspecto, un mostacho que el actor se deja inspirado en un retrato del capitán Matthew Webb, el primer hombre que, en 1875, cruzó a nado el Canal de la Mancha… si la leyenda es cierta. Incluso recuerda a otro mítico personaje del slapstick: el señor Hulot de Jacques Tati.


 
Si a Niven Edwards lo retrata con primeros planos perfectos, a Sellers lo deja vagar por el encuadre en planos alejados que permiten filmar todo su huracán de movimientos. El director aseguró en su libro Sophisticated naturalism que “la idea de que slapstick y sofisticación son incongruentes no es cierta. Creo que hay montón de cosas maravillosas que ocurren cuando mezclas ambos”. Y, por si hubiera dudas, hay otra obra maestra que refuerza esta teoría: El guateque. Para el arranque de La Pantera Rosa, Edwards siente que necesita unos títulos de crédito que avisen al público de la elegancia de su comedia. Así que encarga a dos titanes de la animación como David H. DePatie y Friz Freleng que den vida al diamante Pantera Rosa —bautizado así porque un reflejo en su interior recuerda a ese animal en ese color—. La pareja le entrega un centenar de bocetos y entre los tres escogen al ganador. Tienen tanto éxito que se convierte en marca de la saga y el piloto creado para la serie homónima de televisión ganará el Oscar al mejor corto de animación en 1965.

Blake Edwards (izquierda) y Peter Sellers, en el rodaje de El regreso de la Pantera Rosa. / United Artists
La Pantera Rosa es también el inicio de una de las grandes relaciones tormentosas de la historia del cine. Al acabar el rodaje, que había ido como la seda, Sellers envió una carta a los productores asegurando que habían filmado un desastre. “Así fue cómo sufrí la primera de las acciones absolutamente impredecibles y locas habituales de Peter”, contaba el director tiempo después. “Pero pensé: ‘¿Para qué discutir si no voy a volver a verle?”
Repitieron bastantes veces más: al año siguiente con El nuevo caso del inspector Clouseau —esta vez sin joya de por medio—, con El guateque en 1968, y con otras tres panteras rosas en 1975, 1976 y 1978. El dinero que recibieron, justo cuando ambos andaban pelados, por la trilogía les convirtió en millonarios… aunque habían jurado que nunca trabajarían de nuevo juntos y llegaran a comunicarse en los rodajes por personas interpuestas.
Sellers aún desarrollaba otro guion sobre la saga, El romance de la Pantera Rosa, cuando falleció en 1980 tras sufrir un infarto de miocardio. Edwards, quien no estaba en ese proyecto, realizó Tras la pista de la Pantera Rosa en 1982 con tomas falsas y descartes de Sellers de las películas precedentes; La maldición de la Pantera Rosa en 1983 con un Clouseau interpretado por varios actores —el policía se somete a varias cirugías faciales—, y El hijo de la Pantera Rosa en 1993, con Roberto Begnini como vástago del investigador. Ninguna de ellas alcanzó la categoría, la clase y el humor de la primera.

PETER SELLERS EN LETRAS

No hay palabras amables para Blake Edwards por parte de Peter Sellers en ninguna de las biografías dedicadas al cómico, un hombre que debutó en el escenario a las dos semanas de nacer, hijo como era de familia de ‘music hall’ de bajos vuelos. De todos los libros publicados, el más cercano a él es ‘The mask behind the mask’, de Peter Evans, porque el periodista británico fue el único que le entrevistó —la primera versión es de 1969, la última de pocas semanas después de la muerte de Sellers—. También pudo hablar con sus exesposas y amigas —una le confiesa que con ‘La venganza de la Pantera Rosa’ el actor llegó a cobrar más de ocho millones de dólares y hablamos de 1978 y que el actor meses antes de morir ya estaba preparado para ello, “había perdido el gusto por la vida, solo echaba en falta que le nombraran caballero”—. Y es curioso, porque no solo la saga le llenó la cuenta corriente sino que, por ejemplo, en su primera cita con Britt Ekland, que se convertiría en su segunda esposa, se fueron a ver ‘La Pantera Rosa’, que acababa de estrenarse en Londres.
Según cuenta Roger Lewis en otra de las biografías, Sellers murió con el guion de ‘El romance de la Pantera Rosa’ acabado (solo por la escritura recibiría ya un millón de dólares) y se desarrollaba en un mundo de lujo cercano al de ‘Casino Royale’ con una archienemiga femenina. Por cierto, a Lewis la primera mujer de Sellers, Anne Levy, le confiesa: “Nunca supo relajarse, ni irse de vacaciones, ni ser él mismo. Solo era feliz interpretando un papel. Por eso se me hace tan duro ver ‘Bienvenido, Mr. Chance’, porque está muy cerca de la verdad”. Aunque más amarga es otra aproximación escrita, la de su hijo, Michael Sellers, ‘P. S. I love you’, y eso que fue de sus tres vástagos al que mejor trató. Al morir, estaba a punto de divorciarse de su cuarta esposa, Lynne Frederick, que por testamento se quedó con toda la riqueza. Seis meses después de morir Peter, Lynne se volvió a casar, esta vez con la estrella televisiva David Frost, se divorció y se casó de nuevo, ahora con un cardiólogo (con quien tuvo una hija). En 1994 falleció a los 39 años hundida por el alcohol y la cocaína. La herencia pasó a su madre, Iris Frederick, actualmente responsable y poseedora de todo lo relacionado con Peter Sellers. Cuando ella muera, la fortuna irá a Cassie, la hija de Lynne y el cardiólogo.
Puede que en el fondo Sellers fuera una vaina vacía pero capaz de mutar en cualquier otra cosa, porque como dijo David Niven en su responso, celebrado el 8 de septiembre de 1980, cuando el cómico hubiera cumplido 55 años: “¿Cuántos de nosotros realmente te conocimos? Después de 25 años de amistad, yo aún tuve que preguntármelo”. O puede que viviera la vida de otros. O de otro. Ed Sikov, otro de sus biógrafos, desvela que un año antes de que naciera el actor, sus padres tuvieron otro hijo, un bebé famélico al que llamaron Peter, que falleció rápidamente. Enterrado, nunca se volvió a hablar de él en la familia.

9/8/14

Espartaco contra las listas negras

Kirk Douglas rememora en un libro que saldrá en septiembre en España el rodaje de la película de Stanley Kubrick

Kirk Douglas, derecha, rueda a las órdenes de Stanley Kubrick la secuencia de la pelea de Espartaco  con Draba (Woody Strode, de pie). / Universal Studios lincensing lcc/elpais.com


En el prólogo de ¡Yo soy Espartaco! el actor George Clooney escribe algo que siempre es bueno recordar: la verdadera naturaleza de un hombre —su grandeza o, por el contrario, su miseria— se manifiesta no por los principios que dice tener sino por los que finalmente tiene cuando lo que está en juego son sus propias habichuelas, su medio de vida y el de su familia. “En esos momentos es cuando se comprende la pasta de la que uno está hecho”. Clooney lo escribe para recordar uno de los episodios más valientes de la historia de Hollywood. El día que marca el fin de las listas negras que provocó la caza de brujas del Comité de Actividades Antiamericanas. Ese día fue el 19 de octubre de 1960, fecha del estreno de Espartaco, de Stanley Kubrick, cuando gracias al empeño de su productor y protagonista, Kirk Douglas, se puso en los créditos de la superproducción el nombre de su verdadero guionista, Dalton Trumbo, oculto hasta entonces en seudónimos que perpetuaban la hipocresía en la que estaba instalada la industria del cine desde que el inquisitorial miedo del macartismo se instaló en su plácida vida.

¡Yo soy Espartaco! Rodar una película, acabar con las listas negras es la memoria que el nonagenario Kirk Douglas (Ámsterdam, Estado de Nueva York, 1916) publicó en 2012. Elegido mejor libro de cine editado en 2013 en Francia, llega en septiembre a las librerías en español de la mano de Capitán Swing (con traducción de Ricardo García Pérez) para detallar todo lo que ocurrió durante los 14 enloquecidos meses que duró el rodaje de la película. Espartaco costó 12 millones de dólares, más del doble de lo previsto, su fracaso implicaba llevarse por delante la productora de Douglas, Bryna (nombre dedicado a su madre rusa) y su propia carrera de actor. Más de cincuenta años después de aquella aventura, este patriarca del viejo Hollywood dedica a sus nietos un relato conmovedor, para que nunca olviden que en el mismo lugar donde hoy disfrutan de una vida privilegiada se instauró el terror de un sistema enfermo. Arropado por un equipo de documentalistas, echando mano de sus archivos y recuerdos, Douglas da marcha atrás para rememorar aquel vergonzoso capítulo histórico.



Dalton Trumbo en 1947 ante el Comité de Actividades Antiamericanas. / Universal Studios lincensing lcc

“Lo que me propongo contarles en este libro es cómo fue la producción de la película Espartaco durante otro periodo de enfrentamiento interno en la historia de nuestra nación”, escribe. “La década de 1950 fueron años de miedo y paranoia. En aquel entonces, el enemigo eran los comunistas. Ahora, el enemigo son los terroristas. Los nombres cambian, pero el miedo permanece. Los políticos exacerban aún más el miedo y los medios de comunicación lo explotan. Se benefician de mantenernos atemorizados. El primer presidente estadounidense por quien voté fue Franklin Roosevelt. Él dijo: ‘De lo único que debemos tener miedo es del propio miedo”.

Douglas nunca fue un activista político. Pero no pudo mantenerse indiferente. Él lo achaca a la temeridad juvenil, a cierta ira innata que le recuerda demasiado a la peor cara de su alcohólico padre y a un sentido de la justicia donde la profesionalidad y el trabajo están por encima de otras cuestiones. “Hoy en día todavía hay quien sigue tratando de justificar las listas negras. Dicen que eran necesarias para proteger a Estados Unidos. Dicen que las únicas personas que resultaron perjudicadas fueron nuestros enemigos. Mienten. Hombres, mujeres y niños inocentes vieron arruinada su vida debido a esta catástrofe nacional. Lo sé. Estuve allí. Vi cómo sucedía”.


Hollywood se aprovechaba de su talento pero sin reconocerle sus derechos. No podía pisar ni un estudio, ni una fiesta, ni un rodaje

Dalton Trumbo no era amigo de Douglas, tampoco se conocían, pero le contrató simplemente porque pensó que era el mejor guionista de Hollywood. Trumbo había ganado con el seudónimo de Robert Rich el Oscar a la mejor historia por Vacaciones en Roma (1953). Y, tres años después, al mejor guion por El Bravo. Obviamente, ni pudo recoger las estatuillas ni su nombre se oyó en ninguna gala. La doblez moral era absoluta. Después de pasar por la cárcel y exiliarse en México, donde había formado parte de una colonia de guionistas represaliados, vivía modestamente con su mujer y su hija en una pequeña casa de Los Ángeles. Escribía sin parar, pero siempre parapetado en falsas identidades. Hollywood se aprovechaba de su talento pero sin reconocerle sus derechos. No podía pisar ni un estudio, ni una fiesta, ni un rodaje. En 1947 se había negado a testificar ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Acogiéndose a la Primera Enmienda, fue uno de los llamados Diez de Hollywood, que se negaron a declarar ante un tribunal que violaba los derechos de libertad de expresión y de libre asociación. Ni se confesó comunista ni delató a compañeros. En un combate verbal que exasperó al juez, Trumbo gritó: “¡Este es el comienzo en Estados Unidos de un campo de concentración para guionistas!”. Lo sacaron de la sala por la fuerza. Su firmeza, al contrario que la de otros compañeros suyos, no flaqueó. Antes moriría de hambre. “Él era una especie de pararrayos de la división del país”, escribe Douglas. “Después de haber pasado casi un año en la cárcel seguía estando en la lista negra de los estudios de cine: la instrucción de ‘no contratar a determinadas personas’ llevaba vigente más de una década”.



Kirk Douglas y su hijo Eric durante el rodaje de 'Espartaco'. / Universal Studios lincensing lcc

Douglas recuerda algunas historias terribles. Suicidios ante la impotencia de ver truncadas prometedoras carreras, la pobreza a la que se veían abocadas muchas familias, la inquina de columnistas como Hedda Hopper, que desde su tribuna de cotilleos señalaba sin piedad a los inculpados o a los que les daban trabajo. Con pena y emoción, el actor evoca a Carl Foreman, era el guionista de Solo ante peligro, pero por miedo a las represalias los productores quitaron su nombre de la película. Foreman no había pertenecido al Partido Comunista pero se negó a delatar. Huyó a Inglaterra. Se quedó sin trabajos y sin amigos, su mujer lo abandonó. “Se convirtió en un apátrida”, recuerda Douglas. En un encuentro en Londres, Foreman le insinuó que por su bien era mejor que no les vieran comer juntos. Douglas no daba crédito, muerto en vida, se había quedado totalmente solo.

Espartaco estaba basada en una obra que Howard Fast, popular autor de novela histórica, escribió cuando estuvo encarcelado por su apoyo a un grupo antifranquista español, el Joint Anti Fascist Refugee. El Comité de Actividades Antiamericanas quería saber el nombre de los simpatizantes y Fast se negó a revelarlos. Acabó en prisión. Allí gestó la novela que un tiempo después acabó en manos de Douglas. La historia del esclavo tracio que dirigió la rebelión más importante contra la República Romana era ese personaje épico que la incipiente estrella necesitaba.

El rodaje del filme se fraguó con Trumbo escribiendo insomne y a la sombra. Si los estudios averiguaban que él era el guionista, el proyecto podría acabar en la papelera o víctima de una estampida dentro del equipo. Años antes, cuando Frank Capra intuyó que detrás de Vacaciones en Roma podría estar la mano de un escritor de la lista negra, fue claro: no se arriesgaba. El clima era tóxico: Elia Kazan acababa de tirar la toalla para sumarse a la ponzoña delatando a ocho compañeros.


Douglas afirma que Espartaco no acabó con las listas negras sino con “las listas de la hipocresía”

En el relato de Douglas hay muchas escenas reales que superan la mejor ficción. Como el día en que, finalizado ya el rodaje, Dalton Trumbo entró con él y Stanley Kubrick en los comedores de Universal después de años sin poder pisar un estudio. Todas las miradas se volvieron hacia ellos, algunos incluso empezaron a señalar con el dedo. El camarero, atónito, le cedió la carta a Douglas y este se la pasó al guionista: “Empecemos por mi amigo. ¿Qué le apetece tomar, señor Trumbo?”. Tembloroso y algo cabizbajo, el escritor añadió: “Tendrás que darme unos minutos. Hace mucho que no vengo aquí”.

Hasta 2011, el nombre de Dalton Trumbo no figuró en los créditos de Vacaciones en Roma. En 1971, el escritor dirigió la película sobre su perturbador alegato antibelicista de 1939 Johnny cogió su fusil. Murió en 1976. Douglas, por su parte, afirma que Espartaco no acabó con las listas negras sino con “las listas de la hipocresía”. Trabajar con Trumbo fue una lección de vida que este honorable anciano no quiere llevarse a su gloriosa tumba. Sus palabras sobre él no pueden ser más hermosas: “Dalton era fiel a sus ideas hasta decir basta, pero jamás se ofendía cuando alguien las ponía en duda. Albergaba una extraña mezcla de seguridad en sí mismo aligerada también por una gran distancia de sí mismo. Tomarse el trabajo muy en serio sin tomarse a uno mismo muy en serio constituye un don muy inusual que en él era abundante… Me enseñó mucho sobre la valentía y la elegancia. Y espero que este libro contribuya a que se recuerde a Dalton Trumbo como el auténtico héroe estadounidense que fue”.




De ostras, caracoles y Franco



Kirk Douglas suelta varias perlas del rodaje de Espartaco.Desde los airados desplantes de Stanley Kubrick al no tener todo el control de la película (de la que siempre renegó) a la famosa censura que se ejerció sobre una escena homosexual entre Craso (Laurence Olivier) y su esclavo Antonino (Tony Curtis) y en la que Olivier intenta seducir a Curtis mientras este le frota la espalda en la bañera.

El diálogo llega a su punto álgido cuando Olivier le pregunta a Curtis si le gusta por igual “comer ostras” que “comer caracoles”, en clara alusión al sexo femenino y masculino.

—Cuestión de gustos, ¿no?

—Sí, amo.

—Y el gusto no es lo mismo que el apetito, y por tanto no se trata de una cuestión de moralidad, ¿no es así?

—Podría verse de esa manera, amo.

—Es suficiente. Mi toga, Antonino... Mi gusto incluye... tanto los caracoles como las ostras.

Los censores pusieron el grito en el cielo, solo autorizaban la escena si sustituían “ostras y caracoles” por “alcachofas y trufas”. Ante semejante disparate, la escena, hoy repuesta, quedó fuera.

La otra joya es sobre la filmación de las escenas de las batallas. Lo que hoy se hace en una oficina con ayuda de un ordenador en 1960 pasaba por contratar a un ejército disponible y barato: es decir, el Ejército español. “El generalísimo fascista Francisco Franco ordenó a su ministro de Defensa cancelar el proyecto cuando nuestro equipo ya había llegado a Madrid. Tras una serie de negociaciones frenéticas —que, según me enteré posteriormente, incluyeron un pago en efectivo realizado directamente a la organización benéfica de la esposa de Franco—, el rodaje volvía a ponerse en marcha. Contratamos 8.500 soldados españoles, a razón de ocho dólares diarios, para que representaran el papel tanto de soldados romanos como de esclavos rebeldes. La única orden terminante que dio Franco fue que no se autorizaba que ninguno de sus soldados muriera en la película. No es que le preocupara mucho su seguridad, simplemente no quería que nosotros hiciéramos que pareciera como si murieran. Orgullo español”.